Evocando a Ramiro De La Espriella

272

Ella es como un caracol que lleva la casa de los recuerdos a cuestas.

Por. Gustavo Tatis Guerra

Ramiro de la Espriella y Claudia

Claudia De La Espriella no solo es la hija del gran Ramiro De La Espriella, personaje de ese período dorado de la cultura cartagenera de los años cuarenta y cincuenta, escritor y conciencia política de su tiempo, confidente, cómplice y amigo del García Márquez que escribía en el reverso de los legajos de la Aduana su primera novela, en la que quería meter todos sus recuerdos. Y tanto Óscar como Ramiro De La Espriella, fueron privilegiados lectores críticos de esa primera novela del genio de Macondo.

Claudia De La Espriella, licenciada en literatura de la Universidad Javeriana, es la autora de ‘Leer es un placer’ y ‘Álvaro Cepeda Samudio: Nueva Visión de la Narrativa Colombiana’. Fue directora de la Corporación Nacional de Turismo, agregada cultural de Colombia en el Brasil y Argentina; y asesora de la Sede Alterna de la Cancillería de Colombia.

Hace rato quería conversar con ella, a quien conocí hace tantos años y leí con devoción, sus agudos y sabios ensayos sobre literatura latinoamericana y universal. Y con quien compartí aventuras en la vida cultural de Cartagena. Luego de la partida de su padre, en 2015, le propuse esta conversación para recordar instantes del pasado y, a su vez, mirar con lupa los sueños de ese presente que es el porvenir.

Cartagena es una ciudad esencial en su vida y en la de su padre. ¿Cómo ha sido esa relación?

Ramiro de la espriella

-Bueno, mi padre era cartagenero y eso me unió a Cartagena desde siempre. Por motivos estrictamente políticos nos fuimos a vivir a Bogotá. Nosotros regresamos de Europa cuando Rojas Pinilla cayó. Mis padres se casaron y se fueron a estudiar a Europa. Mi madre era odontóloga y se especializó en Londres, en odontología infantil. Es una historia curiosa, incluso para hoy en día. Se casan en Bogotá y vienen a Cartagena a pasar su luna de miel y de allí se van en barco a Londres. Ella se queda en Londres y él se va a París a especializarse a ciencias políticas en la Sorbonne. Unos recién casados viviendo separados. No es común. Pero tenían objetivos profesionales y tenían la inteligencia y la generosidad de no cortarle las alas al otro. Era la post-guerra. Una época difícil.

Vuelven a Colombia conmigo bebé. Mi padre se lanza a la Asamblea de Bolívar. Era liberal y es elegido. Así que nos instalamos en Cartagena. Vivíamos en casa de mi abuelo paterno, Juan Antonio De La Espriella, que era abogado y político. Fue presidente del Tribunal Superior de Bolívar y Presidente del Senado.

Ustedes han estado vinculados a la política…

 

Claudia de la Espriella, Ramiro y Óscar Collazos

-La familia de mi padre siempre fue política. Liberales todos y masones. Acá estuvimos unos años. Hasta que llegó la hora de que yo entrara al preescolar. Entonces decidieron irse para Bogotá. Coincide con que mi padre y otros amigos liberales todos, deciden fundar el MRL. Eran: Álvaro Uribe Rueda, Felipe Salazar Santos, Santiago Salazar Santos, Fabio Lozano Simonelli, Alberto Lozano Simonelli, Ernesto MacAllister, Jorge Child Vélez, Carlos Alemán Zabaleta, Jaime Ucros García y Álvaro Escallón Villa, entre otros.

Traen a Alfonso López Michelsen de México donde estaba exiliado. Bogotá era, como sigue siendo, el centro político del país. Todos ellos eran de provincia. Así que era la capital el sitio para asentarse. El Movimiento Revolucionario Liberal consigue ganar varias curules, tanto en el Senado como en la Cámara. Eran socialistas, digamos moderados, hoy diríamos progresistas. Algo curioso porque todos provenían de una clase privilegiada. Mi papá decía: ‘El ser privilegiado en un país donde existe tanta miseria y tanta injusticia nos obliga moralmente a luchar por cambiar este país. No es honrado quedarse con las manos cruzadas. Hay que hacer algo’. Lo mismo creo. Yo también siento una especial atracción por la política.

