Mentiras asesinas

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“Las grandes masas sucumben más ante una gran mentira y menos ante una pequeña”, afirmaba Hitler.

Por Jorge Guebely

En periodos electorales o de guerra, dos caras de una misma y monstruosa moneda, proliferan las mentiras. Abundan para construir ilusiones que se convierten en frustraciones. Se renuevan periódicamente para satisfacción del ser humano que se codea obsesivamente con el engaño. Única especie que miente y ama la mentira desde lo más profundo de sus mitocondrias. “Sin mentiras, la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento”, afirmaba Anatole France.

Especie que ha convertido la verdad en utopía, un distante cielo mental para paliar el infierno actual poblado de mentiras. Un artificio que le permite ocultar su ser para ondear su imagen, fingir lo que no es para esconder lo que es. “El ser humano, falseando la verdad, prefiere parecer que ser”, afirmaba un personaje de Esquilo.

Estigma que inspiró a John Arbuthnot para escribir, en 1733, el opúsculo “El arte de las mentiras políticas”. Texto donde destaca, con ironía, inteligencia y humor, las verdades humanas de las mentiras políticas. La necesidad de mentiras –igual si son amables- de un pueblo para ser gobernado y los gobernantes de mentir para gobernar. Un político comprometido con la verdad resultar ser un fuera de lugar, un fracaso; su victoria depende del éxito de su mentira.

Mentir y mentir en alguna de sus formas habituales, insiste el texto. Mentiras difamatorias que destruyen el prestigio del adversario. Mentiras hiperbólicas que amplifican las virtudes del amigo y los defectos del enemigo. Mentiras traslaticias que transfieren méritos o defectos de una persona a otra. Mentir y mentir utilizando siempre el artificio eficaz de la verosimilitud para triunfar en política y para apabullar aún más a la especie humana. A más políticos capitalistas, más deshumanización.

Mentiras en épocas electorales o de guerra, lo mismo da. Mentiras que alimentan las esperanzas de los pueblos famélicos de verdad humana y urgidos de ilusiones. Políticos dispuestos a generar todas las formas de la ilusión. Al final, triunfan los más duros de la contienda, los que utilizan las mentiras asesinas como arma ideológica.

La mentira del castrochavismo, origen de tantos líderes sociales asesinados, tantos líderes políticos amenazados, tantos campesinos desplazados, tantos ciudadanos destazados. Mentiras electorales que asesinaron a Karina García, a Nelson Enrique Gaviria, a Efraín Prado Rosero…, todos candidatos a corporaciones públicas. Mentiras políticas que los pueblos consumen como drogas venenosas para el alma, porque nada es más fácil de envenenar que la ignorancia popular. “Las grandes masas sucumben más ante una gran mentira y menos ante una pequeña”, afirmaba Hitler, la cima embriagante de todo buen político torcido.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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