Alvaro Uribe Vélez, al banquillo

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El expresidente de la República y actual senador acude este martes ante la Corte Suprema de Justicia, en un suceso sin precedentes en la historia reciente de la política colombiana.

Por Rafael Sarmiento Coley/semana.com

Juan Guillermo Monsalve, testigo clave en este candente proceso que este martes comienza en la Corte Suprema de Justicia, con el senador Álvaro Vélez en el banquillo.

Desde hace varias semanas el carácter del dos veces presidente de la República y actual senador, Álvaro Uribe Vélez, es bastante variable. Hubo semanas en que se peleaba hasta con los porteros del Congreso, y poco faltó para que se fuera a las trompadas con el pacífico joven senador barranquillero Mauricio Gómez Amín.

Uribe Vélez, como cualquier trompeador de la zona de Guayabal en su Medellín natal, ya estaba remangándose la camisa para caerle a Gómez Amín, cuando de manera providencial apareció, como ‘el ángel de la guarda’, el también senador barranquillero (del Partido de la U), Eduardo Pulgar Daza, y le cubrió las espaldas a su colega barranquillero y lo sacó ‘volando’ del tinglado en el cual lo tenía rodeado todo el uribismo para caerle en gavilla.

En los últimos días ese Álvaro Uribe cascarrabias se ha convertido en un hombre taciturno y mustio. No es el hombre fogoso y locuaz que los colombianos están acostumbrados a ver en los foros, en la plaza pública, en los diálogos con la prensa y en su escenario natural del Capitolio Nacional, donde ha sido amo y señor por más de 30 años.

Una historia truncada

Cualquier desenlace que tenga este martes su presencia ante los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia – a quienes tanto él como su montón de fieles adláteres han vapuleado por todos los medios, métodos y formas—, lo marcará para siempre. Y es posible que sea el comienzo del evidente declive de un hombre inteligente, audaz, trabajador, animal político, astuto y sutil, que pudo haber pasado a la historia como el líder colombiano de mayor importancia en este siglo que apenas comienza.

Algo inesperado ocurrió en el camino que conducía a Uribe Vélez hacia la inmortalidad como el político más brillante del presente siglo.

Ese algo es lo que con frecuencia arruina la vida de los grandes hombres. Ese algo se mimetiza, se transforma, se esconde y de repente salta como el lobo estepario y acaba con su víctima.

Ese algo puede convertirse en una mujer esbelta, de cabello largo, de buenas caderas, de senos atrayentes, de labios carnosos, graciosa y coqueta, y además inteligente para colaborar en los asuntos políticos. Y ese algo, en cualquiera de las formas que se le presente a un personaje de talante y talento, propiamente se llama La Ambición. Por algo decían los abuelos que “mijo, la ambición rompe el saco”.

En este momento histórico que vive la política colombiana se presentan dos ejemplos categóricos del daño que causa la ambición en personas que, en apariencia, son sensatas y reflexivas. Lo de la más poderosa clase política barranquillera deslumbrada por la belleza y las habilidades de Aida Merlano Rebolledo, y lo de Álvaro Uribe Vélez.

El hombre teflón

Lo más llamativo en el periplo político de este paisa -en sus comienzos joven bonachón, mamagallista, generoso y francote- es que, desde cuando fue Director de Aerocivil en el Gobierno del difunto presidente Virgilio Barco Vargas (cuando, según los investigadores concedió todas las licencias que le pedía Pablo Escobar para sus pistas clandestinas desde donde despachaba sus acciones cargados de coca y retornaban hasta los topes llenos de dólares); cuando fue Alcalde de Medellín; Gobernador de Antioquia, senador de la República y dos veces presidente de la República, ocurrían en sus propias narices las cosas más escalofriantes como masacres; asesinatos sospechosos; magistrados y consagrados periodistas con los teléfonos chuzados; crímenes atroces como el del sociólogo cienaguero-barranquillero Alfredo Correa De Andreís; muertes extrañas en sospechosos accidentes aéreos como el de Pedro Juan Moreno; los más abominables actos de corrupción como Agro Ingreso Seguro y los Bonos Agua; los sobornos con plata, notarías y jugosos contratos para modificar el ‘articulito’ que le permitió su reelección, y las famosas ‘pirámides´’  como la DMG de David Murcia Guzmán, quien no sólo aportó miles de millones de pesos para la campaña de reelección, sino que en su moderna y grandiosa flota de furgones se recogieron las miles de firmas que se requerían para que la reelección fuera con todas las de la ley.

