¡Sonríe, Jamaica!

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El escritor Efraín Villanueva nos cuenta esta historia sobre Bob Marley, específicamente alrededor del intento de asesinato que sufrió el 3 de diciembre en 1976.

Por Efraín Villanueva

Ubicada en el 56 de la calle Hope Road, en Kingston, Jamaica, la Casa Tuff Gong era una mansión tropical protegida por una verja metálica y árboles de mangos. Durante años, perteneció a una jamaiquina blanca, pero su matrimonio con un jamaiquino negro provocó disconformidad y recriminaciones de sus vecinos y la pareja decidió vender su propiedad y abandonar el barrio. Más tarde, Bob Marley la adquiriría y se convertiría en una casa abierta para músicos y locales.

Fue allí en donde Marley y su banda ensayaban el 3 de diciembre de 1976. Debido a recientes amenazas de muerte que el cantante había recibido, se llegó a un acuerdo con miembros de la pandilla Echo Squad para vigilar el complejo. Alrededor de las 8.30 de la noche, dos Datsun, a toda velocidad, destrozaron la compuerta. Misteriosamente, ninguno de los vigilantes se encontraba en su puesto en ese preciso instante. Entre siete y ocho hombres se apearon de los autos y se apresuraron al interior de la residencia. En el momento en el que se escucharon las primeras ráfagas, la banda practicaba I Shot the Sheriff. Los invasores recorrieron cada habitación y en todas ellas dispararon sus armas.

Una mano cargando un revolver se asomó por la puerta del estudio y disparó hasta vaciar su tambor. Los músicos, algunos de ellos heridos, se refugiaron en un baño, esperando a que los atacantes llegaran a rematarlos. Otro asaltante, este con un arma automática, sorprendió a Marley, a Don Kinsey (guitarrista de la banda) y a Don Taylor (representante de Marley) en la cocina. Kinsey salió ileso, Taylor recibió cinco disparos y Marley una bala en el pecho que se alojó en su brazo izquierdo. Tiempo después, Kinsey aseguraría que Marley estaba en la mira del atacante, totalmente expuesto e indefenso y que si no lo mató fue porque no tenía intención de ejecutarlo.

¡Sonríe, Jamaica!

Bajo el gobierno del primer ministro Norman Manley, a principios de la década de 1970, Jamaica atravesaba por un momento político más que complicado. Manley estaba impulsando medidas izquierdistas que, por supuesto, no eran del agrado de los sectores políticos tradicionales. A un oficial del gobierno se le ocurrió que una buena forma de caldear los ánimos y unificar al pueblo sería a través de un concierto. Marley sería el invitado principal, pero lo acompañarían otros grupos nacionales. También se ha dicho que el evento fue, en realidad, una propuesta de Marley, inspirado por el concierto que, el año anterior, Stevie Wonder ofreció en Jamaica a beneficio de niños ciegos.

Lo cierto es que Marley no tenía interés en que el concierto adquiriese tonos políticos, pero fue inevitable. Por un lado, se anunció que el espectáculo era copatrocinado por el Ministerio de Cultura y, casi inmediatamente después, Manley convocó a nuevas elecciones. Por el otro, Marley había expresado con anterioridad su apoyo hacia el PNP, el partido de gobierno. Todos estos detalles unidos crearon un vínculo entre el concierto y las elecciones que terminó resonando con fuerza en el público. Al concierto se le llamó Sonríe, Jamaica, el nombre de un reciente éxito musical de Marley. El espectáculo, que también se había asumido como una forma de demostrar que el movimiento rastafari podía ayudar en el proceso de unificación que tanto requería la nación, también sería el motivo de las amenazas recibidas por Marley y, probablemente, del atentado.

El concierto

Carly Colby, cineasta estadounidense llegó a Kingston para filmar un documental sobre Marley y el concierto. Recién aterrizados en la ciudad, él y su equipo estaban desempacando cuando les llegó la noticia del atentado. Marley fue dado de alta con prontitud y al día siguiente lograron reunirse con él. Recorrieron la Casa Tuff, sangre y agujeros de balas por todos lados, y recrearon los hechos con él. Marley incluso tuvo tiempo y disposición para conceder una corta entrevista en la que habló de música, de la radio, de Nueva Orleans, de la situación política de Jamaica.

