Duque ‘contra las cuerdas’ tras la caída de su Mindefensa

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Esa es apenas la punta del iceberg en la profunda crisis política que vive Colombia, en un Gobierno que no ha podido disfrutar de su luna de miel.

Chachareros/BBC/Daniel Pardo/AFP

Como dicen las señoras que juegan canastas en los clubes sociales, «por qué lo critican tanto si es un buen muchacho». Y lo es. El problema es que para ser Presidente de un país tan descuadernado como Colombia se necesita ser mucho más que ‘un buen muchacho’.

Iván Duque, presidente de Colombia hace 15 meses, no tuvo luna de miel.

La renuncia forzada del ministro de Defensa de Colombia, Guillermo Botero, es apenas la punta del iceberg en la profunda crisis política que vive Colombia.

En juego están el futuro del proceso de paz firmado hace tres años con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y la estabilidad del gobierno del presidente, Iván Duque.

Por el controversial bombardeo en que el Ejército de Colombia mató a al menos 7 menores y que le costó el cargo al ministro de Defensa, el mandatario vive uno de los momentos más delicados desde cuando llegó al gobierno hace poco más de un año.

Al escándalo por la ocultación por parte del gobierno de la muerte de siete menores en un operativo del Ejército (que llevó a la dimisión de Botero), hay que sumar que hace dos semanas el oficialista Centro Democrático fue derrotado en unas elecciones regionales históricas.

A eso se suma que la violencia política se ha recrudecido en el interior del país; que las protestas son cada vez más frecuentes en las calles (para el 21 de noviembre está convocado un paro nacional); que el desempleo lleva ocho meses por encima del 10%.

En la cuerda floja

Cada una de estas problemáticas tiene sus particularidades, pero para los analistas hay un elemento unificador: Duque.

Iván Duque debe su presidencia al respaldo de Álvaro Uribe. El mandatario, de 43 años, llegó al poder en agosto de 2018 de la mano de expresidente y actual senador de la República Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país, y también el más cuestionado hasta el punto de que, por primera vez en la historia política colombiana, un expresidente de la República es citado a rendir cuentas ante la Corte Suprema de Justicia.

Así como también fue el primer caso en las memorias de este país en que el control político que debe ejercer el Legislativo, es decir, el Congreso dividido en Cámara y Senado, dejó de seguir siendo un simple saludo a la bandera, a pesar de que tiene el firme sustento en la Constitución Política Nacional. Lo que ocurría siempre que un Ministro era citado al Congreso para un debate de moción de censura (que si lo aprobaba la mayoría calificada del Congreso significaba la destitución fulminante del funcionario), nunca funcionó, porque el gobierno de turno goza de muchos ‘trucos’, entre ellos la llamada ‘mermelada’ y la asignación de recursos para las regiones de donde son oriundos los parlamentarios más proclives a ‘venderse’ a cualquier precio. De esa manera la moción de censura recibía siempre cristiana sepultura.

Esta vez los parlamentarios que iniciaron la causa se amarraron muy bien los pantalones y no se dejaron manipular, ni mucho menos intimidar de algunos de los integrantes de la mesa directiva en ambas Cámaras, que en balde trataron de aplicar sus frecuentes ‘trampitas’ para bajarle el tono a los debates, o quitarle el sonido al micrófono de el más ardiente de los oradores citantes, para desestabilizarlo. Cuando esto ocurrió en este debate, la despreciable trampa se convirtió en un elemento incendiario que enardeció la oratoria del parlamentario a quien desde la mesa directiva trataban de ‘perratear’.

De capa caída

El peor error del Gobierno de Duque fue haber designado a un respetable abogado experto en la exportación de flores y presidente de la Federación Nacional de Comerciante, en uno de los ministerios más complejos y exigente de mucha experticia en la materia. De lo cual Botero carece.

Todo ello ha contribuido a que hoy, sin embargo, tanto Iván Duque como su padrino político Álvaro Uribe, registran menos de 30% de aceptación en las encuestas, números muy por debajo de lo que al menos Uribe está acostumbrado.

Un año de Iván Duque en el poder: «Subpresidente», la pesada carga del presidente de Colombia por ser el elegido de Álvaro Uribe. El gobierno, según los analistas, lleva 15 meses sin terminar de definir su política en el tema que más divide a los colombianos, el acuerdo de paz con las Farc.

Y esa indecisión le ha complicado su relación con el Congreso, con las regiones, con las Fuerzas Armadas y con su propia bancada, que es liderada por Uribe.

La moción, una sanción política

El ministro Botero renunció el miércoles cuando estaba por convertirse en el primer ministro de la historia democrática de Colombia en ser removido por el Congreso. Lo acusaban de haber ocultado un dato: que menores murieron en un operativo del ejército.

