Cuando se contamina la inocencia

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El país ya no se asombra. Parece que una fuerte epidemia se hubiera adueñado de sus habitantes desde tiempos inmemorables.

Por: Oscar Flórez Támara

Una conducta bordea la mente nuestra como si estuviéramos marcados por una cruz de ceniza en la frente al estilo garciamarqueano. Todo es igual a nada cuando de irresponsabilidad se trata. Nadie asume la decencia humana de manera seria y responsable.

El más alto criminal produce el crimen delante de todo un universo de ojos, de miradas tristes y penetrantes con palabras que imploran por la vida. Y el criminal sigue adelante. El corrupto establece sus garras en el erario y destroza de un solo tajo toda posibilidad de vida y progreso de cualquier comunidad llevándola a la miseria, y nada ni nadie los reprocha como la peor conducta criminal masiva que puede producírsele a una sociedad. Luego arguye su tesis insana para cobijarse en un principio que se ha ido desvirtuando en la medida que la perversidad ha penetrado los cimientos de instituciones y de personas con el único propósito de adueñarse de este mundo y quizás del otro: Soy Inocente. La inocencia la han contaminado.

La mayoría de edad planteada por el ilustre filosofo Inmanuel Kant parece ser no se aspirara en ningún círculo social de nuestro país, nadie quiere asumir la responsabilidad de los hechos reales producidos. La libertad exige responsabilidad y quien asume la responsabilidad es libre porque asume las consecuencias de los actos o los hechos, y esto es lo que verdaderamente hace libre al ser humano, aquí es donde se afianza la inocencia como un principio básico de naturaleza no contaminada que desde la perspectiva de una condición humana digna diferencia al hombre de los otros animales primarios. El principio de Inocencia no puede ser sustentado con premisas que nos lleven a dar falsos positivos desvirtuando la verdad.

La casa por cárcel es una guarida que sigue escondiendo hienas que observan con burla la cándida torpeza que una sociedad enferma fabrica para corregir ciertos comportamientos de enriquecimientos económicos torticeros de quienes transgreden los presupuestos civilizados de una sociedad que busca con afán el bienestar de todos sus miembros. Aquí no debe caber la menor brizna de pensamiento que lleve a inferir el tratamiento bondadoso de quien o quienes producen daño irreparable.

Tenemos el deber ético de repeler todo acto de corrupción que disminuya la condición del mejoramiento humano de una sociedad. Quienes tengamos la esperanza reflexiva de no hacernos los de la vista gorda ante el criminal que atenta con la salud mental y el progreso de un pueblo, no podemos escudarnos en la supuesta Inocencia de quienes bien sabemos son profesionales esquiladores del erario. El o ellos preparan el acto y todas las trampas para llevar a cabo sus desafueros criminales.

La inocencia en sí jamás puede sustentarse o sostenerse bajo una norma que se invoca para ocultar un acto o un hecho que hemos realizado con el único fin de seguir engañando o aparentando a la sociedad que somos puros, que somos genuinos, bajo el manto de una inocencia tramposa y contaminada por tener miedo a cargar en nuestros hombros con la responsabilidad decente de ser honrados y honestos con nosotros mismos y con la sociedad.

Quien no actúa con honradez podrá conseguir que no se le demuestre su maldad, ya sea por astucia, por malicia, por corrupción, o doblez al actuar, pero nunca podrá gozar de una verdadera inocencia; de una inocencia no contaminada, pues, la inocencia es un estado de naturaleza de especie humana consciente, donde no cabe un grado de raciocinio perverso, de acuerdo a lo que ya hemos venido tratando. Entiéndase que no se habla de la naturaleza sin cultura, donde el bebé no distingue lo bueno de lo malo, se habla de ese estado de inocencia que ha de mejorar a la especie humana en todos los sentidos, de esa inocencia solidaria y planetaria que le da sentido a la vida, donde se concibe al hombre en su más alto grado de madurez y en su mayoría de edad.

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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