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Ramiro Blanco, recordado como un artista plástico de la tierra

Ramiro creó el bejuquismo, un arte surreal de atrapar la realidad como si fueran hilos trenzados de un bejuco.

Por: Gustavo Tatis Guerra

Ramiro Blanco pintaba como si estuviera tejiendo una historia de luz y color en las crestas del viento en los Montes de María.

Tenía una manera muy suya de dibujar la figura humana, el paisaje y los objetos, como si los huesos y los músculos, las hojas de los árboles, la piel de las mujeres, las frágiles paredes de bahareque empañetadas con estiércol de vaca, fueran un elástico bejuco sacudido por el crepúsculo. Si pintaba gaiteros, la escena del músico con sus gaitas se resolvía como si fuera una suma de bejucos que, gracias a su ángel y a su ingenio, él daba vida, gracia y forma. 

De tanto pintar de esa manera tan singular, él decía con la claridad inocente que lo caracterizaba, que había creado una nueva forma de asumir la figuratividad, y encontró un nombre inusitado: el bejuquismo. Nadie que no haya vivido de cerca el regazo sombreado de los Montes de María o haya tenido una experiencia montuna al recorrer los rastrojos del tiempo entre balsaminas y salamandras, ojos de agua y alturas abandonadas de una loma, podría sentirlo y comprenderlo, si no toca alguna vez la fresca y dura piel del bejuco.

Bejuco pasó a nombrar tantas cosas al tiempo, no solo a los bejucos para el amarre y los empaques a lomo de burro o mula, el amarre de los horcones y la materia prima de las cestas y los canastos, pero quien no haya visto alguna vez el bejuco, no sabría de qué estaba hablando el artista.

Ramiro logró que la esencia de la planta se pareciera a su pintura y, al igual que los bejucos trepadores y volubles que trepan a la copa de los árboles, sus pinturas retratan el mundo cotidiano del Caribe visto desde las sabanas de Bolívar: gaiteros, bailadoras de cumbiamba y fandango, pescadores, sembradores, mujeres indígenas y mulatas del Caribe que tienen la última piel del universo gracias al mestizaje de las aguas del Caribe conjugadas con las aguas del Mediterráneo y el Pacífico; mujeres adivinas y magas de la tribu con corales florecidos en el pelo. Ramiro pintó esos rostros que veía en sus viajes por las aldeas y pintó la efigie del general Bolívar, y los cuerpos delirantes bajo la esperma del fandango. Y también pintó la perplejidad de los seres bajo la pandemia con esos tapabocas espantosos que nos convirtieron en fantasmas.

Ramiro Blanco quiso reivindicar su magnífica vivencia pueblerina al nacer en el bello municipio de El Carmen de Bolívar. Desde mucho antes de conocerlo en los años ochenta del siglo veinte, Ramiro Blanco había cautivado a los espectadores de su obra surgida de las entrañas del patio carmero y de la vivencia montemariana entre cerros y colinas que se deslizaban como cuerpos livianos de mujer acostada y desatada entre nubes.

Al pie de esos vientos que doran los maíces bajo la luz de febrero nació Ramiro Alfonso Blanco Redondo, en El Carmen de Bolívar, el 16 de febrero de 1950. Ramiro dio en el blanco de sus sueños al crear su bejuquismo artístico. Comenzó pintando acuarelas sobre paisajes de su tierra: la luz de los solares, el horizonte bajo el azul neblinoso de la montaña, el sembrador de maíz, la mujer escamando los pescados, etc.

Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena y perteneció al grupo cultural El Baúl en los años setenta. Compartió vivencias y sorpresas creativas con sus amigos artistas Orlando Atencio, Dalmiro Lora, María Muñoz, y complicidades creativas con el actor, teatrero y titiritero Eparkio Vega. Ramiro diseñaba las obras para teatro y títeres. Era un hombre transparente, pura sencillez de agua llorada de la tierra, y un corazón noble para escuchar la olvidada e íntima epopeya de su aldea. Ramiro Blanco acaba de partir en este julio de lluvias imprevisibles y atardeceres ardientes de 2022, a sus setenta y dos años bien vividos y pintados.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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