Otra democracia electoral

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Ir a las urnas sin afugias en el estómago ni cadenas en la conciencia es ejercer sanamente la democracia electoral.

EL COMENTARIO DE ELÍAS 

Por, Jorge Guebely 

Votar sin sentir los rigores de la pobreza ni el fuete de cualquier ideología para elegir en plena libertad estomacal y mental. Pensar más en el crecimiento del ser humano y menos en el capital de los capitalistas y de los corruptos menores. Actividad auténticamente democrática de ciudadanos humanamente mayores donde “Cada uno debe ser respetado como persona” según Albert Einstein.

Democracia electoral inexistente en Colombia. Y no puede existir donde el hambre es pan de cada día, pero sin pan; donde las ideologías políticas, religiosas o del mercado pudren la conciencia ciudadana. Deteriorada experiencia política porque la miseria no delibera, se vende; la ignorancia no discierne, se somete, según el pensamiento de Alberdi.

Sin libertad mental ni estomacal no hay democracia electoral. La nuestra está muy enferma. Bello afiche lingüístico para cubrir una purulenta realidad. Pero nos importa reconocer lo que tenemos para saber a dónde vamos, por oprobiosa o por indignante que sea. Reconocer que es el festín de los vampiros electorales. El día en que los famélicos del estómago y el alma reciben la otra mitad del precio de su voto y el zapato del pie derecho y el mercadito para dos días y la teja para cubrir parte del patio y el mendrugo envenenado por el desprecio de las elites.

También es el día en que los drogadictos callejeros reciben su segunda dosis y los habitantes de la calle reciben la cobija vieja. La cima de la droga democrática donde muchos ciudadanos ingenuos reciben promesas de un cargo, de una beca, de una vivienda. El día en que, por un voto, el político promete un futuro esplendido; y el cacique, un contrato; y el patrón, una continuidad. Por un voto, el presidente de la república promete no hacer la reforma pensional, ni la tributaria, ni la laboral; por un voto, se desmarca momentáneamente de las elites financieras y empresariales.

Peor aún, el día en que muchos campesinos, por un voto, aseguran la continuidad de su existencia, se quitan la punta del fusil que apuntaba contra su cuerpo. Así de purulenta es nuestra democracia electoral, así nos toca reconocerla para purificarla con un voto menos famélico, menos ideológico, más humano. Nos toca votar por el menos peligroso, el menos mafioso, el menos troglodita. “Los males de la democracia se curan con más democracia”, afirmaba el político norteamericano de origen humilde, Al Smith.

jguebelyo@gmail.com

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