No recogeré los pasos

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Los viajes, todos los domingos, en compañía de mi hijo Oscar David, al pueblo de Chochó, se convirtieron en ritualidad.

Por: Oscar Flórez Támara

Mi padre nos esperaba a las once y treinta de la mañana, metido en el vientre de una hamaca. Para entonces había dejado de fumar, no por prescripciones médicas o miedo al cáncer de pulmón, sencillamente porque así lo determinó.

Que yo recuerde, de niño o de joven nunca supe de visitas que hubiera realizado a un médico. Era un hombre de salud envidiable y cuando sentía cualquier síntoma de enfermedad se prevenía a peso de plantas medicinales. Su voluntad para tomar una decisión era inquebrantable y férrea, nunca daba explicaciones así se hubiera equivocado.

Lo primero que hacía al revisar el almuerzo que le llevábamos, era buscar el tarro donde se encontraba las sopas. Inmediatamente metía la cuchara buscando la presa. No importaba que estas fueran de hueso o de pollo, aunque prefería las de pescado. Las consumía en un santiamén y luego agregaba que estaban ricas. Siempre preguntaba quién las había hecho para agradecerle. Su mensaje era tenido en cuenta a pesar que siempre las compraba en restaurante. Algo dejaba por si llegaba algún peregrino. Santiguaba el plato y las cucharas, en señal de agradecimiento por el “pan obtenido cada día”.

Mi padre conocía el valor curativo de muchas plantas. Había atendido a más de cien personas que se los llevaban por mordeduras de culebra y sus remedios eran certeros. Cobraba poco por los servicios, es decir, casi nada. La mascada de tabaco tenía un valor curativo en ciertas picaduras de avispas u otros insectos. Le gustaba tomar el ron ñeque y saborearlo en compañía con sus amigos. Eduardo Garrido y José Ángel Gamboa, este último, era el hombre que hacía aparecer matas de patilla paridas cuando estaban tomando, eran los amigos preferidos. Entraban en piquería cuando ya el alcohol había producido sus efectos. Las discusiones no se hacían esperar porque nadie quería ser perdedor, eran discusiones de ron que demoraban apenas llegaba el nuevo fin de semana.

Aprendió a tocar platillos y redoblante. Fue integrante de varias Bandas de Músico que recorrían lugares cercanos cuando los pueblos tenían sus fiestas patronales. Mi padre sentía el embrujo de los platillos, se los pegaba al pecho para que el sonido saliera con el palpitar de su corazón. Él disfrutaba como nadie de las fiestas y su algarabía. De un orgullo indomable era mi padre. Jamás acepto el maltrato que se le daba a los músicos y el trato despectivo al considerárseles “músicos de papayeras”.

Así se fue forjando el folclor de un pueblo campesino que en su diario trajinar del campo también sacaban tiempo para endulzar con música los sufrimientos de unos hombres que luchaban con los fuertes veranos y extremados inviernos para que no se les perdiera la cosecha que en cada estación cultivaban. Entonces eran otros tiempos.

En los últimos años de su vida mi padre hablaba de este mundo y del otro. Jamás pudo entender el por qué “una persona que muere regresa del otro mundo a recoger los pasos”. “¿Entonces, para qué se muere uno si se la va a pasar regresando a este mundo? El morir no tendría lógica.

Jesucristo murió y jamás se ha escuchado que regresó a recoger los pasos. De él se pueden decir otras cosas, pero que regresó a recoger los pasos, no creo que hasta allá hubiera llegado su amor.

Que se olviden de ese cuento. No sé si existe otro mundo, ni me es dado saberlo, pero a este no volveré ni a recoger los pasos. Y menos a un sitio donde me hayan tratado mal.

Me marcho, me voy con todo lo que he amado dentro mi corazón. Nadie podrá arrancarme lo que guardo en este pecho”. Estoy convencido que mi padre nunca leyó el Quijote: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”, pero él solía hacer esa afirmación.

 

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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