Devanando la historia de la hamaca

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La hamaca, ingenio aborigen de historia trascendente.

Por: Cecilia Gil Barvo

“Dormían todos en hamacas, en especial la señora y Cacica, que no sólo la tenía muy curiosa y pintada, sino que a los lados de ella hacía durmiesen en el suelo, los rostros para abajo, dos doncellas mozas y de buen parecer, sobre quien ponía los pies al subir y bajar de la hamaca, por grandeza, como dejamos dicho”. Noticias historiales de la conquista de Tierra Firme en las Indias Occidentales . Fray Pedro Simón

Primero estaba el mar… y la hamaca.

La Cacica Tota es el símbolo de mayor intensidad del pueblo zenú. Muy lejanas están aquellas mañanas en que despertaba a su día de poder en la provincia del Finzenú, con sede en el actual Chinú, descendiendo de la hamaca para ser esperados sus pies por una alfombra de bellas doncellas de la tribu, quienes disponían sus cuerpos para que la magna mujer no tocara el suelo.

Con aquellos remotos días envueltos en los pliegues de los siglos, nos vincula un sencillo y significante elemento, el mismo que vemos colgado en horcones de casas sencillas o en columnas de mansiones y, ya sea en unas u otras, es la misma hamaca narrando el entramado cultural de su origen con su sola presencia a través de los siglos.

En el encuentro de las dos culturas que inicia el 12 de octubre de 1492,surge emblemática la hamaca delas Indias Occidentales, a la que los europeos del descubrimiento llamaban “camas con redes de algodón”.

La hamaca adquiere fortaleza como símbolo americano al ser un vocablo de las lenguas nativas que se incorpora al habla de los conquistadores junto a canoa, ají, cazabe, entre otros.

Anota Cristóbal Colón en su Diario, siendo ésta la primeravez que se escribe sobre la hamaca: en efecto, el miércoles 17 de octubre de 1492 el Genovés registra la visita a la Isla Fernandina así:“sus camas y paramentos de cosas que son como redes de algodón”. Luego, el lunes 3 de noviembre anota: “vinieron en aquel día muchas almadías o canoas a los navíos a rescatar cosas de algodón filado y redes en que dormían, que son hamacas”.

Junto a las muestras de la flora y fauna, de adornos, preparaciones culinarias y demás asombros de las nuevas tierras que embarca el Almirante en el primer viaje de regreso a España, también va la hamaca y se constituye en el primer difusor de su uso, que se expande al mundo entero, especialmente apetecida por los marineros para sobrellevar el movimiento del barco.

Según el mito de la etnia Koguipara la creación “Primero estaba el mar”, pero los pueblos del centro y del sur americano podrían gritar ¡y la hamaca también! Es suficiente con ver lo que plasma el pintor Giovanni Stradano (quien nunca visitó a América) en su taller de Florencia, en el grabado alegórico que hace parte de un conjunto de representaciones referidas al descubrimiento, año 1576, titulado Américo Vespucio despertando a América. En el grabado se observa al europeo pisando el Nuevo Mundo frente a una mujer desnuda, la joven América (o AbyaYala), que reposa en una hamaca.

Américo Vespucio, protagonista de ese grabado, en su carta escrita a su benefactor el 4 de septiembre de 1504, anota: “Duermen en ciertas redes muy grandes, hechas de algodón y suspendidas en el aire, y aunque esta manera de dormir parezca incómoda, digo que es agradable dormir en ellas, y mejor dormíamos en ellas que en nuestras mantas”.

En lo sucesivo, distintos cronistas de los albores de la América, dedicarían espacio en sus escritos a la hamaca y en coincidentes descripciones.

 

Viene al caso el fraile Bartolomé de las Casas, quien escribe Historia de Indias (1517), en la que señala un particular uso: “Otros tienen aqueste uso: que cuando les parece que el enfermo está cercano a la muerte, sus parientes más cercanos lo llevan en una hamaca al monte, y allí, colgada la hamaca de dos árboles, un día entero les hacen muchos bailes y cantos, y viniendo la noche, pónenle a la cabecera agua y de comer cuanto le podrá bastar para tres o cuatro días, y dejándolo allí, vanse y nunca más lo vesitan…”.

