Hong Kong y China a punto de sepultar su lema ‘un país 2 sistemas’

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La injerencia de China continental es indeseable. Pero tiene los hilos del poder en Hong Kong. Trump advierte que, si se repite una matanza como la de la Plaza de Tianamen en 1989, tomaría medidas.

Por Chachareros/AFP/EFE/Reuters/d.w.com/   

Carrie Lam, la jefe del ejecutivo de Hong Kong, ante la gravedad de los sucesos de sábado, domingo y lunes, suspendió las extradiciones a China Continental.

Este domingo y lunes, cientos de miles de personas volvieron a tomar las calles de Hong Kong. Exigen que se anule definitivamente el proyecto de ley para autorizar extradiciones a China y que Carrie Lam, jefa del Ejecutivo de esa metrópolis, renuncie a su cargo. Cargada de rabia, la gente no solo protesta contra el proyecto de ley en sí mismo, sino contra el acercamiento de la isla a Pekín y a favor de que Hong Kong conserve su identidad.

Hong Kong quiere ser diferente

Con paraguas y tapabocas para enfrentar la lluvia, miles de ciudadanos gritan que «Hong Kong es diferente a China». Y razón no les falta. Los chinos son una dictadura mano dura. Hong Kong es una plaza de mercado abierto, y banca de todo el mundo.

La ley fundamental de Hong Kong garantiza derechos civiles y libertades, siguiendo el ejemplo occidental de los colonizadores británicos. Se trata de un orden democrático marcado por Occidente, por el Estado de derecho, por la libertad de prensa y la libertad de expresión. En el vocabulario de la China continental, todos esos principios son palabras exóticas.

Deng Xiaoping, el político reformador de China formuló la base para la reunificación de la siguiente manera: «Un país, dos sistemas”. Se supone que eso quiere decir: China asume las tareas de la política exterior y la defensa, y los habitantes de Hong Kong tienen permitido hacerse cargo del resto. Eso hace que Hong Kong disfrute de un estatus especial; por eso es completamente diferente de la China continental: tiene otro sistema político, otra moneda, otro dialecto, otros tomacorrientes y otras leyes de tránsito. Y la gente de Hong Kong está orgullosa de todo eso.

Sin embargo, la realidad política es diferente desde hace mucho tiempo; el proyecto de ley para facilitar las extradiciones es solo el catalizador de las protestas. El descontento de los habitantes de Hong Kong sobre la constante injerencia de Pekín es grande. Puede que el embajador de China en Gran Bretaña haya negado que Pekín tenga interés en la promulgación de esa normativa; pero son muchos los indicios de que es así. El tiempo reservado para las intervenciones durante las lecturas del consejo fue restringido; el proceso se desarrolló a toda prisa. Pocos Gobiernos pueden hacerse los sordos cuando uno de cada siete electores sale a la calle a protestar; pero el Ejecutivo de Carrie Lam sobresale por su testarudez. Ahora, ni siquiera el anuncio que hizo el sábado de que suspendería el proceso de aprobación de la ley para facilitar la extradición va a apaciguar los ánimos.

Es cierto, debido a la jurisprudencia vigente, un asesino confeso de Hong Kong, que mató con alevosía a su novia embarazada en Taiwán en 2018, no puede ser extraditado. Pero instrumentalizar ese caso para levantar la prohibición de extraditar a China continental, a Taiwán y a Macao, en lugar de buscar una solución para este problema puntual, es un acto desproporcionado.

La penalización de los críticos del régimen

¿Quién necesita con más urgencia que el instrumento legal de la extradición se aplique? ¿Se acuerda usted del librero Bo Lee, de Causeway Bay Books, quien vendía libros prohibidos sobre el descubrimiento de escándalos en China continental? En 2015, él desapareció en Hong Kong sin dejar rastro y luego apareció en China continental. Según Pekín, viajó voluntariamente; pero Lee no tenía documentos de viaje consigo y las autoridades fronterizas de Hong Kong no registraron su salida legal del territorio.

La represión brutal y sanguinaria todavía no se ha dado. Pero el mundo teme que el todopoderoso régimen chino no demore en ordenar una nueva masacre como la de hace 20 años en la plaza de Tianamen, en Pekin.

También está el caso del empresario multimillonario Xiao Jianhua, quien, tras la publicación en 2017 de un reportaje del «Financial Times” sobre su apartamento de lujo en Hong Kong fue «contactado por cinco o seis agentes del aparato de seguridad estatal chino, vestidos de civil, y transportado a China continental junto a dos de sus guardaespaldas”. Su paradero y las acusaciones en su contra siguen siendo desconocidos.

