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50 años después, Toto Rubio y Arturo Segovia, dos leyendas del fútbol volvieron a abrazarse

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay abrazos que duran apenas unos segundos, pero son capaces de devolver medio siglo de recuerdos.

Eso ocurrió en la mañana de este martes 1 de septiembre de 2026, en el monumento Atleta de los Campeones, cuando dos leyendas vivas del fútbol profesional colombiano volvieron a encontrarse: Toto Rubio y Arturo Segovia.

El motivo de la cita era especial. Arturo Segovia, aquel defensor aguerrido, valiente y de enorme capacidad técnica, regresaba a Barranquilla para dejar para siempre las huellas de sus pies en uno de los monumentos que honra a los grandes protagonistas de la historia deportiva en la capital del Atlántico.

Pero antes de que sus huellas quedaran estampadas en el cemento, hubo otras huellas mucho más profundas: las que dejaron décadas atrás en los camerinos, en las canchas y en la memoria de quienes compartieron con ellos aquella época del fútbol colombiano.

Frente al monumento, el tiempo pareció detenerse. Toto Rubio volvió a abrazar a su antiguo compañero de ruta. Y en ese abrazo no solamente estaban dos viejos amigos. Estaban Junior, Millonarios y la Selección Colombia. Estaban los viajes, los partidos, las concentraciones, las victorias, las derrotas y aquella complicidad que solamente conocen quienes alguna vez defendieron juntos una camiseta. El 5 y el 2: los números que escribieron una amistad en la cancha

Hay historias que parecen escritas por el destino. Y la de Toto Rubio y Arturo Segovia tiene una curiosa coincidencia que el fútbol se encargó de convertir en símbolo. Sin proponérselo, sin buscarlo y mucho menos imaginar que algún día esos números tendrían un significado especial, ambos llevaron durante buena parte de sus carreras profesionales el mismo número en tres camisetas que marcaron sus vidas: Junior, Millonarios y la Selección Colombia.

A Toto Rubio le correspondió el 5. Ese número lo acompañó como una segunda piel en Junior, en Millonarios y con la Selección Colombia. El cinco terminó identificándolo dentro de la cancha, como una extensión de su personalidad: firmeza, carácter, temperamento y liderazgo en la zona defensiva.

A Arturo Segovia, en cambio, le perteneció el 2. El mismo número que lució con Junior, Millonarios y la Selección Colombia. Un número que terminó siendo inseparable de su imagen como defensor, de aquel jugador aguerrido, técnico y valiente que dejó huella en cada..El 5 de Toto y el 2 de Arturo.Dos números. Dos defensores. Dos carreras que, con el paso de los años, terminaron encontrándose una y otra vez en los mismos caminos del fútbol.

El 5 y el 2 quedaron grabados en las camisetas, en las fotografías, en los estadios y en la historia de tres equipos que los tuvieron como protagonistas.Pero también quedaron grabados en la historia de una amistad. Porque en el fútbol los números cambian de dueño, las camisetas pasan de generación en generación y los partidos terminan perdiéndose en el calendario.

“Sentí mucha alegría al abrazarme de nuevo con mi ídolo y compañero de ruta”, confesó Toto Rubio, mientras los recuerdos comenzaban a desfilar por su memoria. Entonces apareció una imagen del pasado.

Dos defensores que entendían que el fútbol no solamente se juega con los pies. También se juega con inteligencia, sacrificio y solidaridad. Rubio y Segovia compartieron la responsabilidad de defender, pero también aquella tarea moderna para su época de convertirse en los primeros constructores del ataque.

“Recordé momentos de satisfacción cuando culminábamos con éxito nuestra tarea doble de defensa y ataque en los equipos: Junior, Millonarios y la Selección Colombia”, recordó Toto sobre sus vivencias cuando jugaron fútbol profesional

Y como si el tiempo hubiese retrocedido cincuenta años, Toto Rubio observó en el rostro de Arturo Segovia un gesto que conocía perfectamente. “Observé en Arturo Segovia una reacción repentina. Sus ojos se abrieron y una sonrisa me regaló, la misma que cruzábamos en los camerinos de los estadios de Colombia y en todos los estadios de Uruguay, Perú, Ecuador, Paraguay, Venezuela y Brasil” acotó Toto Rubio

Sonrisa de aquellos años…

La sonrisa de Toto Rubio y Arturo Segovia de dos futbolistas que sabían que después de ponerse la camiseta había que salir a luchar cada balón. La sonrisa de quienes compartieron concentraciones, viajes interminables, camerinos y sueños. La sonrisa de dos hombres que, mucho antes de convertirse en leyendas, simplemente eran compañeros.

Para Arturo Segovia tampoco fue un encuentro cualquiera. El hombre que acababa de dejar sus huellas en el monumento Atleta de los Campeones encontró en aquel abrazo una manera distinta de perpetuar su historia.

“Amigo, siempre te llevo en mi corazón. El fútbol me regaló un gran amigo, con quien compartimos camerinos en Junior, Millonarios y la Selección Colombia”, expresó Arturo Segovia, emocionado por volver a encontrarse con aquel compañero que hizo parte de una etapa inolvidable de su vida. Y así, entre huellas y recuerdos, dos viejos defensores volvieron a encontrarse.

Foto: Francisco Figueroa Turcios, Arturo Segovia y Toto Rubio

El monumento quedó con las huellas de los pies de Arturo Segovia. Pero aquella mañana también quedaron otras huellas, invisibles y mucho más profundas: las de una amistad que sobrevivió al paso del tiempo. Cincuenta años pueden cambiar los rostros, encanecer el cabello y convertir las antiguas batallas deportivas en recuerdos.

Pero hay amistades que no envejecen. La de Toto Rubio y Arturo Segovia es una de ellas.Porque el fútbol, que tantas veces separa a los hombres después del último pitazo, también tiene la maravillosa capacidad de unirlos para siempre.Y aquel abrazo, medio siglo después, fue la mejor prueba.

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