“De la gente dice toda era una con la que en las otras islas había visto, así desnudos y de las mismas condiciones y estatura; daban de los que tenían fácilmente por cualquiera cosa que se les diese. Los que fueron de los navíos a traer el agua dijeron al Almirante que había estado en sus casas, y que las tenían de dentro muy barridas y limpias y que sus camas y paramentos de casa eran como redes de algodón.

Estas llamaban en esta Española hamacas, que son de hechura de hondas, no tejidas como redes, los hilos atravesados, sino los hilos a la luenga sueltos, que pueden meter los dedos y las manos, y de palmo a palmo, poco más o menos, atajados con otros hilos tupidos, como randas muy bien artificiadas, de la hechura de los harneros que en Sevilla se hacen de esparto.

Estas hamacas tienen un buen estado de cumplido o de largo, y a los cabos deste largo dejan, de los mismos hilos della, muchas asas, y en cada asa ponen unos hilos delgados de cierta otra cosa, más recia que algodón, como  cáñamo, y éstos son tan luengos como una braza de cada parte, y al cabo de todos ellos júntanse como en un puño, y deste puño, de los postes de las casas los atan de ambas partes, y así quedan las hamacas en el aire y allí se echan; y como ellas sean las buenas de 3 o 4 varas y más en ancho, ábrenlas cuando se echan como abriríamos una honda que fuese muy grande, pónense atravesados como en sosquín, y así sobra de la hamaca con qué cobijarse, y, porque no hace frío alguno, bástales. Para quien usa dormir en una de ellas cosa es descansada, puesto que no debe ser sana por la humedad del suelo, que aunque esté alta, del que no puede estar más de medio estado porque se puede subir en ella, penetra el cuerpo humano, y aunque se pusiese alto en un sobrado, todavía por la humedad de la noche haría daño. Al menos son muy limpias, y, para por los caminos, aun en Castilla, los veranos, serían harto estimadas”.

El Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés escribe Historia general y natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar océano(1536). Anota: “De las casas y moradas de estas gentes se ha dicho en otras partes de estas historias y de sus camas que son las hamacas… Pero aún en esas hay diferencias porque las de Tierra Firme en esta gobernación de Castilla de Oro la manta de la hamaca no es hecha red sino entera y muy gentil tela delgada y ancha, y tan luenga como conviene.

Hay otras, que la manta es de paja tejida y de colores y labores…y esta paja está hecha como cordón sobre hilos de algodón, y son cosas de ver y muy frescas y gentiles en la vista”.

Fray Pedro Simónen su reconocida obra Noticias historiales de la conquista de Tierra Firme en las Indias Occidentales,cuya primera parte es publicada en 1623, describe el uso de la hamaca dado por la poderosa cacica Tota y varios aspectos relacionados a este ingenio de la América ancestral. En los indigenismos, o palabras de los pueblos nativos, registra así Fray Simón: “Hamaca: es lo mismo que chinchorro, fino que como aquel es de red, la hamaca es de manta de algodón y suele en tierras calientes ahorrar de llevar otras camas de camino”.

En el libro Vida de Cristóbal Colón, de De las Casas, hay una detallada descripción de la hamaca:

“De la gente dice toda era una con la que en las otras islas había visto, así desnudos y de las mismas condiciones y estatura; daban de los que tenían fácilmente por cualquiera cosa que se les diese. Los que fueron de los navíos a traer el agua dijeron al Almirante que había estado en sus casas, y que las tenían de dentro muy barridas y limpias y que sus camas y paramentos de casa eran como redes de algodón.

Estas llamaban en esta Española hamacas, que son de hechura de hondas, no tejidas como redes, los hilos atravesados, sino los hilos a la luenga sueltos, que pueden meter los dedos y las manos, y de palmo a palmo, poco más o menos, atajados con otros hilos tupidos, como randas muy bien artificiadas, de la hechura de los harneros que en Sevilla se hacen de esparto.

