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Análisis. ¡Se acabó Semana!, y es apenas miércoles

Gabriel  Gilinski, el ahora mayor accionista del Grupo de medios decidió cortar ‘rabo y oreja’ para ponerse al servicio del uribismo. Sacó a todos los que no eran simpatizantes de ese modelo político.

Por Rafael Sarmiento Coley

Alberto Lleras Camargo, fundador y primer director de la revista Semana.

No en vano el empresario Gabriel Gilinski Kardoski, el más joven de esa familia de banqueros, se declara a voz en cuello un admirador furibundo de Donald Trump y de Álvaro Uribe Vélez, y, desde cuando la familia decidió comprarle a Felipe López Calderón el 51% del paquete accionario del grupo de medios Semana, lo hizo con su hecho pensado. Poner todo al servicio de sus intereses económicos y políticos, calificando lo demás como ‘basura’.

(Del Grupo de Medios Semana formaban parte las revistas Fucsia, Soho, Dinero y un canal de televisión. Soho y Fucsia tuvieron entierro de pobre, y Dinero pasa a ser un apéndice de lo que queda de la tambaleante Semana).

Quienes lo conocen de cerca aseguran que es un joven altanero, intrépido, amante de ganar en todo y a toda costa, en lo cual refleja bastante la personalidad de su admirado Trump y la del personaje del ‘Mercader de Venecia’, de William Shakespeare, un usurero que prestaba dinero a una tasa de interés ruinosa, con la suigéneris condición de que, si el deudor no pagaba las primeras cuotas, tenía que abonar, con un dedo, con pedazo de la nalga, hasta llegar a perder las extremidades, y entonces sí, la deuda quedaba saldada.

Felipe López le dijo a Alberto Lleras: ‘Véndame el nombre de Semana’. El dos veces presidente de la República le respondió: ‘Se lo regalo, para que haga buen uso de la revista’.

Desde cuando llegó al mando del grupo lo hizo con mano dura. Las primeras víctimas de su sectarismo político fueron el consagrado columnista Daniel Coronell, y el entonces director de la hasta ese momento revista más rentable del Grupo, Soho, Daniel Samper Ospino, brillante e independiente periodista, hijo de uno de los maestros del periodismo colombiano, Daniel Samper Pizano. (Ahora ellos fundaron el portal www.losdanieles.com).

Alejandro Santos Rubino, director de la revista durante más de dos décadas, la colocó en los primeros lugares de esa categoría de medios de comunicación. Gilinski le nombró presidente del Grupo, cargo en el cual duró apenas 15 días.

En solidaridad con la salida absurda de Daniel Coronell, uno de los columnista más leídos en el país en la actualidad, de inmediato renunció Daniel Samper Ospino, y el caricaturista Vladdo. A pesar de la alta rentabilidad de Soho, Gabriel Gilinski prefirió cerrarla, y empezó a hacerle la vida imposible a editores, columnistas, investigadores y jefes de sección que no fueran afines al uribismo.

Daniel Coronell, uno de los columnistas más leídos del país, fue uno de los primeros descabezados por el nuevo ama de la revista Semana.

Para reafirmar su lambonería con el sector político del expresidente y exsenador fundador del Centro Democrático, nombró gerente general del Grupo Semana a la exministra de Medio Ambiente Sandra Suárez, una uribista pura sangre que no dio pies con bola a su paso por el desdichado ministerio, porque es del mismo nivel intelectual de Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y la exmodelo de piernas lindas y actual vicepresidenta de la República, Martha Lucía Ramírez. Y llegó a Semana pisando fuerte, pasando por encima del consejo editorial. Tomando decisiones absurdas como la de encabezar las firmas de una carta, que fue publicada como aviso pago (debió llevar el epígrafe de ‘Publicidad Política Pagada’, como lo ordena el Código Electoral, pero como ese tipo de publicaciones solo se pueden hacer dentro de los 90 días previos a un debate electoral relacionado con el aviso, alguien como que les advirtió que meterían la pata), en varios medios, entre ellos, obvio, en la revista Semana, que la publicó gratis, en la cual pedían ‘la inmediata libertad del doctor Álvaro Uribe Vélez, un crisol de pulcritud, sabiduría y respeto por los derechos humanos, para que se pueda defender en libertad”.

Cambios de última hora

Daniel Samper Pizano, maestro del periodismo colombiano y uno de los columnistas más leídos del país, se sumó al grupo de Losdanieles, al lado de su hijo Daniel Samper Ospino y Daniel Coronell.

Lo que la nómina periodística de Semana (una nómina de lujo), pensaba que serían algunos cambios ‘cosméticos’, fue una trampa urdida por un tahúr. A Alejandro Santos Rubino, que venía como director desde hace casi dos décadas, lo ‘ascendió’ a Presidente del Grupo Editorial Semana, y designó como Director, en reemplazo de Santos Rubino, a Ricardo Calderón. Rodrigo Pardo siguió de Editor, María Jimena Duzán siguió como la mujer ancla de los debates Semana por el canal de televisión del Grupo.

