Nancy Pelosi impulsa la destitución de Donald Trump

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La presidenta de la Cámara cuenta con el respaldo de su partido demócrata para promover el impeachment.

Chachareros/elpais.es/BBC/Reuters/EFE/pulso/AP

 

Todo empezó por la supuesta petición del mandatario de Estados Unidos a su homólogo de Ucrania, Volodymyr Zelensky, que investigase a los Biden.

El contenido de la llamada telefónica entre ambos mandatarios recoge la insistencia del estadounidense en las pesquisas sobre su rival político y su hijo. Será el arma de los demócratas para impulsar ‘el impeachment’

Donald Trump pidió insistentemente al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que investigase a su principal rival político del momento, el demócrata Joe Biden, y al hijo de este, Hunter Biden, por sus negocios en Kiev, en una conversación telefónica mantenida el pasado 25 de julio. En esa llamada, el mandatario neoyorquino señaló repetidas veces que hará que su abogado personal, Rudy Giuliani, y el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, le llamen. “Y llegaremos al fondo del asunto”, dice. Así consta en la transcripción de esa charla hecha pública este miércoles por orden del propio Trump al día siguiente de que los demócratas hayan activado la investigación formal para un impeachment o destitución a raíz de este último escándalo.

Ha sido un saludo a la bandera

«Voy a aprovechar esta cacería de brujas para hacerme el dormido», parece decir Donald Trump, con su dedo levantado como pidiendo la palabra. Pero no dice nada.

El impeachment es una herramienta constitucional que nunca ha echado a un presidente. “Se está hablando mucho del hijo de Biden [Hunter Biden, que tenía negocios en Ucrania mientras su padre, el demócrata Joe Biden, era vicepresidente con Barack Obama], que Biden detuvo la investigación y mucha gente quiere saber sobre eso, así que lo que puedas hacer con el fiscal general [de EU]será genial. Biden fue por ahí presumiendo de que había detenido la investigación, así que si puedes mirar eso… Suena horrible para mí”, dice en un momento de la charla. “Haré que Giuliani te llame y también que el fiscal general te llame y llegaremos al fondo del asunto. Estoy seguro de que lo resolverás”, afirma hacia el final de esa charla, para acto seguido rematar: “Vuestra economía va a ir mejor de lo que yo predije”.

El presidente también pide que se indague sobre la empresa Crowdstrike, la firma con sede en EU que se encargó de examinar el robo de correos del Partido Demócrata en verano de 2016 -una de las grandes operaciones de la trama rusa de injerencia electoral- y lo atribuyó a Rusia. «Quiero pedirte un favor», esas son las palabras con las que arranca el caso que acaba de cambiar que queda era Trump y de la campaña electoral de 2020.

La imagen real de un búfalo, viejo y cansado, que, a pesar de todo, sigue haciendo daño a quien trate de quitarle un poquito de su confuso poder.

Fuentes del Departamento de Justicia han negado que esa llamada prometida por Trump llegase a tener lugar, pero la bomba política ya ha estallado. El contenido de la conversación entre Trump y Zelenski, recogido un memorando elaborado por el personal de inteligencia, será una de las principales armas de los demócratas para poner en marcha la maquinaria del impeachment. El magnate insiste en que sus comentarios no suponen presiones, pero la forma en que aborda el asunto, ofreciendo la colaboración de su abogado personal, del propio Departamento de Justicia, y la reiteración son dinamita, independientemente de dónde desemboque el asunto.

“Fue una llamada perfecta”

Esta tarde, en su primera rueda de prensa tras el escándalo, insistió en que la llamada «fue perfecta». «La caza de brujas continúa, pero van a salir muy mal parados de esta porque cuando miran la información es una broma. ¿Impeachment por eso? ¿Cuándo has tenido una reunión maravillosa, una conversación maravillosa?», defendió. También atacó a Biden, a quien acusa de maniobrar cuando era vicepresidente para frenar investigaciones sobre su hijo.

«¡Yo acuso!», parece gritar Donald Trump. Pero, ¿A quién acusa? ¿A Nancy Pelosi que lo quiere tumbar? ¿O a Biden que empezó su carrera para disputarle la Presidencia el próximo año?

Para buena parte de la oposición, sin embargo, es evidente la maniobra de influencia sobre un Gobierno extranjero con el fin de perjudicar las posibilidades electorales del exvicepresidente de Barack Obama, este verano claro favorito en las encuestas de las primarias demócratas. Un denunciante anónimo presentó la queja y el director interino de Seguridad Nacional, Joseph Maguire, rechazó entregarla al Congreso, lo que supone un incumplimiento de las normas. Esta tarde estaba previsto que esa denuncia se entregase a la Cámara. Y este jueves, estaba prevista la comparecencia de Maguire ante el Congreso.

Un Zelensky sumiso

En la llamada, Zelensky se muestra, además, complaciente en la llamada con el presidente del país más poderoso del mundo y tampoco sale bien parado de la publicación de sus palabras. Cuando Trump se queja del trabajo del fiscal anterior, que no halló motivos para procesar a Hunter Biden, Zelenski responde: “Estoy al corriente de la situación. Como hemos ganado la mayoría absoluta en el Parlamento el próximo fiscal general será 100% mi persona, mi candidato”.