Estas hamacas tienen un buen estado de cumplido o de largo, y a los cabos deste largo dejan, de los mismos hilos della, muchas asas, y en cada asa ponen unos hilos delgados de cierta otra cosa, más recia que algodón, como  cáñamo, y éstos son tan luengos como una braza de cada parte, y al cabo de todos ellos júntanse como en un puño, y deste puño, de los postes de las casas los atan de ambas partes, y así quedan las hamacas en el aire y allí se echan; y como ellas sean las buenas de 3 o 4 varas y más en ancho, ábrenlas cuando se echan como abriríamos una honda que fuese muy grande, pónense atravesados como en sosquín, y así sobra de la hamaca con qué cobijarse, y, porque no hace frío alguno, bástales.

Para quien usa dormir en una de ellas cosa es descansada, puesto que no debe ser sana por la humedad del suelo, que aunque esté alta, del que no puede estar más de medio estado porque se puede subir en ella, penetra el cuerpo humano, y aunque se pusiese alto en un sobrado, todavía por la humedad de la noche haría daño. Al menos son muy limpias, y, para por los caminos, aun en Castilla, los veranos, serían harto estimadas”.

En las Elegías de varones ilustres de Indias (1589), don Juan de Castellanos estampa en versos lo que acontece en los predios del pueblo zenú, en el santuario de ceremonias deTacasuán, hoy municipio de San Benito Abad:

“Ídolos veinte y cuatro vieron altos

todos como grandísimos gigantes,

de madera labrada lo intestino

y lo de fuera hoja de oro fino.

Tenía cada cual puesta tiara

o mitra de oro puro bien tallada;

de dos en dos tenían una vara

sobre sus anchos hombros atravesada,

cuyas posturas son cara con cara

y una hamaca del bastón colgada,

en las cuales hamacas recebían

el oro que los indios ofrecían”.

Abundan así los argumentos para que la nativa América confirme la invención de la hamaca: una palabra que colonizó, a su vez, al idioma del pueblo del descubrimiento, España, y un elemento de múltiples dimensiones en el ámbito pre-colombino que se introdujo en el imaginario de aquel mundo antiguo y pétreo, el europeo, con su sencillez y gracia natural.

 Rutas etimológicas de la palabra hamaca

Otra vez el tiempo y sus pliegues inasibles. Ellos envuelven los inicios de esta palabra que la escuchó por primera vez un foráneo el miércoles 17 de octubre de 1542 en la isla Fernandina, hoy llamada Isla Larga (Long Island, Bahamas). Estaba habitada por indígenas taínos a la llegada de Colón.

Muchos textos impresos o que circulan en internet, proponen diferentes escenarios para el origen lingüístico, pero hacer concreciones resulta difícil tanto como adjudicar acertadamente a cuál región o pueblo de América atribuir su autoría.

Lo que se puede decir es que la palabra hamaca y el objeto en sí mismo no aparece en el imaginario de los descubridores, por lo que se deduce que en el viejo mundo no se conocía, tampoco había objeto alguno con similar uso.

Anota al respecto el periodista Rodrigo Restrepo en su artículo La hamaca, publicado en la revista Semana: “Por su uso extendido en Centroamérica, muchos aseguran que la inventaron los mayas, pero de acuerdo con los datos antropológicos, lo más seguro es que provenga de la cultura arawak, un conjunto de pueblos que a la llegada de los españoles seextendía por todo el norte de Suramérica”.

Uno de los planteamientos de la etimología la atribuye a hamako hamack, nombre del árbol que proporcionaba la fibra, tal vez extraída de su corteza, para elaborarlas.