Todos los actores secundarios de esa sucia parafernalia fueron a parar con sus huesos a la cárcel, aquí o en varios países como Estados Unidos, España y Panamá.

A Uribe jamás hubo manera de sindicarlo como el cerebro de todas esas maldades. Por eso se aseguraba que era “el hombre teflón”. No lo manchaba nada. No se le pegaba nada. O como se dice en la Costa Caribe, “carajo, ese tipo tiene cuero de caimán, todo le resbala sin que le haga el menor daño”.

El teatro está listo

Pues ocurre que este martes quien aparecerá en la escena es nadie menos que el actor principal de lo que podría calificarse como la tragicomedia griega de los tiempos modernos.

Semana.com asegura que todo está listo para la cita del expresidente Álvaro Uribe con la justicia. Un grupo de sus escoltas hizo una visita de avanzada el pasado jueves a las instalaciones de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema, donde el exmandatario está citado para rendir indagatoria desde las 8 a.m. de este martes dentro del proceso por presunta manipulación de testigos. El equipo de seguridad inspeccionó el lugar, las vías de acceso y salida, así como el recinto donde se dará la diligencia. Lo que más le preocupa al esquema de seguridad del jefe del Centro Democrático es que justo al frente del edificio de la corte, (calle 72 con carrera 11) está la Universidad Pedagógica desde donde podrían salir encapuchados a alterar el orden público. Por eso, se guarda con hermetismo si Uribe ingresará a pie al edificio por el acceso público o si lo hará por el parqueadero en una camioneta blindada. Su equipo de seguridad tiene todo previsto para cualquiera que sea la opción que tome el senador.

Doctor Uribe, al estrado

Sí. Llegó la hora de la indagatoria al expresidente Álvaro Uribe ante la Corte Suprema de Justicia. Pase lo que pasare, la mitad de los colombianos van a quedar indignados con el veredicto.

Este martes tendrá lugar una diligencia judicial cuya resolución definirá, en buena medida, el futuro político inmediato del país. Se trata de la indagatoria a Álvaro Uribe ante la Corte Suprema de Justicia. La indagatoria es la etapa previa a un juicio penal, y en la historia contemporánea de Colombia ningún expresidente había llegado a esta situación. Algunos creen que se trata del segundo caso después del juicio al general Gustavo Rojas Pinilla, pero en realidad ese fue un juicio político ante el Congreso. Porque, dicho sea de paso, en la llamada ‘dictablanda’ del general Rojas Pinilla hubo más que todo corrupción al más alto nivel –más no la desaforada criminalidad de estos últimos 20 años– orquestada por Samuel Morreno Díaz, el yerno de Rojas Pinilla (esposo de la ‘nena’ María Eugenia Rojas de Moreno, padres del hoy encarcelado exalcalde de Bogotá Samuel Moreno Rojas y su hermano el exsenador Iván). El de Uribe es un proceso penal que decidirán los magistrados del máximo tribunal del país.

Teniendo en cuenta que el expresidente ha sido el político más popular del último medio siglo, si después del llamado a indagatoria se decide llevarlo a juicio, el país podría entrar en un proceso de impredecibles consecuencias. Si lo condenan o lo absuelven, de todos modos, la mitad de los colombianos quedarán indignados. Y como el caso tiene tanto de jurídico como de político, la Corte Suprema de Justicia afronta un reto monumental.

Vinculado a 59 procesos

Iván Cepeda Castro fue estigmatizado por el uribismo como el congresista que ‘compraba’ testigos en contra de Álvaro Vélez. Resultó todo al revés. Era el uribismo quien hacía esas prácticas. El tiro les salió por la culata.

Uribe en la actualidad está vinculado a 59 procesos, 45 en la Comisión de Acusación de la Cámara y 14 en la Corte Suprema de Justicia. Los supuestos delitos van desde injurias y calumnias hasta homicidio, concierto para delinquir y complicidad en masacres, pasando por el espionaje del DAS y la compra de votos en la Yidispolítica para reelegirse. Paradójicamente, el caso que lo tiene en el banquillo de los acusados es menor frente a todos estos. Se trata de un expediente por manipulación de testigos, el cual entrañaría dos supuestos delitos: soborno y fraude procesal.

