La mezquindad que empobrece

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La  comezón de pensamiento no es rara en personas que han luchado por la solidaridad de especie y su raciocinio no cesa hasta tanto no vivan en una sociedad más justa y equilibrada, porque no cabe en los supuestos humanos la existencia injusta de seres miserables que pasean su pobreza en medio de ojos de riqueza y ostentación.

Por: Óscar Flórez Támara

La mezquindad es una cultura que enfría el corazón y apaga el alma de los pueblos y de las personas que la sufren. Hermana de la indiferencia que abandona la condición humana solidaria para cabalgar en la ruindad del hombre. Comportamiento indecoroso que horroriza y desdice del avance del humano.

Ante la indolente realidad tejida culturalmente en Colombia durante largos años en una sociedad de iniquidades abismales que el poeta Rafael Pombo supo caracterizar en “…una viejecita/sin nadita que comer/sino carnes, frutas, dulces, /tortas, huevos, pan y pez. Bebía caldo/chocolate, /leche, vino, té y café, /y la pobre no encontraba/que comer ni que beber…”.

“En la conducta de los seres humanos varias pueden ser las causas de sus afanes y ambiciones”. El dinero y el poder muchas veces llevan a la corrupción desproporcionada que raya con la enfermedad insaciable de una insatisfacción permanente que diluye la vida en perversos intereses acabando con la razón de existir. De esta manera el maestro José Consuegra Higgins se expresó alertándonos para que no cayéramos en el error que produce odios y desprecio por la vida, creando resentimientos e inseguridad en la convivencia social.

La rara mortecina que muestran los periódicos que nutren nuestro cielo colombiano, es poco esperanzadora, por la apabullante desigualdad que desnaturaliza la condición de humanos, pero la afincada política en la educación como respuesta correcta, es al menos una luz que asoma esperanzas. Un zarpazo que ahuyenta mezquindades y construye caminos. Diversa calzada mental por la que deben trabajar nuestros gobernantes y nuestra sociedad y todos aquellos constructores de riquezas materiales y espirituales que sostiene al hombre.

En este país de reales injusticias, donde las ostentaciones de poder político y económico mantienen una desvergüenza humana, donde claudica la esperanza y se pierde la fe por seguir existiendo como humanos. Donde la historia nuestra da fe de una sociedad desequilibrada con los más desprotegidos, es donde ahora nuestros gobernantes deben afincar su trabajo de manera incisiva para terminar por el aspecto excluyente que muestra grados de miseria infernal. Allí denota la mezquindad sus dientes la cual se sostiene por quienes han mantenido las riendas del poder. Mientras unos, los siempre privilegiados están por encima de la mera subsistencia humana, otros, los que siempre han ostentado el poder van más allá de unos salarios ruidosos que rayan con la insolencia, faltando el respeto a sus semejantes con unas “jubilaciones de oro” que se perpetúan en nuestra memoria histórica de injusticias sociales.

Un silencio impresionante mostró el rostro del pensador que no fue ajeno al compromiso con el pueblo. Sus pequeños ojos escudriñaron alturas y profundidades permitidas solo a criaturas que indagan insondables mundos. No era el misterio que envolvía y atraía su pensamiento.

Era la cotidianidad prosaica trascendida por la cultura del científico que explora otras posibilidades, mejor convivencia social en un medio egoísta y lleno de mezquindades. Todo es zozobra y vértigo, la tranquilidad es polvo regado en el suelo. El maestro guardó silencio mientras su mirada buscaba respuesta en los alrededores del atardecer en Puerto Colombia. La mezquindad empobrece y hace miserable tanto a la persona que la genera como a quienes la sufren y padecen.

 

 

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