El olor en el Bronx

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No sé quién contó la historia de las más recientes locuras realizadas en el Bronx. En todo caso, puedo descartar a Jorge Luis Borges, argentino que solía escarbar las más hondas minucias del acontecer humano.

Por: Óscar Flórez Támara

 Cuentan, quienes vivieron esta historia, que en el Bronx repartían migajas de droga a la hora exacta en que el día alcazaba su mayor vigor, a quienes compartían corredores, escaleras, celdas y huecos y le apostaban al infierno en el extremo miserable de la condición humana. La mierda tomaba ribetes de arma en defensa adorable de un estilo de vida.

Y todos los presentes ponían a prueba la obediencia y lealtad que les debían a quienes lograban el milagro de hacer posible la existencia desechable de quienes perdían el apetito por la existencia humana. Un bostezo de fastidio era preferible a la ardiente realidad de la historia presente de un Estado indiferente.

El olor que brotaba del Bronx no era de azufre ni de diablo despistado, era un olor penetrante de corrupción manida fabricada durante largos años en los mejores laboratorios de cuello blanco que existían en el país. La inmundicia era nada comparada a los paseos de la muerte producidos por las instituciones de salud, los contratos estatales, las coimas y las elecciones de funcionarios gregarios que sudaban la camiseta de un líder más allá de la obediencia ciega. Así se fue formando una élite palaciega cuyos delfines heredaban la vocación corrupta a temprana edad. Desplumando municipios, departamentos, regiones y el país entero.

Un día el Estado quiso igualar su gesta histórica-poética al estilo de la antigua Roma, y tal acontecimiento los llevó a tomarse el Bronx con una legión solo comparable a los centuriones entrenados por los césares. Más, sin embargo, la intención de grandeza sirvió para mostrar al mundo la desnuda realidad de una olla podrida que derramaba pestilencia en las propias narices del alto gobierno. Muy cercano a la sede presidencial, a la alcaldía capitalina, el Congreso de la República, el Palacio de Justicia, Batallón Guardia Presidencial, Comando de Policía Metropolitana, el Bronx mostraba su fortaleza de infierno existente.

A menos de tres cuadras de Palacio se encontraba El Bronx. Parecía un país floreciente cuyo territorio estaba conformado por tres calles en forma de T. Su estructura económica, jerárquica y social se encontraba en manos de unos familiares y sus “sayayines” ya curtidos en las lides políticas que doblegan voluntades y desprestigian decencias.

En la madrugada del 28 de mayo del 2016 El Bronx ardía en sus propias entrañas. Las columnas de humo mostraban la desidia y el desprecio por lo humano. Una plaga maldita sembraba el oprobio. Los perros degradados en su condición de animal y amigo del hombre devoraban al hombre. Las tibias cenizas resplandecían en el suelo. Y un calor sofocante recorría la piel de un país en desmedro. Así era el Bronx. Espejo real de una sociedad decadente, donde los niños indígenas Guajiros aumentaban las cifras de vidas consumidas con miseria consumada. El Bronx ardía desde antes.

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7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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