Los antiguos legisladores de Hong Kong fueron cuidadosos al establecer por qué personas sospechosas de haber cometido crímenes no debían ser extraditadas a la China continental. La razón es: que allá no existen los procesos justos, que allá la Justicia no es independiente. Activistas y críticos del régimen exiliados podrían terminar siendo arrestados en Hong Kong; basta con que transiten su aeropuerto para caminar de un avión a otro. En algún momento, cualquiera en Hong Kong estará expuesto a ese riesgo. De llegar a ese punto, Hong Kong sería como cualquier otra ciudad de la China continental.

Democracia relegada a un segundo plano

Según el artículo 5 de su ley fundamental, Hong Kong tiene permitido disfrutar de sus libertades durante cincuenta años. Sin embargo, a 22 años del retorno de Hong Kong a China, la situación es completamente diferente. En Hong Kong, la verdadera democracia quedó relegada a un segundo plano hace mucho.

La elección directa de varios puestos del consejo legislativo y de la jefatura ejecutiva, prevista de manera explícita en la ley fundamental, fue puesta en espera. En lo que respecta a estos órganos, Pekín tiene los hilos en sus manos. La jefatura ejecutiva es elegida por un comité en el que los funcionarios pro-China tienen la mayoría absoluta. Y en el Parlamento de la ciudad solo 35 de los 70 escaños pueden ser elegidos directamente. En el actual período legislativo, la fracción democrática únicamente tiene 26 curules. Es sobre todo la generación joven de Hong Kong la que está en desacuerdo con las imposiciones de Pekín; esa generación es la que está fundando partidos que exigen la independencia.

De momento, Pekín conserva la calma y rechaza las «interferencias extranjeras en sus asuntos internos”. Debido a la censura prevalente, en la China continental no se lee nada –absolutamente nada– sobre las manifestaciones masivas de Hong Kong. A los líderes del Partido Comunista les basta con que el principio de «un país, dos sistemas” se lea sobre papel. El papel lo aguanta todo.

¿Qué piensan los chinos continentales sobre las protestas en Hong Kong?

Cientos de miles de personas han salido a las calles en Hong Kong durante semanas para manifestarse contra la creciente influencia del gobierno chino. En el resto del país, casi nadie entiende la razón de las protestas.

Muchos desencuentros

Al igual que Hong Kong en el sur, Shanghái es una importante metrópolis comercial en la costa este de China. De hecho, está considerada la ciudad más importante en la República Popular China. Más de 23 millones de personas viven allí. Muchos ciudadanos de Shanghái no simpatizan con las protestas en Hong Kong, a 1.200 kilómetros de distancia.

«¿Por qué se comportan así?», comentó un empleado de 30 años. Los ciudadanos de Hong Kong deberían «simplemente trabajar y vivir en paz», dijo a la cadena pública alemana ARD en Shanghái. Toda esa protesta no aporta nada, aseguran. Probablemente, la mayoría de la gente en la China continental piensa también así.

Miedo a la violencia

El periodista Jose Qian también tiene esa impresión: el 90 por ciento de los chinos continentales tiene una postura de rechazo hacia las protestas en Hong Kong. Qian vive en Shanghái, donde trabaja para varios medios internacionales. En Shanghái «a lo mejor no sepan exactamente por qué está sucediendo y desde cuándo», explicó Qian. «Probablemente tampoco sepan cuáles son las exigencias de los manifestantes en Hong Kong», añadió.

Es decir que la opinión en Shanghái está caracterizada por el miedo y el enojo por la posible violencia en Hong Kong: «He visto vídeos de celulares donde atacaron a los reporteros chinos”, dijo una mujer, quien trabajó cuatro años en Hong Kong. «Da igual lo que hagan, no van a lograr nada”, añadió.

El analista Qian cree que esas reacciones se deben, sobre todo, a los medios estatales chinos, que informan sobre lo ocurrido, pero al gusto de Pekín.

Medios públicos como fuente de información

«Lo podemos llamar propaganda o campaña mediática oficial, pero aquí solo hay una versión de la historia», confirma Qian. Los medios estatales no explican el porqué de las protestas ni cómo comenzó todo: solo se centran en la escalada de violencia en Hong Kong.

La mayoría de los chinos continentales no tienen otras fuentes de noticias que las estatales. Por lo tanto, es comprensible que muchos sigan la línea oficial del gobierno de Pekín: «Los manifestantes de Hong Kong son en gran medida violentos; algunos de ellos son extremadamente radicales, y otros están violando y dañando la propiedad pública». La población continental «se siente muy conectada al Gobierno chino, tanto en Hong Kong como en Pekín», dice José Qian.