Volvamos a la casa de infancia…

-En esa casa de infancia sucedieron cosas maravillosas y, también, impresionantes para mi mente infantil, recuerdo, por ejemplo, que la primera noción de lo que era la muerte la tuve en esa casa. Mi abuela Tomasita falleció allí. Yo era muy pequeña. En esa época a la gente no la velaban en las funerarias sino en las casas. Me llevaron a otro sitio ese día pero cuando volví al día siguiente todavía había gente llorando y dando el pésame. La gran mayoría de las personas era gente humilde que había votado por mi padre, mujeres vestidas de riguroso negro lloraban, eran plañideras. Jamás olvidaré eso. Me impresionó mucho. Todavía, cada vez que lo cuento vuelvo a ver las imágenes de esa mañana…

¿Cómo era su padre Ramiro De La Espriella?

Ramiro de la Espriella

-Mi papá era un soñador empedernido y un ser valiente como pocos. No ha sido fácil para mí estar siempre ligada a la imagen de mi papá. Por ejemplo, publicar siempre me dio miedo. No quería que la gente pensara que era por la protección de mi padre que me publicaban o me daban algo. Ahora, que él se ha ido, creo que es el momento de publicar. Cuando nadie puede decir que no soy yo la que escribo sino él.

Mi papá amaba la vida como nadie. No recuerdo haber conocido a nadie que disfrutara más la vida que él. Así fue hasta el fin de sus días. Era hiperactivo y creo que eso fue así hasta los 94 años. Imagino que mi abuela debió tener mucho trabajo con él.

De su actividad política, intelectual y periodística tengo mucho que decir. En primer lugar siempre fue un lector infatigable. Tanto así, Gustavo, que el día en que tuve que hospitalizarlo para que se tratara la neumonía que se lo llevó, salí a hacer una diligencia bancaria y lo dejé leyendo a Camus en francés. Cuando volví estaba grave y tuve que internarlo. Hicimos un trato entonces, yo le compraba los libros que le interesaban pero solo uno por semana. No uno diario, que era lo que él quería.

Sabía de política nacional y mundial, de historia, de literatura y arte. El periodismo político fue una pasión, en La Calle y en El Espectador. Fue corresponsal de ese diario en Europa, cuando volvió al país recomendó a García Márquez. Los años del narcotráfico de Escobar fueron terribles. Lo amenazaban casi a diario. Lo sabíamos mi mamá y yo, porque cerraba el teléfono y nos decía: “Hoy ustedes no salen de la casa”. A mi mamá le contaba. A mí no. Fueron muchos los valientes de entonces: la familia Cano, por supuesto, Fabio Castillo, Carlos Villalba, acá en Cartagena.

Los sueños de ahora

Ahora está culminando la biografía de su padre y escribiendo ensayos y poemarios: ‘Verdades Reveladas’ y ‘Poemas nuevos’. Su vida ha sido un largo un viaje a la poesía, desde que se graduó con honores con una tesis universitaria sobre el poeta Luis Carlos López. Sus pasiones han sido García Lorca, Machado, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, César Vallejo, Rubén Darío, Octavio Paz, Whitmann, William B. Yeats, Elliot, Nicolás Guillén y, posteriormente, Pessoa. “En Colombia me sedujo Aurelio Arturo. Creo que Giovanni Quessep es el mejor poeta vivo que tenemos”.

Epílogo

Con la misma devoción y cruda sinceridad con que celebró la primera novela de su amigo Gabo, Ramiro De La Espriella lo llamó para decirle: ¡No me gusta tu última novela! Era un Caribe pensante que no sabia bailar. Claudia aprendió música con su madre tolimense que tocaba el violín y cantaba. De esa estirpe viene esta mujer apasionada y valiente.

 

 

Compartir.

Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

Deja un comentario