El lado oscuro de Mi último refugio

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

El escritor Jorge Guebely muestra el rostro reservado del libro de Jorge Sarmiento Figueroa.

Por Jorge Guebely

Interesante el poemario “Mi último refugio” compuesto por Jorge Sarmiento Figueroa. Al principio, los versos presentan un lado oscuro, un rostro reservado y profundo, un microcosmos al que hay que desentrañar. Pero una vez logrado el milagro de la comunicación entre el poeta y el lector, los poemas van revelando un mundo transparente, natural, incluso, caribe.

Sin ningún sentimentalismo, ni siquiera cuando habla del dolor, surge una realidad en permanente transición. Un mundo que se descompone, pero que se reconstruye; una diminuta gota de eternidad. “Morirse cada día de risa, meditando y de dolor en el cuerpo”. Un mundo percibido únicamente con las herramientas de la observación, con la afinación de los sentidos físicos y, después, con los espirituales. “Escucharlo todo, morir un poco con el otro”. Muerte que no resulta fatal, ni trágica, porque la existencia está poblada de muchas señales que nos llevan a la vida.

Una madre aconseja al hijo guardar el canto del carrao “…aunque no sepamos la respuesta”. La música se yergue como otra señal de vida. El hermano músico le confiesa: “La música me ayuda a sacar los pesos del alma”. Quizás, lo único que importa en la vida es: “Afinar la vida / Escoltados por jengibre, por sábila, por poetas y pintores”.

Resulta vital y reconfortante caerse de placer de un caballo porque “…el abismo es caerse de la vida”. Superar esta condición de hombre dormido porque: “La vida es, aunque todo esté muriendo”. En síntesis, es un libro que reconforta el milagro de vivir.

Buenos

Quiero partirte el alma por todas las causas,

en un rincón poner tu nombre, como una negación.

Hacerlo como niño que llora

porque conoce la oscuridad en los pechos que no se apiadan.

Conozco, por ignorante, la dulzura de ese veneno.

Sé que esto se puede pedir como lo pediría una reina inglesa:

Me hace el favor y me la trae, así sea muerta.

Lo mismo sé que caerse del caballo es un placer, el abismo es caerse de la vida.

 

Porque los buenos muertos siempre vuelven,

el dolor infinito es verlos recoger nuestras almas,

limpiarnos el sudario, consolarnos y nosotros no poder,

no poder… no poder.

 

El perdón nos romperá el alma,

cada llanto de los buenos muertos nos volverá a la vida por la mera gratitud,

con la que iremos a donde sea que podamos,

a recoger tantas muertes, sus pedazos.

A limpiar con toda la paz,

para que podamos ver con nuestras almas

lo que parece que avizoro:

Que caerse del caballo es un placer, el abismo es caerse de la vida.

Que caerse del caballo es un placer, el abismo es caerse de la vida.

 

 

Share.

About Author

Jorge Guebely

Leave A Reply

 Vulnerability scanner