El senador Iván Cepeda pasó de ser acusado a víctima luego de que la corte decidió abrirle investigación formal a Uribe por presunta manipulación de testigo.

El caso ha sido ampliamente documentado y gira básicamente en torno a estos puntos: 1) Uribe denunció a Iván Cepeda por manipular testigos en su contra. La corte al fallar archivó el caso contra el senador del Polo y le abrió investigación al expresidente. 2) El caso contra Uribe se origina en el testimonio de Juan Guillermo Monsalve, hijo del antiguo mayordomo de una de las fincas del expresidente. Este acusa a Uribe de fundar el bloque Metro. 3) El cargo por manipulación de testigos se basa en que Monsalve asegura que Diego Cadena, el abogado del expresidente, lo habría presionado para retractarse. 4) La principal prueba de la supuesta manipulación serían unas grabaciones que le hizo Monsalve clandestinamente a Cadena, quien lo visitó en la cárcel. 5) Hay otros testigos y otros testimonios, con diferentes grados de credibilidad. Dentro de estos se destaca el exparamilitar Carlos Enrique Vélez, quien sorprendió al presentarse ante la corte con recibos de pagos que le hizo el abogado Cadena para que diera una versión favorable sobre el expresidente.

¿Quién miente en el caso contra Álvaro Uribe?

Los movimientos del paramilitar que aseguró en la Corte haber recibido plata del abogado de Uribe.

Los magistrados que hoy tienen en sus manos el proceso no son los que vivieron agrios enfrentamientos con el expresidente en el pasado por las chuzadas y los seguimientos del DAS. Ahora lleva el caso la nueva Sala Especial de Instrucción, conformada por seis togados ajenos a las disputas. Dirige la investigación el respetado jurista César Reyes Medina, pero los seis miembros tomarán las decisiones. Si esta sala, al concluir la investigación, decide acusar a Uribe, también una nueva sala, la de Juzgamiento, conformada por otros tres magistrados distintos, emitiría la sentencia absolutoria o condenatoria.

El caso de Álvaro Uribe ante la Corte Suprema de Justicia definitivamente no es blanco o negro. Es una gran zona gris donde hay elementos tanto a favor como en contra del exmandatario.

Esos magistrados tienen una papa caliente de dimensiones históricas. Los dos delitos que le endilgan a Uribe, soborno y fraude procesal, podrían significarle entre seis y ocho años de cárcel en caso de perder el juicio. Pero aún falta mucho para esa eventual fase. Después de la indagatoria, que apenas arranca este martes, los magistrados deben decidir dos asuntos cruciales: si ordenan precluir el caso o si formulan acusación contra el exmandatario. Y si hacen lo segundo, también deben determinar si imponen alguna medida preventiva contra él antes de llevarlo a juicio. Como el tema es tan delicado, se anticipa que los magistrados no se precipitarán a tomar ninguna decisión, sobre todo en época electoral. También se da por descontado que no habrá detención preventiva, medida que, en teoría, podrían adoptar.

La controversia

Muchas de las decisiones del caso Uribe dependerán del alcance y credibilidad que los magistrados les atribuyan a las gestiones del controvertido abogado Diego Cadena. De momento está claro que este hizo desembolsos a varios exparamilitares para que rindieran testimonio favorable al expresidente. Las cifras que reconoce Cadena son insignificantes. Al exparamilitar Carlos Enrique Vélez le habría dado cerca de 4 millones de pesos, dos de los cuales le describió a la corte como un “auxilio humanitario”. El abogado, además, recalcó que nunca se le pidió a los testigos decir mentiras, sino justamente lo contrario: que declararan nada más que la verdad.

Dos millones para gastos de logística de un testigo no necesariamente constituye un soborno. Pero 40 o 200 millones sí.

Vélez, el beneficiario de ese “auxilio humanitario”, tiene una versión diferente. Aseguró que Cadena le habría ofrecido 200 millones de pesos, de los cuales solo le pagaron 40, aunque el testigo únicamente entregó soportes a la corte por 8 millones. El monto de la plata es un elemento muy importante, pues 2 millones de pesos para gastos de logística no necesariamente constituyen un soborno, pero 40 o 200 sí. En todo caso, aunque no hay ninguna evidencia directa que muestre la participación del expresidente en estos hechos, la inculpación parte de la premisa de que el abogado actuaba a su nombre.

