En una carta abierta a la sociedad, el escritor Jorge Guebely rechaza que Santos, Uribe y en generar la clase política colombiana sigan generando miedo social a costa de los diez mil guerrilleros de las Farc.
Por Jorge Guebely*
Señores dirigentes empresariales, políticos y militares: pongámonos serios. Las guerrillas no representan ningún peligro para el estatus quo del país. A lo sumo, representan un escozor en regiones apartadas, donde no existe el Estado, aun cuando el Estado casi no existe en ninguna parte para muchos colombianos. Expresa otro fenómeno más contra las políticas de injusticias sociales; semejante a las manifestaciones de campesinos, indígenas, obreros… que no soportan tanto desequilibrio social.
Ningún peligro representan diez mil hombres mal armados, en condiciones difíciles, rechazados por la comunidad gracias a su irracionalidad política y a la eficaz publicidad de los medios de comunicación. Absurdo que este diminuto ejército venza a una fuerza de seguridad nacional compuesta por 520 mil hombres, bien armados, con un presupuesto superior a los 27 billones de pesos, apoyada militar y económicamente por el ejército norteamericano y con una injerencia de poder al estilo tercermundista. Confrontación tan desigual como la de nuestros indígenas que enfrentaban con flechas y caucheras a los ejércitos españoles.

La diferencia de una guerra que los políticos siguen avivando: Diez mil guerrilleros contra 520.000 soldados.
No es bueno socialmente avivar monstruos de papel para aterrorizar a desprevenidos ciudadanos. Absurdo denigrar de las bacterias y utilizarlas para perpetuar el equilibrio del sistema biológico. Los astutos dirigentes han convertido las guerrillas en un comodín electoral. Gracias a ellas, el presidente Santo fue elegido y re-elegido, y el senador Uribe gobernó brutalmente en dos periodos, y Pastrana, en uno. La marrullera costumbre de inventar monstruos para ganar elecciones. Resulta más fácil promover terrorismo electoral que hacer política de Estado y resolver problemas reales.
Y me pregunto: ¿qué harían sin esa comunidad de guerrilleros, sin ese chivo expiatorio para ocultar los desfalcos del país? Según ustedes, sobre la guerrilla pesa la culpa si el país va mal, también si la economía no va mejor. La ausencia de paz la origina la guerrilla, no las iniquidades sociales. Las múltiples protestas públicas son auspiciadas por la insurgencia.
Pongámonos serios, las guerrillas no son más que el coco con el cual asustan a ingenuos ciudadanos. La paz no pasa por su derrota, sería muy fácil. El verdadero monstruo que devora la nación lo llevan inserto en su conciencia: corrupción, voracidad, indolencia… En la conciencia de muchos dirigentes germina la guerra nacional. Para destruir ese adefesio cultural no se necesitan guerras, ni asesinatos, ni ayuda de los Estados Unidos. Basta una cultura ciudadana plena, de sociedad civilizada, con aspiraciones humanas. Basta deponer el egoísmo enfermizo y ondear la compasión social. Basta dar un tono más arriba en la afinación de la conciencia social y personal.
*Jorge Guebely es PhD en Literatura, escritor y columnista de medios nacionales













