Corruptos morales

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La justicia muere más por la corrupción que por la violencia.

Por Jorge Guebely

Astucia del ministro Botero cuando exige, a María Jimena Duzán, sentencias judiciales para que le pruebe su estatus de corrupto. Intenta desconocer que tal estatus no lo confiere la decisión de un juez –apenas lo certifica-, sino la inmoralidad personal e íntima del funcionario. Aun sin sentencia, el corrupto es un corrompido, un inmoral, un corrupto moral.

Si el Ministro utiliza el cargo público para beneficio personal, si no se declaró impedido para vigilar una empresa de vigilancia en la que él es socio mayoritario, entonces es un corrupto moral, no judicial. Lo es si intentó camuflar el crimen de Dimar Torres, si ofreció conscientemente informaciones falsas a la ciudadanía. Corrupto moral con aspiraciones de cómplice, libre judicialmente, condenado éticamente. Haría parte de los funcionarios públicos camuflados en el poder para esquivar la justicia, para usufructuar el enorme nivel de impunidad nacional. Olvida que ningún cargo, por honorable que sea, no borra jamás el ser humano del funcionario.

Corruptos morales que pudren el Estado. Inmorales que utilizan cargos públicos para el enriquecimiento personal; modelo Samuel Moreno Rojas, alcalde condenado por el carrusel de la contratación, o Alejandro Lyons, condenado por los múltiples carteles en la gobernación de Córdoba. Primero, fueron corruptos morales; después, corruptos judiciales. Como los otros, delincuentes políticos que fingen respetabilidad, ilustres cementerios ambulantes. Permiten parodiar a Balzac: detrás de cada fortuna, se esconde un ilustre malhechor cometiendo crímenes.

Corruptos morales con decenas y decenas de procesos paralizados. Caso Álvaro Uribe Vélez, con intenciones paramilitares si las declaraciones de Mancuso son ciertas, si hubo complicidad entre los dos, si le financió su campaña releccionista y si cohonestó con las mafias narcotraficantes desde la Aerocivil. Bandido si son ciertas las afirmaciones del paramilitar Pablo Hernán Sierra, quien lo considera tan bandido como él mismo. Corrupto moral con intenciones criminales si son verídicas las declaraciones del asesinado Francisco Villalba, jefe paramilitar y actor activo en la masacre de El Aro, quien acusó a los hermanos Uribe Vélez de ser los gestores intelectuales de los abominables crímenes. Pavoroso genocidio.

Corruptos morales que gozan de libertad gracias al superávit de jueces venales, igualmente corruptos morales que permean el sistema judicial. Personajes que, por un puñado de monedas más el ignorante delirio de importancia personal, traicionan su deber profesional y su conciencia humana. Cohonestan con la podredumbre, actúan como vasos sucios que ensucian cualquier ideal de justicia humana. Razón tenía el sacerdote Lacordaire quien afirmaba que “La justicia muere más por la corrupción que por la violencia”.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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