Desde antes de venir con su famosa orquesta Los Melódicos, el notable músico venezolano vino a Barranquilla. Lo primero en que se interesó fue en la música costeña, en especial el vallenato.
Por Antonio Celia C.*
Estando reunidos en mi casa con un grupo de amigos, Renato Capriles mostró un especial interés por el vallenato; género musical del cual había oído hablar mucho, pero poco conocía de sus canciones.
Fue antes de que viniera por primera vez a Barranquilla con su orquesta Los Melódicos, cuando le hicimos oír un long play de Bovea y sus vallenatos y quedó tan entusiasmado con esa música, que le pidió a Chucho Giraldo, su representante en esta, allí presente, que le consiguiera todos los discos que pudiera de vallenatos, pues quería montar algunos con su orquesta, pues le habían parecido algo “fenomenal, vale”.
Poco tiempo después, en el baile de un club social de la ciudad, nos sorprendió con un mosaico de vallenatos clásicos de Rafael Escalona. Disfrutamos oyendo La muerte de Abel Antonio, El cantor de Fonseca, La custodia de Badillo en unos arreglos maravillosos, además de Carmen de Bolívar, Se va el caimán, Las pilanderas, Josefa Matía, Puente Pumarejo, Barranquilla es tu ciudad y otras tantas canciones.
Nuestra amistad con Renato data de los años 60 cuando vino por primera vez con Los Melódicos al carnaval de Barranquilla. Lo acompañábamos a los sitios donde se presentaba la orquesta y a visitar las casas de los amantes de su orquesta, del Club de Los Melódicos, compuesto por sus innumerables fans en Barranquilla.
Antes de iniciar cada presentación acostumbraba recorrer el salón para observar a qué clase de público le iba a tocar y de acuerdo con esto, armaba su repertorio. Una forma inteligente de actuar, ya que iba directo al gusto particular de la mayoría de los asistentes.
Igualmente, venía a Barranquilla antes de los bailes programados, para empaparse de los números de nuestra música que estaban pegados, para traerlos luego, montarlos con su orquesta.
Es digno de destacar, cómo Remato supo valorar nuestra música autóctona, la cual engrandeció y divulgó en el mundo entero, con sus arreglos espectaculares, que aún suenan en nuestras emisoras radiales y son clásicos de siempre.
Esto contrasta con la actitud de ciertas orquesta foráneas, de ahora, que cuando se presentan aquí ignoran por completo nuestra música y nos saturan de “sus” canciones, como si estuvieran tocando en su tierra.
Hay incluso orquestas criollas que más parecen venidas de otras latitudes, pues en su repertorio no incluyen nuestra música, como si fuera “un pecado” tocar un porro, un paseo, una cumbia, un mapalé, una puya o un merecumbé; que es aquello que nos hace vibrar y que debemos preservar porque es nuestro rico y valioso patrimonio musical.
Ojalá estas agrupaciones siguieran el ejemplo que nos dio Renato Capriles, ese gran músico y amigo que supo granjearse la simpatía de quienes lo conocimos y cuya desaparición es la pérdida de un amigo y de un gran impulsor de nuestra música autóctona.
*Antonioacelia32@hotmail.com. Columnista de El Heraldo e invitado especial de lachachara.co












