Análisis: El Apocalipsis climático

309

De Frente: reflexiones sobre los peligros que enfrenta nuestro Planeta sobre la falta de voluntad para cuidar el medio ambiente.

Por Héctor Pineda Salazar/Chacharero

Las noticias sobre el deterioro del planeta tierra, sin tremendismos, podrían compararse con la descripción apocalíptica de la destrucción de Babilonia, según el relato, habitada por demonios, convertida en guarida de cuanto espíritu inmundo, y albergue de aves aborrecibles, desolada, primero, por el rigor de la profilaxis de exterminio de la ira Divina que, según narra el pasaje bíblico, finalmente, fue hundida debajo de la ola descomunal, provocada por la onda de una enorme piedra de molino lanzada por uno de los guardias alados de la puerta del cielo.

Todavía están frescas estas imágenes de los voraces incendios en la Amazonia en agosto pasado. El último pulmón que le queda a la Tierra se ha deforestado y quemado en un gran porcentaje.

La tierra, la “Casa Común” de la que habla el Papa Francisco, como en las narraciones del Libro sagrado, de un tiempo para acá, le han caído las más terribles plagas y sucedido horripilantes cataclismos, aunque, para algunos, las consideran sucesos naturales recurrentes que, finalmente, cumplido su ciclo, desaparecerán, volviendo todo a la normalidad. Sin embargo, cosa distinta opinan los expertos que, en su informe “United in Science” (Unidos en la Ciencia), indican que “las olas de calor en los últimos años han sido las más letales, afectando a todos los continentes”, indican que, durante el verano de este año, el Ártico ha sufrido incendios sin precedentes, sumados a los incendios en la selva tropical de la Amazonía, sucedido en el mes de agosto.

Indican en el mismo informe que, “las mayores pérdidas económicas mundiales han estado ligadas a ciclones tropicales”, haciendo especial referencia sobre la temporada de huracanes en el Atlántico de dimensiones devastadoras con más de 125.000 millones en pérdidas asociadas solo con el huracán Harvey. Preocupa a la comunidad científica la disminución de la extensión del hielo marino indicando que, “la pérdida de masa de glaciares para 2015 – 2019 es la más alta en cualquier período de cinco años registrado”.

Seguramente, con la lectura de estas letras, les parecerá que hablar sobre Apocalipsis climático para la fecha del 2050, año en el cual, si la humanidad no realiza las acciones tendientes a disminuir las emisiones de los gases efecto invernadero (GEI), producido por la combustión de los llamados combustibles fósiles (carbón, gasolina, gas), en un intento por evitar un aumento de temperatura de 2ºC, entonces, el planeta tierra, entrará en una etapa de deterioro irreversible, en una inevitable destrucción.

Dirán, con sarcasmo, que para esa fecha estarán más muerto que los muertos, y allí, parapetados, invocarán esa como razón para no preocuparse y dejar que el asunto le resbale, de poner en otros el interés de a quienes afecta. Otros, menos olímpicos (no es indirecta, ojo), aunque les preocupe los sucesos catastróficos y encuentren razonable las advertencias científicas sobre el fenómeno climático, sentirán impotencia al constatar que las acciones que eventualmente tendrían que hacerse para cumplir la meta de temperatura global, avanzan a paso de morrocoyo y las emisiones de los GEI – provenientes de la movilidad, de las fábricas y actividades económicas como la ganadería -, causantes del fenómeno, aumentan por toneladas y proporciones descomunales, agravado esto por la decisión de abandonar los acuerdos de disminución de emisiones por parte del segundo país, después de China,  que más aporta toneladas de emisiones, los Estados Unidos.

Nada que hacer, afirmarán que nos llevó el que nos trajo, con derrotismo, incluso, llegarán a la negación de procrear descendencia para no traer hijos a un mundo que está condenado, en pocos años, a la tragedia desmoronarse, como merengue en puerta de escuela.

Entonces, pues, el asunto del cambio climático, por sus consecuencias en la economía y sus efectos en pérdidas de vidas humanas, de desaparición de especies animales y vegetales, del surgimiento de enfermedades, de hambrunas anunciadas, de desertificación de grandes extensiones geográficas, de hundimiento de ciudades ribereñas y costeras, convertidas en Atlántidas contemporáneas, indudablemente, no es tema de poca monta. Aunque los gobernantes, financiados en su mayoría con platas de los que viven de la economía fósil, les prestan poca atención a las acciones en su territorio de acciones de adaptación y mitigación, a pesar de ello, la cuestión adquiere color de hormiga, como se dice coloquialmente. Ya es evidente, después de las pandemias que han azotado a la humanidad, sin duda, que el desquicie climático es la primera y gran catástrofe global, en esta oportunidad real, tan destructiva y de efectos devastadores como la de la fábula del Diluvio Universal, con el agravante de que, en esta oportunidad, no habrá Arca para salvarse.

Pero, aun a pesar de la gravedad de los signos del desastre, por estas tierras de Colombia y de Latinoamérica, aferradas a una economía de rentas derivadas de los combustibles fósiles y la extracción minera, los dirigentes políticos y gremiales le sacan el que sabemos al asunto argumentando, entre otras razones, que somos países que aportamos pocas emisiones, en comparación con los llamados países desarrollados y, por lo cual, justifican la inmovilidad diciendo que no nos pueden cargar los costos de un problema del cual no somos los principales responsables. Sin embargo, detrás de la trinchera de aparente razón del argumento, lo que realmente se esconde, hay que decirlo, es la negativa para transformar nuestras economías de rentas de la extracción petrolera y de la minería, por una economía sostenible, no contaminante. Ese, no otro, es el meollo del asunto para contribuir, con responsabilidad, a la contención del apocalipsis climático. El tiempo se agota.

Bogotá D.C. noviembre 22 de 2019

 

 

Compartir.

Acerca del Autor

Chachareros

Chachareros es una invitación a que todos nos envíen sus artículos. La Cháchara los recibe con gusto

Deja un comentario

 Vulnerability scanner