La izquierda

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Tan pronto como pasa al lenguaje de los hechos, se comporta como un pre-moderno, otro más del montón.

Por Jorge Guebely

El drama de la izquierda reside en el hecho de hacer política con los mismos parámetros mentales de la derecha: multiplican personalidades, diversifican grupos y se devoran entre sí. Perpetúan lo viejo en vez de provocar lo nuevo. Privilegian las ideologías, no el ser humano.

No parece alternativa de poder porque no ondea un modelo distinto de país acorde con los tiempos actuales. Persiste en el socialismo que Marx logró imponer después de una agria discusión con Bakunin, quien proponía para ya el comunismo total. Comunismo y socialismo: dos modelos teóricamente bellos pero objetivamente inviables en los principios del siglo XXI. Lo previeron Rosa de Luxemburgo y Antonio Gramsci desde sus épocas. Implican una profunda transformación mental y cultural a través de una sensata educación integral con sentido humano. No es fácil reeducar a partir de la moral capitalista, superar los encantos del ególatra tintineo económico.

Gran parte de los colombianos percibe la izquierda como grupos minoritarios con la función política de denunciar a funcionarios corruptos, razón por la cual reciben los peores embates de la extrema derecha. Labor, por lo demás, loable en un país profundamente corrompido. Sin embargo, no le otorgan credibilidad para gobernar. No creen en el socialismo que, hasta hoy, ha sido fundamentalmente un fracaso político.

Petro ejemplifica mejor que nadie esta inanidad izquierdista. Su discurso se acomoda bien a la posmodernidad, se anuncia como un izquierdista nuevo, con visión humana y hasta bautiza como Colombia Humana a su colectividad partidista. Por momentos, semeja un estadista; por momentos, un rebelde de corte romántico. Tan pronto pasa al lenguaje de los hechos, se comporta como un pre-moderno, otro más del montón. Con su candidato a la alcaldía de Bogotá irrespeta a la mujer tanto como lo hace el Centro Democrático. Demuestra que el interés electoral supera al valor humano femenino. Su hijo aspirando a la gobernación del Atlántico lo emparenta con las costumbres “delfinescas” de los expresidentes. Finalmente, ejerce la política con lenguaje fresco, pero con prácticas rancias.

Nada distinto a pesar de que los militantes esperan una izquierda menos fragmentada, con conceptos novedosos y unificados de país. Un país que supere las atrocidades del actual liberalismo salvaje, pero que esté más acá de cualquier socialismo de naturaleza exclusivamente política y escasamente humano. La conciencia estándar de los colombianos no está aún madura para un verdadero socialismo. Históricamente estamos lejos de ese nivel que nos permita la convivencia social, sin exclusión material, para afrontar los problemas mayores de la vida.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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