Me despido de este cuadro

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No es tanto crear algo en la vida, sino lo que cuesta desprenderse.

Por Jorge Sarmiento Figueroa

Mi madre quiso llevar el cuadro en la camioneta de mi tío. Su propósito era colgarlo en Villa Nira, la cabaña campestre que me irradia naturaleza y color en la urbanización El Santuario, en la falda del corregimiento El Morro. Pero no cabía dentro, por su metro cuarenta de largo y cincuenta de ancho sumados a las poteras y tallos que también llevaban para mantener el ciclo de belleza de nuestro refugio familiar.
Decidieron amarrarlo al techo, en una curva pronunciada se soltó y terminó hecho añicos en el pavimento sin que todavía hubesien alcanzado la salida al mar. «Menos mal no le cayó a un carro o a un peatón», agradecí a la vida cuando mi madré me contó el infortunio.
El cuadro estaba inspirado en el arco iris tropical que se abre gigantesco sobre el lienzo del río Magdalena y va a dar al horizonte cenizo del Caribe. El cuadro también tenía la noche, iniciaba en ella como un homenaje cifrado en la aparente soledad oscura en la que las estrellas viven. En esos morados azules que tienen su semilla en la negrura hay unas constelaciones titilando, solo que al lado de casiopea no está andrómeda sino que surge la figura de mi hermano Julián tocando un solo de guitarra.
Tres años duré en la creación de ese ejercicio de color de principiante, y su significado se enlazó en mi memoria con las circunstancias que viví en ese lapso. La relación exógena de lo que demoré pintando con lo que me ocurrió mientras lo pintaba se me hace ahora presente al soltar el lazo de los recuerdos, y me hace pensar, desde mis proporciones de mamarracho, en los artistas cuya vida va siendo reflejada en su arte con la misma forma como va ocurriendo.
A mí me corresponde ahora decir adiós a ese bastidor que mandé a diseñar con la forma de una supuesta curvatura porque ya tenía en mente pintar la bóveda por donde la luz sale del firmamento para prestársela a nuestro cielo en forma de arco iris. En realidad quería pintar la música, desde que suena en tono de blues hasta que explota en una lambada con las caderas en la playa.
Al ver las escuadras rígidas, mi tío, el gran Turcios, me escribió desde España su impresión con la que bajó del cielo mi disparate del lienzo curvado: «tiene forma de potera». Y así quedó enterrada la idea de la curva cósmica.
Otro recuerdo que tengo del cuadro es que se salvó del ataque sicólogico de una novia que tuve, a quien le encantaba el arte excepto cuando me veía feliz haciéndolo. Ven, Jorge, deja de andar perdiendo el tiempo pintando y hagamos esto, aquello o lo que sea. Menos mal el cuadro y mi amor al arte sobrevivieron a esa relación. Y todavía el arco iris en un solo de guitarra seguiría vivo colgado en el mismo lugar donde lo terminé tres años después, en El Morro, sino fuera porque había llegado su final a mitad de camino, cayéndose del carro. Salud por el arte que se fue, salud para el arte que llega. Como la vida misma.

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Acerca del Autor

4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Editor general de Lachachara.co y gestor de proyectos de la Fundación La Cháchara. Ejerce el oficio periodístico desde niño, combinado en la actualidad con la docencia universitaria, asesorías en comunicación para personas y organizaciones. También practica manifestaciones artísticas como la poesía, la pintura y la realización audiovisual. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3182484320

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