La tormenta política estalló en plena Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, apenas unas horas antes de que Trump y Zelensky se reunieran en persona. «Creo que ya lo han leído ustedes todo, no quiero involucrarme en las elecciones de EE UU. Tuvimos una buena llamada telefónica, hablamos de muchas cosas… Nadie me empujó», respondió Zelensky en su reunión con Trump. El estadounidense insistió: «No hubo presión».

El presidente ucranio ya había tratado de salir al paso un rato antes bromeando sobre las presiones: «La única persona que puede presionar es mi hijo, que tiene seis años”, dijo a un grupo de reporteros, según recoge Reuters. “Nadie puede presionarme porque soy el presidente de un Estado independiente”, recalcó. Pero las palabras de esa charla de julio muestran que al hay al menos otra persona en el mundo, además de su hijo de seis años, con gran ascendente en él.

Un elemento crítico de este caso consiste en si Trump usó las ayudas estadounidenses a Ucrania como un mecanismo de presión. La Administración tenía retenidos 391 millones de dólares cuando tuvo lugar esa conversación, aunque se acabaron entregando en septiembre. En ningún punto de la charla aparece dicho asunto, si bien el mandatario estadounidense resalta desde el principio de la conversación todo el “esfuerzo y el tiempo invertidos” en su país. «Estados Unidos ha sido muy, muy bueno con Ucrania», añade, «no voy a decir que sea recíproco porque las cosas que están pasando no son buenas», sin concretar qué es eso que debería hacer Ucrania para que el buen trato sea recíproco.

Este caso ha supuesto el detonante final para convencer a los demócratas más recelosos de la necesidad de impulsar un proceso de impeachment contra Trump. Se trata de un proceso muy complejo, que difícilmente prosperará con el Senado de mayoría republicana, y que en ocasiones tiene un efecto boomerang contra el partido que lo pone en marcha, como demostró el proceso abierto contra Bill Clinton en 1998 (el presidente demócrata acabó ganando popularidad) a raíz del caso Lewinsky.

Trump ha reaccionado como lo hizo con la trama rusa, declarándose víctima de una “caza de brujas”. El fiscal especial de este caso, Robert S. Mueller, confirmó la injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales de 2016, con el objetivo de favorecer la victoria del republicano frente a la demócrata Hillary Clinton, pero no halló pruebas de colusión por parte del magnate neoyorquino o su entorno. Tampoco fue concluyente sobre si veía un delito de obstrucción a la justicia, alegando las limitaciones jurídicas de procesar a un presidente en ejercicio, y señaló que era el Congreso el que puede llevar a cabo un proceso de este tipo, gracias a esa destitución previa.

Una conversación mantenida el 24 de julio ha cambiado radicalmente el panorama. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció el martes por la tarde la apertura de una investigación formal para el proceso de destitución alegando que el presidente de EE UU había cometido “traición a su juramento del cargo, a la seguridad nacional y a la integridad de las elecciones».

¿Qué es el impeachment?

Así funciona este juicio político. Los analistas coinciden en que tiene poca capacidad de prosperar. Nunca este proceso de destitución ha echado a ningún presidente.

La presidenta del Congreso de Estados Unidos, Nancy Pelosi, anunció este martes la apertura de un juicio político o proceso de impeachment contra el presidente Donald Trump. El fantasma llevaba tiempo sobrevolando al mandatario, sonó en más de una ocasión y había generado incluso una gran división en el Partido Demócrata, entre sus partidarios y sus detractores. Pero el detonante han sido las supuestas presiones de Trump a su homólogo ucraniano Volodimir Zelenski el pasado mes de julio para que investigara los negocios en el país del hijo del aspirante presidencial demócrata Joe Biden y así perjudicar la candidatura de su rival político de cara a las elecciones del próximo año.

Las filtraciones por parte de un miembro de Inteligencia al advertir de esta presión por parte de Trump han provocado tal revuelo que han terminado por decantar la balanza dentro del Partido Demócrata del lado de los partidarios del impeachment y convenciendo a una Nancy Pelosi poco amiga en un principio de iniciar un proceso de esta envergadura por creerlo muerto antes incluso de ponerlo en marcha.

Un escándalo de tal envergadura ya no se podía pasar por alto, con el añadido de que Trump sí ha reconocido que habló con Zelenski del exvicepresidente Joe Biden y de su hijo, Hunter, aunque no se ha referido al alcance de la conversación. Hoy a mediodía, además, la Casa Blanca ha ordenado desclasificar un resumen de la llamada, que viene a confirmar la principal acusación de los demócratas contra el magnate.

Con todo, la reacción del presidente ha sido inmediata y ha calificado de «caza de brujas» el procedimiento abierto por Pelosi.

