La infinita expresión del cuerpo, 4ª Bienal Internacional de Danzas de Cali

611

Animal Family, Compañía Cuerpo de Indias (Núcleo Profesional El Colegio del Cuerpo). Foto: Beatrice Aguirre

Un cuerpo. Dos cuerpos. Tres cuerpos. Cientos de cuerpos que palpitan vida y comunican. A falta de palabras baila, el movimiento corporal te permitirá exteriorizar todo aquello que se carga por dentro.

Por Jennifer Cabana*

Por primera vez, tuve la oportunidad de asistir a la Bienal Internacional de Danza de Cali. Del 28 de octubre al 04 de noviembre, la capital de la salsa ofreció propuestas de Colombia y del mundo en una gran celebración del cuerpo y su infinito movimiento. En esta cuarta edición, se presentaron más de 800 artistas de 11 compañías internacionales de países como Serbia, Senegal, Canadá, Francia, Brasil, Chile y Japón. En total, danzaron 28 conjuntos nacionales y Medellín fue la ciudad invitada de honor.

Cada una de las obras fue una oportunidad para sumergirse en el mundo de la música, el teatro, el arte visual y la magia de la danza. Las distintas puestas en escena reafirmaron que bailando se pueden contar miles de historias.

Contemporánea, ballet, urbana, folclor, clásica y popular fueron los principales géneros dancísticas que se dieron cita durante la Bienal. A continuación, un poco sobre las presentaciones que más me impactaron.

La Hora Azul, Ballet Nacional Chileno Banch
Coreografía: Mathieu Guilhaumon

Ballet Nacional Chileno Banch. Foto: Edward Lora

Con una mezcla de fuerza y delicadeza los 18 bailarines del ballet nacional chileno Banch nos llevaron por un camino de luz y sombras. Su interpretación obedece a la hora azul o aquel momento en que no es ni día ni noche. Un tránsito que evoca los altibajos de la existencia misma y la inevitable transición del ser humano hacia la muerte, hacia otra luz. Antes de comenzar la presentación, una voz femenina y chilena exaltó la importancia del arte en momentos de agitación como los que actualmente atraviesa su país. “Es hora de cambio, es hora de bailar hacia la luz”, dijo.

Hay dos escenas en particular que me impresionaron mucho. En un momento, los danzantes salieron en filas, en una especie de barrio de un lado de la tarima hacia el otro y se fueron quedando cuatro o tres o dos o seis bailarines haciendo movimientos en unísono mientras que la fila los recogía y se incorporaban nuevamente de manera impecable.

Durante los últimos cinco a seis minutos de la obra cada bailarín hizo un solo para luego caminar hacia la luz. Antes de entrar en ella miraban hacia atrás como despidiéndose de este mundo para entrar en uno nuevo. La pista que acompañó esa última puesta en escena se titula Loftið Verður Skyndilega Kalt  traduce a “De repente el aire se pone frío”, composición de Ólafur Arnalds de Islandia. Tanto la música como la danza están cargadas de emoción. Confieso que salí muda del teatro con las lágrimas a punto de estallar.

Ballet Nacional Chileno Banch. Foto: Edward Lora

El Bosco: El Jardín de las Delicias, compañía Marie Chouinard

Compañía Marie Chouinard de Canadá. Foto: Sylvie Ann Pare

Nunca he visto una presentación dancística como la que ofreció la compañía Marie Chouinard de Canadá, ni creo que vea algo igual. Durante hora y media el público del Teatro Jorge Isaacs viajó en las profundidades de El Bosco: El Jardín de las Delicias, el enigmático tríptico del pintor holandés Jheronimus Bosch, que fue creado entre 1460 y 1505. El Museo del Prado de Madrid, donde reposa la obra cita una fecha mientras que algunos historiadores nombran otra.

La coreógrafa Marie Chouinard reinterpreta por medio del ballet y la danza contemporánea el paraíso, el infierno y el purgatorio representados en la pintura. Los bailarines de la compañía danzan pintados levemente de blanco, ligeros de ropa; un desnudo artístico acorde al dibujó del artista. El tríptico es llevado a gran escala sobre una pantalla que ocupa toda la parte posterior de la tarima. Se abre y paulatinamente hay enfoques en las numerosas escenas del cuadro. Observamos a los danzantes recrear las pinceladas con movimientos inesperados.

