Obituario

Falleció un veterano del periodismo de historias ,Edgar García Ochoa: el hombre de los «Flashazos»

“Tuvimos la oportunidad de compartir varios escenarios en La Cháchara radio y el Heraldo’ Rafael Sarmiento coley

Esta crónica fue publicada el 17de mayo 2024 por Ricardo Bustamente

Paz en su tumba amigo.

Por Ricardo Bustamante, especial para Lachachara

Edgar Garcia Ochoa “Flash”

Edgar García Flash

No es fácil lograr que pare de hablar. Toma la palabra y, se sienta y acuesta en ella. La primera impresión que me da este señor, es estar al frente del más humilde de los vanidosos. Su Humildad esta ayudada por su estructura corpórea: de baja estatura, con unos kilos de más, y con rostro que denota indefensión e inspira confianza y tranquilidad al interlocutor. Tal vez allí radica su éxito como periodista y amigo de los famosos. Para estos, de seguro, Flash, no les resultó incómodo, peligroso ni ambicioso. Es el tipo de persona que puede pasar de agache ayudado de un aspecto físico común pero, al mismo tiempo y en el fondo, distinto a sus congéneres. Diferente porque pocos seres humanos tienen como motor y meta en su vida coleccionar amigos famosos pero sobre todo, darse a la ardua tarea de buscarlos y lograr el encuentro anecdótico con ellos.

Me imagino que los personajes vieron a Flash como lo estoy viendo ahora: francote, bonachón y pintoresco . Su cara y su tono de voz le ayudaron para que a los famosos no les causara desconfianza y lo percibieran como alguien de la casa, o como explicar razonadamente que a las pocas horas de conocerlo el pintor Obregón, lo haya tirado al agua de la piscina de un hotel, solo para verle su reacción posterior, después que salió de la pileta, mojado de pies a cabeza.

Flash, también es vanidoso o mejor un vanidoso singular. No en vano, nadie en su sano juicio, escribe tantos libros mostrando su destreza en conocer a personajes del cine, música, deporte, de la literatura y de otras artes, como el. Los humanos tenemos la tendencia a dar demasiado crédito a las celebridades y la fama es un poderoso imán cultural. Jamie Tehrani, antropólogo social, lo dijo de mejor manera: “Como especies hipersociales adquirimos la mayor parte de nuestros conocimientos, ideas y habilidades copiando a los demás, mediante el ensayo y error. Sin embargo, se presta mucha más atención a los hábitos y comportamientos de los famosos que a los de miembros ordinarios de nuestra comunidad”. Flash, llevado por su fino olfato, supo muy bien cuál era su lugar en este mundo y lo que dice Tehrani con palabras bonitas, desde los albores de su incursión periodística en el “Diario de la Costa” de Cartagena, Flash lo aplicó.

A mediados de los años 60 y durante la década del 70, la capital del departamento de Bolívar era una ciudad turística pequeña en territorio y de pocos habitantes, de fácil movilidad y donde todos se conocían, y como plus para Flash, tenía la confianza total, en su labor, del director y propietario del periódico Rafael Escallon Villa. Lo demás era psicología popular y olfato para llegarle al ego del lector y al del público en general y Flash es, en contra vía de lo que denota su bonachón rostro, puro olfato con ojos afilados y sabe, cómo el que más, despertar la vanidad de los seres humanos. No en balde y menos impune se pasa por esta vida sabiendo, de antemano, que cualquier actuación corriente de un humano se vuelve popular y digna de copiar, si está asociado a una persona conocida por una razón u otra.

Alguna vez le pregunté a un sobrino de una celebridad de la televisión colombiana por su tía; esperaba que el sobrino me dijera palabras bonitas de la mujer que a mi me parecía lo mejor presentadora de la pantalla chica, pero no fue así, solo abrió la boca para decirme: “ah esa loca tengo tiempo de no verla” y cambio de tema, dejándome frío . Bueno, a qué viene esto? . Tal vez algún sobrino o primo de Flash, cuando se le pregunte por su tío o primo, puede decir: “magnífica persona pero es muy latoso”. Ese es, en cuerpo y alma presente, Edgar Garcia Ochoa, el popular Flash, que, todavía y a estas altura de la vida, cuando atrevidamente le pregunté su edad, tuvo la inexplicable vanidad de sonrojarse y disminuirse unos añetes. No le creí para nada los años que dijo que tenía, no porque aparente más, sino que, anticipadamente, ya le habíamos, con papel y lápiz, sacado la cuenta de los años de su labor periodística singular. Diría un dibujante: “ ahí está pintado Flash”. Gracias, Flash. Salúdame a Olga.

Sobre el autor

Autor periodístico y literario nacido en Barranquilla. Bachiller del Colegio San José S.J., abogado con especialización en Derecho Laboral y Penal. Ejerció como catedrático Universitario y Operador Judicial. Desde 2020 disfruta su pensión.

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