Según Botero, el operativo a un grupo disidente de las Farc se desarrolló de acuerdo con normas internacionales. La responsabilidad de la muerte de los menores dijo, es de la guerrilla.

«Es inaceptable que estructuras criminales sigan utilizando a los niños como escudos humanos», señaló Paloma Valencia, senadora uribista, a los medios locales. Y de manera repugnante agregó que el “Ejército está es para matar”.

Botero dimitió ante el riesgo de convertirse en el primer ministro de la historia de Colombia en ser removido por el Legislativo.

Y Duque, en una ceremonia militar el jueves, calificó a Botero como un ejemplo.

«Hoy le expresamos nuestra gratitud, hoy le expresamos que siempre reconoceremos en él la virtud del patriota, del que está dispuesto a dejar la zona de confort y la placidez para entregarle su servicio a un país que, como lo dice ese canto a la bandera, siempre clama tener libertad», dijo el mandatario. Pero la renuncia de Botero no pone fin a la moción en el Congreso.

Esperan un giro político

Si hay algo meritorio en las Fuerzas Militares es la lealtad a la patria, a pesar de que el total de los soldados son de los estratos más bajos de la sociedad o campesinos. Jamás un hijo de empresario o terrateniente ha vestido el uniforme de soldado raso.

«El Congreso espera que el gobierno anuncie un giro de política sustancial y si no lo hace le pueden aplicar la moción de censura», asegura la politóloga Sandra Borda.

Así haya renunciado, la moción puede ser una sanción política y legal de carácter histórico.

«Yo creo que todo el mundo tiene la sensación de que el gobierno está contra las cuerdas; menos ellos, al parecer», sostiene la analista.

¿Oportunidad o «mermelada»?

En ese sentido se pronunció el senador opositor Roy Barreras, líder de la investigación que tumbó a Botero.

«Hay una oportunidad aquí para que el presidente lidere una agenda de país hacia el futuro, que resuelva los problemas en por los menos tres temas: el respeto a la paz firmada, la recuperación de la confianza de la sociedad en las Fuerzas Militares y una agenda económica para recuperar el empleo», afirmó Barreras. A lo cual se agrega la presencia firme y fuerte de las organizaciones de trabajadores (incluidos los profesores), los estudiantes y las organizaciones defensoras de los derechos humanos, que en próximos días llevarán a cabo una marcha en todo el país.

Se trata de un movimiento masivo y fuerte para rechazar las propuestas más injustas que gobierno alguno haya presentado en contra de las clases trabajadoras, de la educación y de los pensionados.

Las propuestas tienden a rebajar los salarios en un 40% por ciento, en un país en el que la clase media y media baja lleva el peso del país de América Latina tiene las tasas más altas en impuestos clave como el del Valor Agregado (IVA), que ya está en el 19% y los empresarios y banqueros quieren que lo suban al 21% “para estrangular más a la clase trabajadora”, según una de las centrales obreras.

Los organizadores de estos movimientos de protestas recuerdan que desde cuando Álvaro Uribe Vélez llegó al Senado de la República en los años 90 y en los dos periodos en la Presidencia de la República, ha arruinado a la clase trabajadora, quitándoles subsidios como los recargos nocturnos, el pago doble de dominicales y festivos, el incremento de los aportes para las primas, la eliminación de dos mesadas a los jubilados, la privatización masiva de empresas como el Instituto de los Seguros Sociales, Adpostal, Telecom, Inravisión, Intervolsa (que quedó en manos, de manera corrupta), del principal miembro de su sanedrín, Fernando Londoño. Y se asegura que la mayoría de las nuevas empresas creadas a partir de la liquidación de las estatales, la mayoría accionaria ha quedado en manos de la familia de Uribe Vélez, hasta el punto de que hoy, dos jovenzuelos, Tomás y Jerónimo Uribe Moreno, sus hijos, figuran en el selecto grupo de los más ricos del país, propietarios de una enorme zona franca en terrenos comprados a precio de remate, con casi todo el comercio de Montería, capital del departamento de Córdoba, en donde han construido centros comerciales de grandes superficies, edificios residenciales y urbanizaciones estrato 6.

Además, en inmediaciones de Montería, capital del departamento de Córdoba, Uribe Vélez tiene su famosa finca de recreación denominada ‘El Ubérrimo’, que, según sus contradictores políticos, “ha ido expandiéndose como por arte de magia en terrenos invadidos que ya aparecen escriturados a nombre del exmandatario nacional”.

A la espera

La enorme ventaja que tiene Colombia frente a los países del vecindario es que históricamente cuenta con unas Fuerzas Militares ajenas al poder y a la ambición políticos.

«Si hay una agenda de futuro, estamos listos a acompañarlo», concluyó en referencia al Legislativo, el congresista vallecaucano Roy Barreras, del Partido de la U (Unidad Nacional).