Hay un goce evidente, una sexualidad abierta e inocente en la primera parte del performance mientras que la segunda nos lleva a un lugar escalofriante. Cada artista se transforma y dejamos de ver humanos para observar creaturas inquietantes en medio de una danza creativa y exploratoria capaz de generar sorpresa, incomodidad, desagrado y a su vez admiración.

La tercera y última escena nos evoca la religión y aquello que se considera inmaculado. Un ojo verde y otro azul nos observan desde la tarima mientras que estupefactos tratamos de entender lo que estamos viendo y nos preguntamos, ¿cómo terminará todo esto?

Noche de danzas folclóricas y urbanas

La tradición y el folclor nacional tuvieron su noche de gala desde el Teatro al Aire Libre Los Cristales. La fundación Escuela de Baile Anfitriones, Grupo de Danza Unilibre y la compañía artística Estímulos bailaron por Cali mientras que Las Farotas de Talaigua representaron al Caribe colombiano y la compañía Orkéseos a Bogotá. Cada grupo mostró las bellezas de la danza colombiana, su colorido, su fuerza y significados.

Danzas del Pacífico. Foto: Edward Lora

Overback de Cali, Crew Peligrosos de Medellín y Pacific Dance de Tumaco se lucieron con la danza urbana, abordando temas como la resistencia afro y la integración social.

Pacific Dance de Tumaco. Foto: Edward Lora

Revolución Pazcífica, bailes de resistencia. Jóvenes creadores del Chocó

Jóvenes Creadores del Chocó. Foto: Beatrice Aguirre

“Los bailes afro urbanos están llenos de verdades que brotan para resolver, sanar, resistir y re-existir a través del cuerpo que baila, narrando sus propias historias con el fin de entablar dignidad, fraternidad y equidad social”, así se describe Revolución Pazcífica, bailes de resistencia, obra de Jóvenes creadores del Chocó. El colectivo, bajo la dirección de Rafael Palacios, mostró la fuerza y energía que viene de la raíz africana en un recorrido que muestró lucha, alegría, individualidad, colectividad y aguante.

Unas de las posibilidades más interesantes de la Bienal fueron las residencias con coreógrafos del mundo. La senegalesa Germaine Acogny, considerada la “madre de la danza africana contemporánea” compartió con los Jóvenes creadores del Chocó en un intercambio de saberes que se realizó en Nuquí.

 Balance 2019

La Bienal Internacional de Danza de Cali se consolida como un referente de la danza en el mundo. Su cuarta versión contó con más de 40 mil asistentes a 56 actividades programadas, que se realizaron en 22 espacios de la ciudad.

El público disfrutó obras que responden a la actualidad política, social y cultural de los pueblos, y a un panorama actual de la danza de Colombia y el mundo. Durante el encuentro, 14 programadores de algunos de los más importantes espacios, festivales y mercados de artes escénicas del mundo, asistieron a las funciones y entraron en diálogo con compañías colombianas, interesados en llevarlas a sus países o en generar redes de intercambio.

“Cali es una ciudad que baila; un territorio que reconoce la gran programación que trae la Bienal y esos espacios de formación que brindamos a bailarines nacionales para darles la oportunidad de estar con coreógrafos nacionales e internacionales. Desde la Bienal construimos relatos y diálogos sinceros entre nuestro hecho creativo y otras danzas del mundo”, aseguró Juan Pablo López, director artístico de la Bienal.

Este evento fue posible gracias a la organización y apoyo de muchas instituciones públicas y privadas. Entre ellas el Ministerio de Cultura, Proartes, la Alcaldía de Santiago de Cali, su Secretaría de Cultura y la Alianza Francesa.

Extiendo un agradecimiento especial al equipo de Comunicaciones de la Bienal (Wilson Morales, Raúl López e Ibon Munévar) por su trabajo y por permitirme hacer parte de este encuentro tan maravilloso.

Jennifer Cabana*, periodista cultural
Jennifer.cabana@gmail.com
Instagram : @Jennifercabana54

Compartir.

Acerca del Autor

Avatar

Deja un comentario

 Vulnerability scanner