Mito deplorable 

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No basta con una idea escrita en la Historia para hallar una realidad. Que lo diga Bolívar.

Por Jorge Guebely 

Ideológicamente, Bolívar fue un proteico, cambió de ideología según los momentos de su existencia. Como todo hacendado, se inició en el conservadurismo aristocrático tercermundista. Se codeaba felizmente con la nobleza española porque no sentía repulsión por ella. Consideraba tutor al marqués de Ustáriz y casó con María Teresa, quien tenía familiar noble. Quiso vivir como un tradicional en sus haciendas venezolanas, pero la inesperada muerte de su esposa se lo impidió, poniendo fin a su primera etapa conservadora.

Inició entonces su fase libertina. En Francia, se entregó al desborde de las juergas y las damas, talante que nunca abandonó en su vida. Tres personajes lo rescataron del ambiente libertino. Napoleón Bonaparte, a quien nunca conoció personalmente, pero quien despertaba admiración por ser símbolo heroico de la nueva sociedad liberal. También lo rescató Simón Rodríguez, su antiguo maestro, quien huía de la persecución política venezolana y lo consolidó en las nuevas ideas liberales. Y Andrés Bello, quien lo entroncó con la masonería, ese caballo de Troya donde se camuflaban liberales para construir repúblicas. Inició así, su etapa liberal.

El liberalismo internacional lo proyectó militarmente para liberar mercados suramericanos. Aprovechó su inteligencia marcial y su formación académica en la que estaba por encima del común. Perteneció a la élite castrense latinoamericana que ingresó a logias masónicas del nuevo mundo. Ficha importante para la revolución liberal, se convirtió en el gran libertador, ícono patriótico con apoyo militar y económico del liberalismo internacional. No era suficiente la emoción patriótica para lograr una hazaña de esa envergadura.

Construidas las repúblicas, Bolívar volvió al conservatismo. Entró en conflicto con Santander, liberal masónico. Ya no le interesaba la organización del Estado bajo leyes y democracia porque lo rondaba la aspiración dictatorial. Quizás quería ser el Napoleón americano a pesar de que el francés ya había fracasado. En vez de promover una nueva educación, prefirió entregarla a la iglesia católica. Y en el ocaso de su vida, su conservatismo lo llevó a la formulación de un reinado como lo tenía la vieja aristocracia europea.

Bolívar, primer político colombiano en presagiar la “godificación” del liberalismo. Quiso seguir el camino del haitiano Dessaline quien fue, primero, revolucionario y, después, emperador. Ejemplo de la deplorable condición deshumanizada de un político: rebelde fuera del poder, conservador en el poder y godo dictatorial si se lo permite un pueblo. Quizás por eso, Marx lo consideraba un “Mito popular”. Mito deplorable, digo yo: muestra que, en cada político, vocifera un falso salvador y dormitan larvas de un auténtico dictador.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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