Por Jorge Sarmiento Figueroa
Paul Brito es experto en mecanismos. Ingeniero que es, procura en todo campo encontrar la lógica que hace posible las cosas. No escatima detalles: la talla de un pie, el salto entre azoteas a la altura de un décimo piso, el recorte de un crucigrama, la rutina del gato de un bar, el bolero invisible de un pájaro en la selva.
Cada detalle alcanza en Paul la dimensión de un universo propio. Con su capacidad para observar la danza de lo cuántico, logra entender, explicar y convertir en literatura la forma como los pequeños detalles, que solo habitan el universo de un personaje, también son los granos de una piedra angular que sostiene todo lo demás.
Así es como se explica que para contar la vida de Pe, su autor tenga que morir en cada línea para abrirse camino entre los Restos orgánicos de un mundo anterior.
El libro de Paul Brito, publicado por Seix Barral en agosto de 2020, lo empecé a leer frente al mar, justo en el mismo momento en que también abrí un libro que mi padre me regaló, titulado El futuro de la humanidad (editorial Doubleday, febrero de 2018), de Michio Kaku, autor japonés, doctor en física y en filosofía. Al leerlos en simultánea, percibí que las crónicas literarias sobre el amor de Pe por sus padres son olas creadas por la misma perfección del Hacedor de estrellas, un personaje creado en 1937 por el inglés Olaf Stapledon sobre el cual se funda gran parte del género de ciencia ficción y del cual también se inspiran, por reflejo, científicos como el doctor Kaku. A través de ese punto de encuentro, recordé que, desde nuestra mirada humana, el fenómeno más lejano del cosmos es el que permite el mayor entendimiento de nuestra propia historia terráquea.
Cada uno desde su orilla, Paul Brito y Michio Kaku comparten reverencia por el conocimiento y honran la memoria de quienes los anteceden. En El futuro de la humanidad hay un científico precursor de todos los viajes al espacio que desde niño construía cohetes para ir más allá del cielo; en Restos orgánicos de un mundo anterior, un niño cuenta con la mayor flota aérea hecha con borradores de nata. En su libro, el doctor Kaku pretende decirnos que el futuro de la humanidad está de manera inexorable fuera de la Tierra. Mientras tanto, en varias reseñas sobre el libro de Brito he leído que éste no pretende nada. ¡Vaya! Alguien que busca descubrir cómo una lagartija podría renacer desde su propia cola mutilada, es en sí mismo una consciencia que rebasa el centro de toda lógica. Por detalles como ese, atisbo a comprender que Brito abarque la muerte como un centro para que Pe reviva con toda su arqueología vital, de la misma forma como Kaku pone todo su amor a un futuro estelar que él mismo no vivirá.
Aquí voy, entre esas miradas cuyas imaginación y realidad hurgan la existencia a años luz de distancia entre sí. Entre esas miradas voy, mientras observo el horizonte en una playa.












