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La misma moneda

El narcotráfico no debería considerarse delito conexo a la política. Incluso, no debería considerársele delito. Por el contrario, debería reconocérsele como la imagen genuina del capitalismo.

Por Jorge Guebely – Columnista invitado

El narcotráfico es el capitalismo, la moral voraz para hacer plata en el menor tiempo. Si no fuese por los artificiosos conceptos de ‘legal’ e ‘ilegal’, tendría gran similitud con el oficio de banquero.

Como toda aspiración capitalista, realiza mejor que nadie el sueño de ser rico mordisqueando y desangrando a diestra y siniestra. Muchos políticos, desde concejales hasta presidentes, merodean sus fuentes para ganar elecciones. Si no hubiese sido por el narcotráfico, los colombianos no habrían padecido los escándalos administrativos de Samper o Uribe.

El asistencialismo de algunos capos semeja a la de los jefes de Estado regalando casas. Hasta las Farc han podido financiar, en parte, su horrorosa revolución.

Gracias a la visión empresarial, algunos militares pudieron ingresar cómodamente en el negocio de la droga ilícita. Y unos senadores sagaces entendieron con claridad el uso que debía dársele a los bienes incautados por el Departamento Nacional de Estupefaciente.

Es tan buen oficio que son muchos los capos reconocidos y muchos más los desconocidos. Abundan los testaferros y pululan los piojos de oficinas o funcionarios públicos que chupan sangre económica al narcotráfico.

Con una moral elástica y adaptada, hasta la Iglesia ha sucumbido a los dineros «calientes». Ilustración por Turcios.

Hasta la iglesia misma se alimenta de sus fortuna, ‘con dineros sucios se pueden hacer buenas obras’, decía el padre García Herrero. Un obispo mexicano comparó las donaciones de los narcotraficantes con el perfume que María Magdalena le ofreció a Cristo y quien lo aceptó. Y para hacer explícita su moral capitalista, afirmó: “No hay razón para quemar dinero solo porque su origen sea malvado. Uno tiene que transformarlo. El dinero puede ser transformado, al igual que gente corrupta puede serlo”.

Tampoco lo quema el ministro de Hacienda quien suele inyectar al presupuesto nacional el 3% con dineros malvados, según Luis Edmundo Suárez quien fue director de la UIAF. De los 18 billones de pesos lavados anualmente, más de tres son interceptados ante la vista gorda de los fiscales generales. Los dos principales centros económicos del país, Bogotá y Medellín, son los más beneficiados con este espíritu capitalista.

Y si no fuese por el tráfico de drogas, la pobreza en Colombia sería aún más desesperante. Es más fácil superar la carestía haciendo el papel de mula que votando por un político intrascendente.

Esta verdad dolorosa hiere pero no deja de ser verdad. El delito se halla en el alma del sistema capitalista. Banqueros y narcotraficantes son dos caras emblemáticas de una misma moneda.

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