Fue un momento surrealista. Marley respondía preguntas sin apuros, fumando con tranquilidad, como si no hubiese estado a punto de perder la vida solo unas horas antes. Como si la casa no estuviese custodiada por las Doce Tribus, una organización rastafari a la que pertenecía. Como si no hubiese hombres con machetes escondidos en las copas de los árboles y en la vegetación, protegiéndolo de cualquier nuevo ataque potencial. Como si Taylor, en condición crítica, no hubiese sido evacuado de emergencia a un hospital en Miami. Como si Rita, su esposa, no hubiese recibido un tiro en la cabeza.

Pero más tarde aquella misma noche, Marley se debatía entre presentarse o no al concierto el día siguiente. El Profeta Gad, fundador de las Doce Tribus, le brindó su apoyo incondicional, cualquiera fuese su decisión. La mayoría de sus allegados le aconsejaban cancelar, les parecía demasiado peligroso. Al gobierno, por supuesto, le convenía que cantara y le insistió en ello. Jeff Walker, productor de la disquera Island Record, le habló con solemnidad a Marley: si no se presentaba, estaría favoreciendo a quienes lo habían atacado. Marley le respondió que solo subiría al escenario con una ametralladora. “Tu guitarra es tu ametralladora, Bob”, le respondió Walker. Todos se carcajearon por lo cursi de la ocurrencia.

Mucho se rumoró sobre las razones del tiroteo. Existía la posibilidad de que el objetivo del atentado no fuese Marley sino Taylor, quien parecía haber contraído deudas de apuestas con la mafia local. O Skill Cole, el amigo más cercano de Marley, quien estuvo involucrado en el arreglo de una carrera de caballos. Colby, el cineasta estadounidense, era hija de William Colby, exdirector de la CIA, así que algunos sospecharon que era un operativo de la agencia. La teoría más aceptada de todas, sin embargo, acusa a los líderes del JLP, el partido de oposición, de haber perpetrado el atentado.

La noche del concierto, cincuenta mil personas (o sesenta mil o setenta mil, ninguno de los testigos parece ponerse de acuerdo) empezaron a congregarse a las seis de la tarde, esperanzadas de que Marley apareciese en el escenario. Sin embargo, ningún anuncio oficial se había efectuado hasta el momento. Mientras tanto, Cat y Third World y otras de las bandas programadas se encargaron de entretener al público durante horas.

Sorprendentemente, Rita estaba fuera de peligro y, con la cabeza todavía vendada, salió del hospital para reunirse con Marley en su escondite. Le insistió en no presentarse al concierto. Pero para el cantante, quien había estado escuchando los gritos y aplausos de los asistentes a través de un walkie-talkie, la decisión estaba tomada.

Walker le había prometido a Marley que, si cantaba, él estaría a su lado para protegerlo. No sólo el cumplió. El escenario estaba repleto de cantantes, de personal de logística, de músicos, incluso unos pocos soldados armados únicamente con radios. Rodeaban a Marley, lo protegían. Cuando vio a su ídolo, herido, pero de pie, en la tarima, el público vitoreó y una reacción apoteósica, casi espiritual, se extendió por el resto del parque. Marley les señaló su brazo vendado, se acercó al micrófono y los saludó: “Intentaron hacerme esto. Me dispararon aquí y aquí y aquí me rozaron. Intentaron herirme, pero no pueden detenerme”.

* Con información de So Much Things to Say – The Oral History of Bob Marley (W.W. Norton & Company, 2017) de Roger Steffens.

Efraín Villanueva (@Efra_Villanueva). Escribe novelas, cuentos y artículos culturales. Su primer libro, Tomacorrientes inalámbricos (2018), fue galardonado con el Premio de Novela Distrito de Barranquilla. Su primera colección de cuentos, Guía para buscar lo que no has perdido (2019), fue ganadora del Concurso Nacional de Cuentos de la Universidad Industrial de Santander. Es MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Iowa y tiene un título en Creación Narrativa de la Universidad Central de Bogotá. Sus trabajos han aparecido, en español, inglés y alemán en publicaciones como Granta en español, El Heraldo, El Tiempo, Arcadia, Huffington Post Deutschland, Vice Colombia, Literal Magazine, Roads and Kingdoms, Little Village Magazine, entre otros. Actualmente vive en Alemania, en donde prepara su próxima novela.

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Chachareros

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