Otro la adjudica a la lengua del pueblo taíno, indígenas de las Antillas Mayoresde la familia étnica arawak. En este caso, el significado dado es red para la pesca. Así, en el dialecto del pueblo antillano, hamaca viene a ser ‘red colgada que sirve de cama’. Hay quienes hacen asociaciones con términos del quechua, lenguaje de los pueblos indígenas de los Andes.  De este punto, lo que cuenta es que la palabra se inserta en la lengua de Castilla y asombra y conquista aquellas tierras más allá del Océano.

La hamaca en la concepción del mundo en los pueblos precolombinos

Tanto en las Antillas como en la Tierra Firme precolombinas hubo hamacas: limpias como observaron unos; para disponer las ofrendas a las divinidades, como lo aseguran otros; para transportar a las personas importantes de la tribu utilizando un palo largo a manera de un listón de las andas o bien para que la majestad de los dignatarios de las tribus, como la cacica Tota, tuvieran en ella su reposo.

La hamaca era parte de la cotidianidad y también de la cosmogonía de las tierras aún sin descubrir (irrumpir) el europeo, como lo muestra esta porción de la mitología gunadule, una etnia indígena que habita en el golfo de Urabá y las selvas del Darién y en Panamá, conocida también como kuna, cuna o tule:

“Cuando la Tierra se sentó en su hamaca de oro y plata, comenzó a girar desde su propia raíz para la vida. Desde entonces, todos los seres de la tierra se conectaron con el resto del universo y desde aquella época la Madre Tierra sigue viajando y tiene fijos sus ojos y su corazón para la armonía del mundo que nos rodea, los astros, las estrellas y demás seres del universo infinito”.

Imaginar la “hamaca de oro y plata” que es el trono de la madre tierra, nos ayuda a la comprensión del sentido y significado que tiene la hamaca para estas culturas primigenias.

Antonio de la Torre y Miranda y el nuevo orden social

(La hamaca, ¿primero en Morroa o en San Jacinto?)

Para el año de 1772 la parte occidental de la Provincia recibe la visita del obispo de Cartagena, Diego de Peredo, quien hace un informe sobre los aspectos políticos, religiosos y sociales a partir de sus observaciones. En un aparte del documento se lee que en los montes del pueblo de indios de Colosó es abundante el árbol de bálsamo de Tolú, que también se ve en la parte de sabanas que incluye los curatos de Sincé, Morroa y Pileta. Por curato se conoce al territorio en donde tiene jurisdicción un cura.

Se anota también: “Morroa. Pueblo de indios con 245 de confesión. Pertenecía a la religión de Predicadores. Está vacante por muerte de su último cura, solicitó su agregación el inmediato de Pileta. Está suspenso su previsión administrándose interinamente por clérigos seculares”. Morroa pertenecía al partido de las sabanas de Tolú, siendo San Benito Abad la cabeza de Partido.

La siguiente figura decisiva en lo que sería el ordenamiento de la Provincia es el gobernador de Cartagena, Juan de Torrezar Díaz Pimienta, quien el 12 de agosto de 1774 encarga al teniente Antonio de la Torre y Miranda la misión de “reducir en poblaciones formales las infinitas almas que vivían dispersas en la provincia internadas en los montes, faltas de religión, policía y racionalidad, siendo perjudiciales al Estado”. Esa orden se cumpliría en el territorio de influencia los ríos Sinú y San Jorge y en las sabanas de Tolú.

Por supuesto, la grandeza del pueblo zenú no era misma de tres siglos atrás porque había sufrido los embates de pueblos nativos. El estado en que se encuentra la Provincia de Cartagena es, al decir del historiador Eduardo Lemaitre, “a la buena de Dios”. La mano de obra criolla fue empleada en las labores arduas de la encomienda, en la producción del sustento para la Plaza Mayor de Cartagena.

En el territorio zenú encontrado por De la Torre había desaparecido el fulgor de la orfebrería; sin embargo, al decir de la historiadora Pilar Moreno de Ángel en su libro Antonio de la Torre y Miranda Viajero y poblador: “sí estaba latente una herencia cultural en artesanías de otro tipo. Se pueden citar algunas de estas actividades que se han mantenido en el tiempo y que actualmente forman una de las bases de la economía familiar en los pueblos costeños colombianos”. Entre esas artesanías está la hamaca.

