Los 327 años de colonia y los 200 años de la Independencia de Colombia

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El 20 de julio de 1819 los ejércitos neogranadinos lograron doblegar los últimos rescoldos del invasor español. Fue el nacimiento de un nuevo Estado en la América aborigen.

 

Por Rafael Sarmiento Coley

Los colombianos conmemoraron, desde bien temprano este sábado 20 de julio, los 200 años de independencia del colonizador español, que 327 años atrás hoyó con sus botas ruinosas estas tierras y con su espada ansiosa de sangre, tan cortante, que arrasó con la vida de 46 millones de la población nativa de los países que hoy se conocen como suramericanos”.

Colombia, sin duda, es hoy un país de inmensas posibilidades. Con riquezas naturales aún sin explotar. Con inmensas hectáreas de tierras fértiles y generosas para la agricultura y la ganadería.

Con una población de perrenque, trabajadora y con invencibles deseos de superación, solo que requiere, según el escritor e historiador William Ospina, que la población civil reaccione, despierte y se quite la venda de los ojos y de la mente creyendo el cuento chimbo de que los únicos que tienen derecho a hacer política y ser ricos son los mismos de siempre que se pueden contar con los dedos de las manos. Y sobran dedos. Una caterva de corruptos que heredaron genéticamente la ambición, la desfachatez, la desvergüenza, el cinismo y las peores dotes para la corrupción en todos los niveles. Por lo demás, como dice el exfutbolista Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, “todo bien, todo bien”.

Imagen que registra el momento histórico en que se declara la independencia de Colombia el 20 de julio de 1819.

Una mirada hacia atrás

Aunque hay quienes son enemigos de estar mirando siempre el espejo retrovisor, en casos específicos como la conmemoración de estos 200 años de independencia es indispensable acudir a los anaqueles de las memorias para explicar el porqué de tanta violencia que ha cambiado de ropaje y de nombre durante estas dos centurias. Porqué casi todos los políticos son corruptos. Porqué la comunidad que sufre las consecuencias de tanto malhechor de cuello y corbata no reacciona.

En diferentes ciudades del mundo los colombianos y simpatizantes de este país se sumaron a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia.

Por el contrario. Asume el papel sumiso y cándido de los indígenas que se tiraron a los pies de los primeros colonizadores que llegaron a estas costas. Indígenas que de manera inocente creían que aquellos seres de piel blanca y harapientos, de largas melenas llenas de piojos, hediondos a los mil demonios, con el cuerpo prolongado en unos animales grandes de cuatro patas y con un objeto bonito y brillante que batía en sus manos con sed de sangre, eran los dioses que esperaban desde hacía milenios.

¡Cuánta maldad!

Germán Castro Caycedo, periodista, historiador y escritor, autor de varias obras de fama mundial, entre ellas ‘Huellas’, con abundantes datos sobre los macabros sucesos durante los 327 años de la colonia española.

El periodista, historiador y escritor Germán Castro Caycedo, luego de convertirse en habilidoso ratón de los archivos españoles que se refieren al “Encuentro de dos Mundos”, registros de bibliotecas de universidades de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, retrata con la habilidad y precisión de un orfebre momposino, la cruda realidad de la conquista ibérica al nuevo Continente.

Los creativos le dieron rienda suelta a su imaginación para pintar las mariposas amarillas de Gabo, pero con el azul y el rojo de la bandera colombiana.

En su libro de relatos ‘Huellas’, señala: “Se ha calculado que la población autóctona de Sudamérica ascendía a unos 50 millones de habitantes antes de la llegada del hombre blanco. Sin embargo, en el curso de cien años su número descendió en cerca de un noventa por ciento (cuatro y medio millones, los otros 45 millones y medio fueron asesinados de miles de formas brutales y despiadadas, inclusive, despedazados por los hambrientos perros de caza que trajeron del viejo continente). A esos episodios atroces se sumaron las enfermedades traídas por los invasores, a la esclavitud y a los trabajos forzados en las minas y en las plantaciones de caña de azúcar”.

