Maldita paradoja

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“Es muy difícil liberar a un tonto de las cadenas que venera”, afirmaba Voltaire.

EL COMENTARIO DE ELIAS

Por, Jorge Guebely 

El salvajismo de cualquier guerra utiliza niños en las filas y también en el frente. Lo hace el ELN según videos difundidos ampliamente para acusar a Venezuela. Lo hicieron las FARC antes de firmar la paz y lo hará la disidencia en el futuro. También los paramilitares según la investigadora Katherine López.

Niños en las guerras nacionales y mundiales. Los utilizó Hitler al final de su fascismo. También Bolívar en su guerra de independencia comercial y administrativa. Pedro Pascasio Martínez estuvo en la batalla de Boyacá cuando apenas tenía 12 años. Debieron abundar los Pascasios-Martínez en esa guerra liberal. Para cualquier líder guerrerista y pendenciero, todos son soldados, incluyendo los niños.

Guerrerista y pendenciero el gobierno Duque por la impronta Uribe que es guerrerista y pendenciero. Si estuviese verdaderamente preocupado por los niños, promovería la paz, los diálogos con los insurgentes. No buscaría camorra con Venezuela ni Cuba. No atacaría la JEP ni las altas cortes constitucionales. Evitaría el ridículo de un ejército oficial que no gana ninguna guerra, rebajado a aliarse con paramilitares para dar de baja a uno que otro mando medio de los ejércitos ilegales y exhibirlos como falsos grandes trofeos de combate.

Encararía la verdadera guerra en Colombia: la guerra contra el atraso histórico de ciudades y campos, contra el hambre y la injusticia, contra la impunidad y la corrupción… origen y pretexto de todas nuestras guerras militares. Asumiría los acuerdos de la Habana para desvirtuar la creencia popular de que la guerrilla es el mejor amigo del pueblo y el gobierno, su peor enemigo.

Infortunadamente estamos prisioneros en una absurda paradoja. Los pobres rechazan la guerra porque la sufren. Son ellos quienes asumen el sacrificio y ponen los muertos. Les asesinan sus hijos aun siendo niños. Se los roban la insurgencia, los paras y los ejércitos privados. Mueren en manos del ejército oficial en bombardeos y en falsos positivos. Niños que se alimentan con basura o mueren de hambre como desplazados por la guerra. Sin embargo, muchos pobres votan electoralmente por candidatos guerreristas, por partidos guerreristas, por gobiernos guerreristas. ¡Extraña y maldita paradoja!

Eligen sus propios verdugos, el enemigo que les sonríe en periodos electorales, el enemigo oculto y silencioso que resulta más perjudicial que el declarado. Eligen por ignorancia emocional, por el hambre que azota al estómago, por la indignidad que genera la pobreza. Votan contra sus propios hijos. Votan como alienados, como entontecidos. Y “Es muy difícil liberar a un tonto de las cadenas que venera”, afirmaba Voltaire.

jguebelyo@gmail.com

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