Qué error olvidar el pasado!

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He vuelto a Zaratustra.

Por: Óscar Flórez Támara

El viejo Nietzsche que se encontraba en un rincón de la biblioteca y siempre que entraba me “picaba el ojo” y me “soltaba una carcajada” Me llamó a dialogar. Yo no quería, pero fue tanto su insistencia que terminó derrumbando mi resistencia. Cuando ya estaba a su lado empezó a recordarme las travesuras de juventud. Los desvelos y los enojos. Me recordó los juegos de niño, las noches llenas de lluvia, de rayos y de truenos cercanos y lejanos; el suicidio de las hojas de los árboles cayendo en forma lenta y silenciosa con gotas de agua en su lomo; el vuelo de la imaginación temprana y atrevida. Los recuerdos cayeron en forma precipitada y oportuna.

Zaratustra, pude decirle. No son tiempos de juegos ni de recuerdos. El mundo está tan tenso que no nos permite utilizar la memoria para recordar. Te equivocas, me dijo. Con su carcajada siempre a flor de labios. Ahora más que nunca nos toca jugar y recordar. Recordar ha de ser uno de los ejercicios del ser humano, porque los pueblos que han perdido la memoria les toca repetir las mismas torpezas, y es allí donde se cuaja el engendro y desdicha de los errores. Además, es bueno recordar los momentos de alegría, ésta hace parte de la salud del cuerpo humano. Pero, Zaratustra, le increpé. La especie humana no puede vivir anclada en el pasado añorando lo que ya fue. No he dicho eso, me respondió. Anclarse es cosa ridícula y de mentes torpes. Conocer el pasado no es pretender estacionarlo en el presente y proyectarlo al futuro.

Hablemos de otra cosa, le sugerí. Estoy de acuerdo contigo, me confirmó. ¿Te acuerdas de aquel hombre que duró un tiempo domesticando cuervos? No lo recuerdo, le contesté. Te das cuenta el por qué no debemos aprender para olvidar. El precio que paga la humanidad por estar repitiendo los mismos errores es el mayor desperdicio en su avance. No puedo detenerme a recordarte lo que ya se da por sabido, la vida es corta y no nos permite estar repitiendo, me replicó. Sin embargo, voy a recordarte, ese hombre murió de tristeza porque jamás pudo cambiar la esencia de los cuervos, cuando creyó mejorar la vida de ellos, estos le sacaron los ojos.

Desperté sudando. Me dirigí a mi pequeña biblioteca y me di cuenta que el libro Así Habló Zaratustra se encontraba en su lugar, lleno de polvo. Empecé a acariciarlo y a recordar la lectura de aquellos tiempos. Raros tiempos de destellos que despertaron en mi un atrevimiento provinciano y una tristeza tempranera.  Escarbaba por todos lados buscando una explicación a la mudanza de piel de las serpientes. Del veneno atesorado en su frío cuerpo de réptil calumniado por la irresponsabilidad genuina de una pareja que no supo asumir el acto levitante del coito ¿Qué hacer ante tanta realidad hirviendo entre mis ojos y el pecho? ¿Ante tanta soledad acumulada en tan pocos años de vida?

Leí unas páginas del libro. Lo miré con ternura de amigo caído en desgracia. Sentí los años recorridos en mi piel vaporosa y golpeada por la dureza penetrante de la vida. No es el mismo, pensé rápido. Dos gotas de lágrima se desprendieron en solitario y cayeron sobre una de sus páginas.

¡Qué error olvidar el pasado…! Pensé en profundo silencio

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About Author

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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