Al iniciar este proceso, el poder Legislativo pretende someter a escrutinio en el Senado al presidente, porque se considera que ha violado la ley «y nadie está por encima de ella», remarcaba ayer la jefa de la Cámara de Representantes. Eso sí, este cuarto juicio político que el Congreso estadounidense inicia en toda su historia tiene muy pocas posibilidades de salir adelante y Trump podría salir incluso reforzado de cara a las elecciones del próximo año.

Trump, ¿más cerca del impeachment?

Según refleja la Constitución del país, el presidente, el vicepresidente y todos los funcionarios civiles de país «serán destituidos de su cargo por acusación y condena por traición, soborno u otros crímenes y delitos menores». Pero en la práctica, el Congreso puede iniciar el proceso de destitución debido a una actividad criminal, a abusos de poder o a cualquier otra presunta infracción.

No obstante, la mayoría de expertos coincide en que es una operación complicada, difícil que prospere, ya que pese a que los demócratas tienen la mayoría en la Cámara Baja, -donde una comisión judicial inicia el trámite, emite una dictamen con los cargos que se juzgan, y los somete a votación- luego tendría que pasar el visto bueno del Senado -donde se celebraría el juicio propiamente dicho-, y donde el predominio republicano hace prever que la iniciativa no saldrá adelante.

Pelosi necesita 218, la mayoría simple del Congreso, para iniciar el procedimiento. De salir adelante, pasan al Senado, donde se celebra ya sí el juicio político. En este punto, los miembros de la Cámara de Representantes harían las veces de fiscales, los senadores actuarían de jurados y el presidente del Tribunal Supremo ejercería de supervisor máximo. La condena y destitución del inquilino de la Casa Blanca requiere en este caso del voto a favor de dos tercios de los cien senadores para que el presidente fuese declarado culpable.

No obstante, la mayoría republicana en el Senado, que debe también aprobarlo, supone que la iniciativa no llegará a ningún lado. Aunque los senadores debatirían el veredicto en privado, tras escuchar los argumentos a favor u en contra, la votación de ese veredicto se realizaría en una sesión pública, recoge EFE.

La gota que ha colmado el vaso

La Cámara de Representantes, donde los demócratas cuentan con mayoría, pretende analizar si Trump intentó obtener ayuda de las autoridades de Ucrania en un caso contra Joe Biden, favorito entre las filas del Partido Demócrata para las presidenciales de 2020. Según publicaba el lunes The Washington Post, antes de hablar con Zelenski y para ejercer mayor presión Trump habría dado órdenes a su jefe de Gabinete para bloquear alrededor de 400 millones de dólares en pagos a Ucrania (por una partida del Pentágono para armamento y otra para seguridad marítima).

Es el momento más tenso que viven los dos tradicionales partidos políticos estadounidense: el Republicano del presidente Donald Trump, y los Demócratas que tienen a Nancy Pelosi en la presidencia de la Cámara. ¡No se quieren ni ver!

Sobre cómo afectará al mercado todo este proceso, sí que es cierto que la noticia ha provocado cierto nerviosismo en el mercado, pero los expertos sugieren que no hay motivos para la preocupación.

En este sentido, el analista económico Juan Ignacio Crespo comenta que el comportamiento de las bolsas durante los respectivos procesos de impeachment de Richard Nixon y de Bill Clinton estuvo tan mezclado con otros elementos desestablizadores que es muy difícil averiguar qué parte es la que puede atribuírsele. «En el caso de Nixon, coincidió con la primera crisis del petróleo (1973-1974): cuando renunció a la Presidencia -e interrumpió el proceso- el Dow Jones había caído un 25%, pero, tras la renuncia, cayó un 20,7% adicional», comenta el experto. «En el caso de Clinton las Bolsas cayeron un 10% pero la caída coincidió con la crisis abierta por la quiebra (y el posterior rescate forzado por la Fed) del fondo de inversión libre LTCM. Para cuando el impeachment fue desestimado por el Senado, el Dow Jones había subido un 20% y el S&P 500 un 28%». El tercer precedente queda ya lejano: Andrew Johnson, en 1868.

Las lecciones que deja este historial de la política de moral calvinista de Estados Unidos, es que pocas veces se equivocan en cuanto a la escogencia de un presidente que, por encima de todo, defienda a los ciudadanos de Estados Unidos. No importa que sea déspota y le ponga trampas a sus ocasionales rivales (como lo hace Trump), mientras la economía se mantenga boyante.

A diferencia de otros pueblos que eligen a personajes víctima demencia senil, como es el caso de la Alemania con Hitler y su macabro holocausto. Y, sin ir muy lejos, lo que se vive en Colombia con un ‘caudillo’ con indiscutible poder para embaucar a las masas, que ahora envió a su sanedrín a las calles a promover un plebiscito para tumbar a las altas cortes que lo están juzgando por delitos evidentes producto de una mente que ya no está en sus cabales. Es tan cierto lo que dice uno de sus fanáticos, que su jefe político «es el hombre más inteligente que he conocido en mi vida».Tanta inteligencia lo tiene listo de candidato para una clínica de reposo con psiquiatras especializados en demencia senil temprana.

 

 

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