Daniel Samper Ospino, en solidaridad con Daniel Coronell, el primer descabezado en Semana, renunció a la dirección de Soho, que era la revista más rentable del grupo. Ya es cadáver.

El revolcón venía por dentro. De repente fue designada como presidenta editorial del Grupo Semana, la controvertida Vicky Dávila, y en menos de 15 días Enrique Santos Rubino quedó sin escritorio, lo mismo que Ricardo Calderón, quien hacía 10 días había sido designado Director, y en forma súbita fue reemplazado por Carlos Enrique Rodríguez, muy afín a las tendencias políticas e ‘ideológicas’ de Vicky Dávila.

Rodrigo Calderón aún no sabe qué pasó, cuando en solo 10 días pasó de director de Semana, al físico pavimento, a pesar de su indiscutible talento periodístico para el análisis y la investigación.

Estos cambios abruptos y absurdos, en desmedro del alto nivel periodístico que conservaba la revista desde hacía varios años, provocó la solidaridad de uno de los columnistas más leídos del país, Antonio Caballero; lo mismo que la de los siete miembros del grupo de investigaciones, y de una veintena de periodistas de diversas fuentes, fotógrafos, camarógrafos, caricaturistas y diseñadores.

“Fue como un edificio que se desplomó, por suerte, estando ya vacío”, afirma una de las ‘victimas’ de la ‘masacre laboral’ en el Grupo Semana, que, para colmo de males, ahora el mayor accionista es el ‘trumpista’ y ‘uribista’ pura sangre, Gabriel Gilinski, quien como para no aparecer como ‘acaparador’, le dejó unas cuantas acciones a Felipe López Calderón, quien hace algún tiempo, por diversas circunstancias, decidió vender un paquete de acciones al Grupo banquero de la familia Gilinski, encabezado por Jaime Gilinski, el aparente ‘jefe de la tribu’, quien al presentir lo que le venía para encima, le pidió a Uribe (perdón), al Presidente Duque, que lo nombrara en una Embajada lo mas lejos posible, por allá en la Europa Oriental.

Algo muy grave

La revista Semana fue fundada en la década de los años 40 del siglo pasado por Alberto Lleras Camargo (Sopó, Cundinamarca 3 de julio 1906-Bogotá 4 de enero 1990), quien comenzó a ejercer el periodismo a los 26 años. Fundó los periódicos El Liberal, La República, y en Argentina fundó el diario La Nación. Fue director de El Tiempo, de El Espectador y del vespertino La Tarde.

En aquellos tiempos el periodismo era un oficio pulcro, respetable, con mucha ética y catadura moral. Tanto así que excelsos periodistas terminaron como egregios políticos que alcanzaron los más altos cargos de elección popular con una pulcritud acrisolada.

Alberto Lleras Camargo fue dos veces Presidente de la República, uno de los líderes en la creación del Frente Nacional para aclimatar la paz entre los partidos Liberal y Conservador. Fue cofundador y primer Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA). En fin, un periodista tan pulcro, como político honrado.

Los twitteros

Ya cansado por la agitada vida periodística y política, a mediados de la década de los años 70 Semana dejó de circular. Y Felipe López Caballero, uno de los tres hijos del expresidente de la República Alfonso López Michelsen, quería desarrollar su vena periodística. Y fue a la residencia de Lleras Camargo, que se la pasaba en su casa-finca en su Sopó natal paseando por el pueblo montado en una bicicleta, a proponerle que le vendiera el nombre de la Revista Semana.

El mismo Felipe cuenta que aquel prodigio de periodista y político, lo miró con conmiseración y afecto. Se bajó de la bicicleta, y le dijo: “mijo, le regalo el nombre de la Revista, con tal de que la maneje con la misma pulcritud y dignidad que tuvo en sus largos años de vida productiva”.

Alberto Lleras Camargo hablaba convencido de que el periodismo de Colombia y el mundo no llegaría a tal grado de inmoralidad, como lo que se vive hoy, cuando el escenario periodístico está lleno de mercenarios que venden su oficio al mejor postor, como cualquier trabajadora social. Al oficio han llegado elementos sin escrúpulo alguno, tal como ocurre con los llamados ‘aboganster’, los ‘sicarios morales’, los serviles de los clanes del narcotráfico, de los grupos armados al margen de la ley, de sectores políticos sectarios que se empeñan en destruir la democracia colombiana y convertirla en una férrea y criminal dictadura de derecha, como la que ya han sufrido otros países vecinos como Chile, Nicaragua, Perú, Venezuela y Cuba. Si el periodismo sigue así, sin ser esa ‘válvula de escape’ para la sociedad civil, que Dios nos coja confesados.

Pros

Cons

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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