El periodista, historiador y escritor tolimense William Ospina, autor de la interesante trilogía ‘Ursúa’, ‘El país de la canela´’ y ‘La serpiente’, memorias noveladas desde la llegada del colonizador ibérico.

El antropólogo austriaco, Fritz Trupp, citado por Castro Caycedo, relata que “el miserable exterminio impune fue de 45 millones de seres”. Prosigue Castro Caycedo que “otros autores que se refieren a la población de lo que dieron en llamar la América española en general, afirman: Se calcula que el 95% de los pobladores indígenas de América perecieron en los primeros cien años después de la llegada de Cristóbal Colón, reduciéndose de unos 100 millones a solo tres”.

Una herencia repugnante

William Ospina, en su magnífica trilogía (‘Ursúa’, ‘El país de la canela’ y ‘La serpiente’), da pistas certeras acerca de la despreciable herencia que dejaron por estas tierras, no solo los españoles, sino otras potencias europeas atraídas por la bonanza que mostraba España: Portugal (que se metió en el bolsillo lo que hoy es Brasil); Inglaterra; Francia; Holanda; Noruega y Suecia.

Tanto Ospina como Castro Caycedo separan por paquetes las herencias malditas que nos dejaron los primeros invasores: enfermedades que no se conocían en estas tierras como la sífilis, la gonorrea, el tifo, la anemia producida por el piojo español insaciable chupando la sangre indígena; las diversas enfermedades transmitidas por las ratas que venían de pasajeras en las naves ibéricas y medio centenar más.

Homenaje a Colombia en distintas partes del mundo y con representaciones diferentes.

La otra herencia fue la actitud taimada y siempre predispuesta a hacer trampa, a apoderarse de lo ajeno de malas maneras, a clavar el puñal por la espalda, a robarse hasta los diezmos de la iglesia. Ellos enseñaron las primeras pautas de la corrupción. Los que llegaron ahora en el nuevo Milenio perfeccionaron la corrupción -una especie de maestría o doctorado en corrupción–, con casos a la mano como los ocurridos en Navelena, la Triple A, Electricaribe, ‘asesorías’ para el robo de Reficar, para la Ruta del Sol, para Hidroituango y para el derrumbado puente de Chirijara.

Hermoso cilindro con la bandera colombiana en una plaza de una ciudad europea.

Y una tercera herencia genética es esa violencia congénita que nunca amaina en Colombia, aunque el ‘pensador del Cabrero’, el presidente de la República cartagenero Rafael Núñez haya dicho en su poesía convertida en el himno de Colombia: “Cesó la horrible noche”.

Pensar en los próximos 200 años

Como el presidente Iván Duque Márquez tuvo en suerte vivir esta enorme fiesta de alegría por el bicentenario, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de modificar el curso de la historia. Primero, con “pulso firme y corazón generoso”, luchar de manera sincera por una paz duradera y estable, para que los siguientes 200 años no sea lo mismo.

Y el primer obstáculo que debe superar es convencer a los congresistas, buenos, sanos, honestos (que los debe haber, y tal vez sean una mayoría razonable), para que aprueben el proyecto de ley contra la corrupción. El pueblo no se explica cómo los mismos congresistas hundan un proyecto de tal magnitud en beneficio del desarrollo de Colombia. Porque, según los más prudentes economistas, la corrupción se traga el 70 por ciento del producto interno bruto. Lo que ocasiona que un puñado de corruptos sea cada vez más rico, y una inmensa población colombiana sea cada vez más pobre.

Con todo esto no es para aguar la fiesta. Todo lo contrario. Que sea la ocasión para repensar en el país en el cual los colombianos quieren vivir. Eso no significa que no se pueda celebrar con pompa y lujo, como en efecto, ha sucedido, un acontecimiento histórico de cumplir 200 años de independencia del yugo español. ¡Viva la independencia, carajo!

 

 

 

 

 

 

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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