Duque necesita votos en el Congreso para poner a avanzar sus planes, entre ellos una nueva reforma tributaria después de que la primera fuera frenada por la Corte Constitucional.

Las fuerzas militares de Colombia han sido sacudidas en los últimos tiempos por varios escándalos.

Una de sus principales políticas anticorrupción ha sido no repartir dádivas en el Congreso; o «mermelada», como le conocen en Colombia. La medida le ha valido críticas por supuestamente «no entender las dinámicas de la política».

En la Casa de Nariño enmarcan lo sucedido el miércoles en el debate sobre la «mermelada»: «El presidente fijó una línea diferente al gobierno anterior en el sentido en que decidió no repartir las instituciones estatales y el presupuesto entre los congresistas y ese es un cambio que repercute sanamente en la democracia, porque fortalece la independencia del Congreso, y eso es positivo», le dijo a BBC Mundo el alto consejero para la Seguridad, Rafael Guarín.

«Aquí se ha hecho un debate de control político sobre algunos asuntos relacionados con la gestión del ministro y en una coyuntura donde cambió la relación entre el gobierno y el Congreso», aseguró.

Borda, sin embargo, encuentra que esa presión del Congreso es para que el gobierno se comprometa con la paz: «Esto en otra época se habría resuelto con puestos, presupuesto, de otra forma, pero hoy el Congreso se está convirtiendo en un garante de los derechos humanos y en la preservación del proceso de paz».

Sea por la mermelada o por el ejercicio de la tarea institucional de controlar al gobierno, Duque no cuenta con el apoyo del Congreso pese a tener la minoría más numerosa.

«Está en el peor de los mundos —mantiene Salud Hernández, analista de corte uribista—, porque los de derecha le piden ir más a la derecha y los de izquierda lo acusan de derechista (…) Si quiere cumplir el mandato de las elecciones (presidenciales), debería ir a la derecha», concluye.

La paz, ¿en juego?

El contenido del acuerdo que en 2016 firmaron las Farc con el presidente Juan Manuel Santos tras cuatro años de negociaciones dividió a Colombia.

Tras 60 años de un conflicto que dejó 220.000 muertos y seis millones de desplazados, los críticos lo consideraron un «cheque en blanco» que garantizaría «impunidad» para guerrilleros y la llegada al poder del «castrochavismo».

Y aunque Duque llegó al poder subido en esta ola de rechazo al acuerdo, el presidente no ha terminado de «hacer trizas» el acuerdo, como le piden sus seguidores, pero tampoco, según los defensores, ha puesto muchos esfuerzos en implementarlo.

«El presidente no está decidiendo ni lo uno ni lo otro y en esa indecisión es que crecen estas formas de violencia sectorializadas y estos elementos en ambos bloques que se toman el poder por su mano», afirma el sociólogo y analista Jorge Galindo.

Guarín, de la alta consejería para la Seguridad, disiente: «La discusión sobre si el acuerdo se hace trizas o no es ajena a Duque. El gobierno viene trabajando en la implementación. Es un tema superado. Hay mandatos constitucionales y estamos avanzando en la política de paz con legalidad».

Según varias organizaciones sociales, cerca de 400 líderes sociales fueron asesinados por grupos ilegales desde cuando se firmó el acuerdo.

En agosto, un grupo de disidentes de las Farc, entre ellos dos importantes exnegociadores, anunció su vuelta a las armas porque el «Estado no cumplió el acuerdo de paz».

Iván Márquez, exjefe del equipo negociador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), anuncia que retoma la lucha armada en Colombia

El partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), partido político que se creó en 2017 luego de firmado en 2016 el acuerdo dde paz en La Habana, Cuba, se desmarca del regreso a la lucha armada de Iván Márquez

Y en el Cauca, una zona al suroeste del país especialmente afectada por la presencia de diversos grupos irregulares, solo en una semana asesinaron a dos decenas de líderes indígenas.

«Implementar o no un acuerdo de paz no va a resolver el problema de la violencia en Colombia, porque esto va más allá de este mandato y esta legislatura y la mayoría de los acuerdos de paz, entre un 55 y 60%, suelen fracasar pocos años después por los sacrificios que implican», asegura Galindo.

«Por eso, si el gobierno de Duque no tiene una dirección clara, si no hay una coalición clara que apoye esa línea, al final estos brotes de caos van a seguir sucediendo».

Duque tiene que tomar una decisión, piden analistas uribistas y antiuribistas. Quizá una pista esté en el perfil de la persona que nombre de ministro de Defensa. El mandatario insistió el jueves en el «apoyo» y «agradecimiento» a Botero.

Y su única declaración el miércoles, en la que le dijo «de qué me hablas, viejo» a un periodista que le preguntó por el bombardeo en el que murieron los menores, se hizo viral y blanco de críticas. Fue un ingrediente más para el iceberg.

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Chachareros

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