Resistencia ininterrumpida

 

 

 

 

El primero de julio de 1997 se produjo la entrega del colonizador británico a la República Popular China del estado-isla de Hong Kong. Fue cuando se proclamó que serían un país dos sistemas. Ahora los chinos lo quieren todo.

En Hong Kong, los manifestantes no se sienten intimidados por las declaraciones de los chinos continentales ni tampoco por el peligro real de una invasión china. Quieren continuar en las calles, aunque no está claro si el estatus autonómico de Hong Kong seguirá vigente en 28 años.

«Todos aquí sabemos que hay una fecha de vencimiento para nuestro estatus de autonomía», dijo un manifestante al canal alemán ARD. «Pero al menos, hasta entonces deberíamos defender nuestros derechos fundamentales y mostrar al mundo que tenemos libertad de expresión, libertad para manifestarnos, y eso es algo bueno», aclaró.  Al menos hasta mediados de 2047. Hasta entonces, está estipulado que permanezca el orden capitalista de la antigua colonia de la corona británica. Pero, ¿qué pasará después con Hong Kong? No se sabe.

Las advertencias de Trump

A los manifestantes no les ha importado la lluvia, los fuertes vientos y el lanzamiento de balas de caucho y hasta frijoles y maíz como combustible de los tanques chinos.

El presidente Dinald Trump advirtió a China que si hay una represión como la de Tiananmen (ocurrida durante una protesta entre el 15 de abril y el 4 de junio que terminó con una sangrienta masacre del ejército chino con saldo de 2.600 muertos y más de un millón de heridos), se dañarían las negociaciones comerciales.

Cientos de miles de personas manifestaron este domingo y lunes en Hong Kong, desafiando a la policía y a una lluvia tropical, y demostrando que la protesta mantiene su popularidad a pesar de los episodios de violencia y la amenaza de intervención de Pekín (también llamada Beijing, capital de la República Popular China).

La movilización, que comenzó en junio y no tiene precedentes en la excolonia británica, había visto su imagen empañada esta semana por escenas de violencia después de cinco días de sentada en el aeropuerto.

Para poner fin a las acusaciones de “terrorismo” que surgieron desde Pekín, el Frente de Derechos Civiles (FCHR) llamó a una manifestación “no violenta” para este domingo y lunes.

Esta organización luego afirmó que había convocado a más de millón y medio de manifestantes, una cifra sorprendente, tanto por la necesidad de espacio disponible para reunir semejante multitud, como por el hecho de que Hong Kong cuenta con apenas 8 millones de habitantes.

En la otra vereda, la policía indicó que en el Parque Victoria se habían congregado 128.000 manifestantes. Las autoridades no incluyeron en su estimación a las personas que se encontraban en las calles adyacentes al parque.

A comienzos de la tarde, la multitud se concentró bajo la lluvia torrencial en el parque Victoria, en el corazón de la isla de Hong Kong, formando un mar de sombrillas multicolores.

Luego, los manifestantes marcharon hacia el distrito del Almirantazgo, más al oeste, desafiando la prohibición policial que sólo permitía una manifestación estática en el parque.

Este domingo por la noche, cientos de manifestantes enmascarados marchaban alrededor de la sede del gobierno, cantando “Tomemos Hong Kong, la revolución de nuestro tiempo”.

La consigna para la manifestación fue, una vez más, denunciar la violencia policial.

Radicalización

Se trata de la peor crisis política en la excolonia británica desde su retrocesión a China en 1997. Pekín ha elevado el tono, calificando las acciones más violentas de los manifestantes de “casi terroristas”.

Nacida en junio en rechazo a un controvertido proyecto de ley que autorizaría las extradiciones hacia China, la movilización amplió desde entonces sus reivindicaciones para pedir, por ejemplo, un verdadero sufragio universal, en medio del temor a una creciente intromisión de China.

Diez semanas después de la primera manifestación, el movimiento no ha obtenido prácticamente nada del ejecutivo hongkonés pro-Pekín.

El presidente estadounidense Donald Trump advirtió este domingo a China que una represión dura de los manifestantes de Hong Kong similar al aplastamiento de la revuelta de la plaza Tiananmen dañaría las negociaciones para un acuerdo comercial entre las dos grandes potencias.

“Creo que sería muy difícil lograr un acuerdo si hay violencia, quiero decir, si hay otro caso como la plaza Tiananmen” de Pekín, dijo Trump a la prensa en Nueva Jersey (noreste de Estados Unidos).

 

 

 

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