Diego Cadena es un polémico abogado que se encargó de recorrer cárceles recopilando testimonios favorables a Álvaro Uribe. Este jurista tiene tres investigaciones abiertas por suplantación y fraude a la justicia.

Por la Corte Suprema también pasó a rendir declaración la exparamilitar Eurídice Cortés, alias Diana, quien declaró que recibió 700.000 pesos de Cadena para gastos de transporte. Según su testimonio, Álvaro Uribe no tiene nada que ver con la creación del bloque Metro y la plata que recibió no la considera un soborno.

Cuidando al testigo

Diego Cadena, un abogado que ha resultado bastante travieso y peligroso, quien ha sido descubierto como el hombre que carga un maletín lleno de plata para comprar testigos que cambien su versión en favor de Uribe y en contra de Cepeda. Es como cierto abogado costeño convertido en payaso y multimillonario de la noche a la mañana, con relojes Rolex en cada muñeca, avión privado y mansiones en Miami, Bogotá, Barranquilla y Montería.

Con relación al testigo más importante, Juan Guillermo Monsalve, no hay dinero en efectivo, pero sí grabaciones. Ese fue el famoso episodio en que este grabó a su compañero de celda, Enrique Pardo Hasche, con un reloj espía. De esas grabaciones se puede deducir que no solo Cadena, sino también Pardo Hasche presionaban para que Monsalve cambiara su testimonio a favor de Uribe. Convencieron al testigo de hacer una carta de retractación, la cual escribió con ayuda de Pardo. Además de esto, el abogado Cadena le ofreció a Monsalve revisar su caso.

Los magistrados que hoy tienen en sus manos el proceso no son los que vivieron agrios enfrentamientos con el expresidente en el pasado por las chuzadas y los seguimientos del DAS. Ahora lleva el caso la nueva Sala Especial de Instrucción, conformada por seis togados ajenos a las disputas.

Como este testigo está condenado a 40 años de cárcel, la corte podría interpretar que la oferta de revisarle el caso pueda ser parte del concepto de soborno. Sobre este asunto concreto hay una interceptación en la que Uribe autoriza a Cadena para que le ofrezca la revisión jurídica al detenido.

El testigo Juan Guillermo Monsalve alertó a la corte de que supuestamente lo estaban presionado para hacerlo retractar.

Alrededor de la carta de retractación hay todo un episodio de película. Monsalve, quien la firmó, se la entregó a su esposa y le dijo que se presentara ante la corte. Cuando esto sucedió, los magistrados le dijeron a ella que si estaba dispuesta a colaborar con unos micrófonos ocultos para ver qué decía Cadena cuando se la entregara. Así se hizo, y la conversación entre la mujer y Cadena quedó grabada no solo en audio, sino en video por agentes del CTI clandestinamente. Hoy esa carta reposa en el expediente con una aclaración final escrita de puño y letra de Monsalve, que dice “esta retractación fue hecha bajo presión”.

Teniendo en cuenta que el expresidente ha sido el político más popular del último medio siglo, si después del llamado a indagatoria se decide llevarlo a juicio, el país podría entrar en un proceso de impredecibles consecuencias.

Otro elemento de este complejo caso es quién tuvo la iniciativa de las reuniones entre las dos partes. La defensa de Uribe dice que se trató de una trampa y que fue Monsalve quien buscó a alguien cercano al expresidente para enredarlo en alguna situación comprometedora. Álvaro Uribe siempre ha sostenido que él no busca testigos, sino que se limita a reaccionar cuando le dejan saber que estos tienen información relevante. Eso, en la práctica, quiere decir que según él varios testigos le han comunicado que Iván Cepeda los ha contactado para que declaren en su contra.

Lombana y Granados, en guardia

Para el expresidente el orden de las cosas es un factor determinante. Cuando alguien quiere hablar con él, no hay ninguna razón para que no reciba esa información. “El doctor Uribe, sin saber que era una trampa de Monsalve, le dijo a uno de sus abogados, Diego Cadena, que fuera a ver qué es lo que quería decir ese testigo”, explicó el abogado samario Jaime Granados, defensor titular de Uribe. También aclara que entre miles de interceptaciones de conversaciones del expresidente que contiene el proceso no hay una sola en la que se le oiga a él dando una instrucción ilegal. Y sobre la autorización que le dio a Cadena para revisar el caso de Monsalve, los abogados de Uribe insisten en que cada vez que un penalista visita una cárcel los presos siempre piden que les echen una mano con su proceso. Por lo tanto, para ellos esa conversación es rutinaria.

