Jesús y el Poder

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La cuestión del poder es el corazón de la democracia, en cuanto que ella es el gobierno del pueblo para el pueblo. No obstante, entre nosotros, es mera representación. Con el agravante de no saber, “representación” de qué intereses.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo

En los PDP (Programas de Desarrollo y Paz), hemos procurado que esta democracia sea más participativa a través de la expresión y el fortalecimiento de las organizaciones sociales de base articuladas en sus redes.

Un poder –el del Estado- solo admite límites y evita abusos en la medida en que se confronta con otro poder: el de la gente organizada. Esa es la condición para que la democracia fundamente la libertad individual y l

os derechos humanos en la justicia social y en la equidad económica. En nuestra democracia pasan dos cosas: la libertad es virtual y la mayoría de las personas están excluidas de los bienes esenciales para vivir decentemente.

En tiempos de Jesús la democracia ya estaba planteada, pero solo en una región muy distante de Palestina: en Grecia. Palestina, dominada por el imperio Romano, era gobernada por hombres nombrados por Roma: Herodes, los gobernadores Poncio Pilato, Herodes Antipas, Arquelao y Felipe, el sumo sacerdote Caifás.

En Jesús, el tema del poder va a tener una óptica radicalmente opuesta a la de sus contemporáneos. Antes que mando el poder es servicio. Por ello afirma: “Los Jefes de las Naciones las gobiernan como dueños, y los mismos que las oprimen se hacen llamar bienhechores. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el más importante entre ustedes debe portarse como si fuera el último, y el que manda, como si fuera el que sirve. Porque ¿quién es más importante: el que está a la mesa o el que está sirviendo? El que está sentado, por supuesto. Y sin embargo yo estoy entre ustedes como el que sirve”. (Lucas 22, 25 -27).

Una pregunta lleva a Jesús a invertir la óptica del poder: ¿a quién debe servir el poder en una sociedad desigual e injusta?: a los pobres, a los enfermos y a los excluidos, y esto porque los pobres son «bienaventurados» y en ellos identifica Jesús a sus semejantes.

El poder es una prerrogativa divina para el servicio al prójimo y a la colectividad. Buscado por sí mismo, pervierte y una vez pervertido se cambia la identidad personal por una funcional. El cargo termina siendo más importante que la persona. Es muy grave cuando el poder vuelve posible lo deseable. Atraer veneración y envidia, sumisión y aplausos seduce, pero al final destruye.

Jesús en Palestina se puso al lado de los pobres y defendió sus derechos: «He venido para que todos tengan vida y vida en abundancia» (Jn 10, 10). ¿No será este el indicador más preciso para saber si una sociedad, que se diga democrática, es justa? ¿El derecho de todos a la vida plena?

Padre Rafael Castillo Torres: *Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena.

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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