Antonio de la Torre y Miranda realizó 6 expediciones congregando y refundando de 43 poblaciones en la provincia de Cartagena, incluyendo las tierras del Sinú, San Jorge, Sabanas y los montes de María. Dentro del periodo de congregaciones y refundaciones hechas por De la Torre y Miranda -acogiendo lo planteado por Orlando Fals Borda-, Morroa se mantuvo como asentamiento poblacional.Su labor tuvo un logro adicional al impulsar y reconstituir el conocimiento artesanal de las poblaciones autóctonas, lo que posibilitó que se preservara esta tradición y que se convirtiera para siempre en un oficio rentable que además se insertó en la identidad cultural de estos pueblos, dando principalmente a las mujeres una oportunidad de sostenimiento económico.

Ahora bien, se hace énfasis en lo siguiente: En la tercera expedición o salida, el teniente De la Torre abre camino desde Corozal hasta Cartagena por los montes de María, y habiendo censando a los pobladores dispersos en las sabanas los traslada para poblar los montes de María, en sus propias palabras: “poblando aquellos desiertos antes abandonados”. Entre esos nuevos pueblos está San Jacinto, el 8 de agosto de 1776. Este hecho no tendría importancia si no tuviéramos el cuidado de comprender que lo que hizo De la Torre fue extender la identidad cultural bien cimentada de las poblaciones encontradas en la sabana hasta las fundadas en los montes de María y Sinú.

San Jacinto fue poblado por 82 familias integradas por 447 personas.Según el doctor Dimas Badel, hizo traer De la Torre indígenas de los caseríos de San José de Pileta y La Caja, ambos en Corozal. Pileta es actualmente corregimiento y en aquel entonces su población fue trasladada para una nueva ubicación en el hoy Corozal; y La Caja es el antiguo nombre del municipio de San Juan de Betulia.

Viene al caso lo anotado en el libro Fragmentos históricos de San Jacinto, Bolívar. Monografía, de la autoría de José Joaquín Pereira Caro y Miguel Mateo Manrique Fernández:

“Todo apunta que la afirmación hecha por Pilar Moreno de Ángel sobre la traída de indígenas de los caseríos de San José de Pileta y La Caja para poblar a San Jacinto es muy cierto pues con el tiempo el desarrollo de muchos aspectos culturales es idéntico a los habitantes de Corozal y sus agregaciones. El desarrollo de la artesanía y la música son atribuidos a los indígenas de Pileta y sus alrededores pertenecientes a la familia Finzenú. La elaboración de hamacas no es exclusiva de los sanjacinteros, Morroa a pocos pasos de Corozal también las elabora”.

Último lampazo

El lampazo es la medida tradicional de las hamacas en Morroa, equivalente a un jeme, es decir, la distancia entre la extremidad del dedo pulgar y la del dedo índice al ser extendidos lo más posible. Le asignan una medida aproximada de 13 a 14 centímetros, o lo que es también dividiendo la madeja de hilo en 8 partes.

En la tradición oral se conserva que procede este nombre de los colores de la flor de una planta de lampazo que estaba en el arroyo o laguna de Pechilín, y por el efecto de la lluvia expedía hermosos destellos de colores, o lampos, que incentivaron la creación del artesano.

Lampazo es, en efecto, una planta herbácea de hojas grandes y es habitual en terrenos baldíos y caminos, entre otros. Tiene reconocidas propiedades medicinales.

El nombre científico es Arctiumlappa y es conocida también como bardana, cadillo, lapa, pegadillo y cachorrera. Es originaria de Europa y Asia y se difundió por América. Debe Morroa un parque o un monumento a esta flor tan arraigada a su tradición artesanal.

 Epílogo

El ancestral pueblo del finzenú dispuso con la hamaca un elemento de conexión con el tiempo presente,constituyendo una tradición que es factor de identidad cultural sostenida y extendida más allá de sus fronteras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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