El caso del abogado Diego Cadena

El exparamilitar Carlos Enrique Vélez es otro testigo clave en el juicio histórico que empieza este martes, y del cual los colombianos esperan que se falle en justicia.. No importa que haya quintacolumnista metiendo miedo dizque por lo grave que podría pasar si fallan en contra de Uribe. ¿Entonces para que están la Fuerza Aérea, la Armada, el Ejército, los Esmad, la Policía, el CTI?

Como se desprende de lo anterior, el caso de Álvaro Uribe ante la Corte Suprema de Justicia definitivamente no es blanco o negro. Es una gran zona gris donde hay elementos tanto a favor como en contra del exmandatario. Para los uribistas, por ejemplo, resulta inconcebible que la corte no haya considerado delito los beneficios que le ofreció Iván Cepeda a los presos que visitó en las cárceles para que testificaran contra Uribe. Para ellos, si las visitas de Cadena son delito, las de Cepeda también tienen que serlo. El senador del Polo Democrático ofrecía seguridad para los testigos y sus familias, y en algunas ocasiones auxilio económico a través de una ONG de izquierda. La corte explica en el fallo esta asimetría con el argumento de que Cepeda nunca entregó directamente prebendas. Lo hicieron algunas ONG que aportaron los soportes contables de gastos específicos en hoteles y pasajes para proteger a familiares de los presos ante evidentes situaciones de riesgo.

Álvaro Uribe siempre ha sostenido que él no busca testigos, sino que se limita a reaccionar cuando le dejan saber que estos tienen información relevante.

Una explicación más probable, aunque nadie lo reconocería, es que los magistrados llegaron a la conclusión de que Cepeda ofrecía beneficios para que testigos asustados dijeran la verdad, y que Cadena lo hacía para que dijeran lo que necesitaba. Aun si eso fuera verdad, es un asunto tan subjetivo que resulta imposible de demostrar.

Lo que escribió Daniel Coronell

Los abogados de Uribe ven en este proceso bastantes irregularidades. Para comenzar, señalan que antes de llamarlo a indagatoria se le podría haber aceptado la versión libre que él por iniciativa propia ofreció. Eso no hubiera significado que no podía seguir la indagatoria después, pero hubiera sido al menos un acto de cortesía con un expresidente de la república. También cuestionan que dentro del expediente obren interceptaciones del teléfono del expresidente obtenidas en otro proceso y justificadas como un accidente involuntario. Esto se refiere a que en una investigación contra el excongresista Nilton Córdoba Manyoma el CTI, por orden de la corte, interceptó varias líneas y una de ellas acabó siendo la de Uribe. A sus abogados no los convence el argumento de que solo después de un mes los analistas de ese organismo se dieron cuenta del error. Granados y Jaime Lombana, defensores titulares de Uribe, aseguran que la voz del exmandatario es inconfundible y que no hay muchos colombianos a quien todo el mundo salude con la palabra “presidente”.

Pero lo que más complica este caso para llegar a una decisión justa es que la gran mayoría de los testigos han dado versiones cambiantes. Es un proceso con muchas mentiras, y como la mayoría de las versiones provienen de delincuentes, termina siendo la palabra de uno contra el otro, y no es nada fácil llegar a la verdad.

La actuación del abogado de Uribe -Diego Cadena- en relación con los testigos, particularmente con Monsalve, tiene mal sabor. La pregunta crucial será si lo que este hizo configura los delitos de soborno y fraude procesal, y si Uribe puede llegar a ser responsable de los actos de su abogado. Mientras este proceso está en curso, la polarización del país va a estar al rojo vivo. El Centro Democrático ya anunció marchas a favor de su jefe para este martes, día en que está programada la indagatoria. Los antiuribistas, por ahora, no están marchando, pero no son igual de fanáticos. El desafío para la Corte Suprema de Justicia es muy grande. Todo el país estará pendiente.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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