Justicia ante Uribe

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Trascendental momento vive Colombia por el llamado a indagatoria al expresidente ante la Corte Suprema.

Por Jorge Guebely

La indagatoria del expresidente Uribe representa una gran prueba para el poder judicial colombiano, un punto de inflexión histórica. Permite su reivindicación, demostrar ante los colombianos su independencia, su capacidad de ser un real contrapeso democrático y no la mucama de los poderosos. “Ser la reina de las virtudes republicanas y, con ella, el sostén de la igualdad y la libertad”, como lo pensaba Bolívar.

Si adelanta el proceso correctamente, bajo parámetros de ley, sin importar el resultado, habría iniciado su camino a la mayoría de edad. Podría convertirse en justicia que no diferencia el estrato social, que no imita la justicia de la antigua aristocracia. Estaría más cerca del sistema judicial peruano, que enjuició a varios expresidentes, y más distante del hondureño o venezolano, que están domesticados por el ejecutivo. Colombia entraría en los predios de una república distinta, a un mejor nivel de justicia. Y “Los niveles de justicia de un pueblo marcan sus niveles de civilidad”, pensaba Antoine de Saint-Exupéry

Justicia independiente que nos ayudaría a superar el espíritu tradicional colombiano. Ése que ha gobernado hegemónicamente durante 200 años, excluyendo algunos momentos de verdadero liberalismo. –Difícil llamar gobiernos liberales a los de Turbay Ayala o César Gaviria-. Contrarrestaría la maquinaria que ha minado y deteriorado las altas instituciones del Estado con funcionarios fermentados como Jorge Pretelt, el incondicional de Uribe. Se disminuiría el estancamiento cultural que nos ha impuesto el pasado. “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla en el cerebro de los vivos”, afirmaba Marx.

Nos liberaríamos de las permanentes guerras nacionales, alimento del espíritu conservador para mantenerse en el poder, porque se aplicaría justicia sin importar el rango del delincuente. Los delincuentes posteriores se medirían si los delincuentes anteriores fueron judicializados y condenados ejemplarmente. No habría habido asesinato de Gaitán si se hubiese condenado a los asesinos de Rafael Uribe Uribe. Ni tantas masacres en los 90, si se hubiesen castigado a los autores de las masacres contra liberales en los años 50. Ni habría existido un Álvaro Uribe si se hubiese castigado a un Laureano Gómez.

Habríamos acabado la guerra fratricida porque no serviría para ganar elecciones ni justificar las injusticias de los gobiernos. Habríamos ganado la paz porque, según el papa Pablo VI, la paz existe sólo en donde hay justicia. Pero, sobre todo, con la paz comenzaríamos a superar nuestra pre-modernidad mental y avanzaríamos un paso a la modernidad cultural que hoy está superada en muchos lugares de la tierra.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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