Enrique Grau, un retrato a mano alzada

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Llevaba la memoria de Cartagena en sus pupilas y pintaba para evocar a una ciudad intangible que parecía haber salido de sus propios sueños.

Por: Gustavo Tatis Guerra

Enrique Grau, un retrato a mano alzada

Enrique Grau (1920-2004) no dio el brazo a torcer hasta el final de su vida, tras el sueño de fundar un museo con la gigantesca donación que hizo a Cartagena, su ciudad natal. Pero la ciudad no encontró jamás a un benefactor o a un mecenas que invirtiera en el sueño de Grau. Y murió sin cumplir su deseo.

Las huellas de Grau están esculpidas en la mirada bondadosa de Pedro Claver, que recibe a uno de los africanos esclavizados como a un pariente que viene de un largo y tormentoso peregrinaje al desarraigo. Su color y su devoción por la ciudad están en la cúpula del Teatro Adolfo Mejía, en la que aparecen las nueve musas de las artes y las ciencias y sus manos ofrendando un ramo de flores del Caribe, ante el inmenso lienzo de luz, agua y piedra que es la ciudad, reflejada en el telón de boca.

En la antigua bodega del puerto colonial se erige una de sus invenciones: el Museo de Arte Moderno de Cartagena, con más de medio siglo de historia artística y más de trescientas obras atesoradas. A él le debemos el Museo de Arte Moderno de Cartagena. A lo largo de su fecunda existencia, realizó 80 exposiciones individuales y cerca de 200 exposiciones colectivas, en diversos lugares del mundo. En 1948 pintó un mapa de la ciudad en el que describe la fauna y flora de la bahía de Cartagena y la ciénaga de la Virgen, los cuerpos de agua y las rutas del mangle.

Ese mapa es una prueba de cuánto destruimos en más de medio siglo, cuando convertimos la ciénaga de la Virgen en la cloaca de las empresas, industrias y basuras de las barriadas. El panorama empezó a remediarse con el dragado que emprendió gratuitamente el gobierno de Holanda, con La Bocana, que abrió las rutas asfixiadas de la ciénaga y las conectó con el mar.

Mulatas y maríamulatas

Enrique Grau ganó en 1940 la Primera Mención Honorífica “Primer Salón de Artistas Colombianos”, Biblioteca Nacional, Bogotá, por su obra al óleo ‘La mulata cartagenera’, en la que retrata a una muchacha de una dulce y serena sensualidad. Es una mulata delgada que tiene un collar y está sentada entre gladiolos rojos de un patio, con una múcura en la mano, acompañada de una sandía. Pero su mirada tiene un candor casi infantil en ese rostro de caoba y el cabello negrísimo. Grau estudió los rostros aindiados y de origen africano en Cartagena, pero también los rostros mestizos de la ciudad.

Además de pintar a Claver como personaje de sus pinturas y luego de su escultura, trabajó la anatomía de los esclavizados. Las flores que aparecen en todas sus ofrendas son del patio cartagenero: corales rojos que Delia Zapata Olivella se ponía en el pelo para bailar cumbia; campánulas amarillas y púrpuras que ascienden por los balcones, trinitarias, bonches, rosas, astromelias, jazmines y heliotropos.

La mariamulatas que revolotean en la ciénaga, los caños y el mar de Cartagena son protagonistas de los dibujos, pinturas y esculturas de Grau. Al igual que las iguanas, los gatos, los pájaros, las murallas, las estatuas y baluartes de la ciudad. Grau pinta paisajes, escenarios, personajes e historias como la del torero El Pinturero, que murió mientras planeaba caer en la Plaza de la Serrezuela en paracaídas, y los vientos de diciembre lo arrastraron al mar, donde se ahogó.

Grau tuvo una experiencia significativa al vivir en Nueva York. En 1943 ganó el Premio “VII Anual Competitive Exhibition”, A.C.A. Gallery, New York. En 19461 el Primer Premio “Segundo Salón de Artistas Colombianos Costeños”, Barranquilla. Estudios de Pintura y Arte Gráficas en el “Art. Students League” de New York, de 1940 – 1943.

En 1954 participó como actor en el filme ‘La langosta azul’, junto a Álvaro Cepeda Samudio, Cecilia Porras y Nereo López, estos dos últimos, amigos entrañables que también cumplen cien años en 2020. Grau estudió pintura mural en la Escuela de Bellas Artes de San Marcos, Florencia, Italia, de 1955 – 1956.

Ritas y otras esperas

Enrique Grau,excelente pintor y escultor

Las esculturas de mujeres de Enrique Grau son la memoria encarnada de su mulata cartagenera pintada en 1940. La serie de Ritas está compuesta por criaturas vivas que susurran con el tiempo. Si te detienes en Rita 10:30 a. m., tiembla aún la cuerda del teléfono donde define el encuentro para su cita amorosa.

Todo es minucioso y perfecto como los detalles: los pliegues del vestido, la desnudez de sus piernas, la pereza de sus tacones en el banquillo, la botella, el libro, la expresión anhelante de su rostro. Si reparas a Rita: 3:30 p. m., el espejo refleja el tiempo y la picardía de la mujer, el labial en vilo, el arete colgante, las líneas del sombrero, la fortaleza de su cuerpo.

En Rita: 5:30 p. m., el corsé y sus manos a punto de cerrar la faja, el quiebre de los zapatos, los cordones, la punta del tacón, la sutileza de la silla de mimbre, construyen una escena íntima y ceremonial en la que espacio, ser y objeto tejen una historia fundida en bronce. La otra hermana de Rita, Niña Bien, sostiene un taza de café: todo allí es cierto y palpitante como la minuciosidad con que Grau nos entrega esta criatura dotada de sugerencia, elegancia y pudor.

La escultura Tango azul nos lleva a presentir la nostalgia que abruma a la mujer al escuchar la música y los surcos que cruza la aguja en el acetato. Todo en su obra es gesto, expresión, movimiento, sentimiento, capacidad para descifrar el vacío y la mirada que se asoma. Belleza de lo tangible e intangible como la malicia, la sed y la lujuria, el sofisticamiento, la elegancia y la secuencia de la danza en la escultura El vals, y el misterio inquietante de La adivina, que parece leer el destino del amor en una carta.

Epílogo

Poco antes de morir, el maestro Grau organizó una fiesta en su apartamento que estaba en el edificio Máquina de Escribir, en El Laguito. El sofá de su sala estaba lleno de muñecas de trapo de todos los colores.

Era un anfitrión desmesurado. Bandejas de muelas de cangrejos, langostas y camarones y whisky para todo el mundo.

Me senté un instante en el sofá de las muñecas a observar la escenografía de su ámbito creativo frente al mar.

El maestro acababa de salir de una recaída de salud, estaba agitado y con una respiración fatigosa. Se acercó y me dijo: “No me abandones con la idea del museo Grau. Son 1.300 obras que donaré a Cartagena. Hay pinturas, dibujos, esculturas de mi colección personal, precolombinos, arte popular, mi biblioteca especializada en arte y mi archivo fílmico. No quiero que la idea del museo muera conmigo”. Le dije: “Maestro, usted siempre contará conmigo”.

A Grau le encantaban las fiestas populares. Era un hombre de un vitalismo festivo e imaginativo.

Siempre tuvo una máscara disponible para burlarse de la muerte.

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About Author

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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