Lamentables fracasos

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Las incapacidades de nuestras fuerzas militares son reflejo de un mal profundo.

Por Jorge Guebely

De fracaso social y humano pueden considerarse las acciones del ejército nacional si tenemos en cuenta la Constitución. No ha preservado nuestra independencia porque dependemos de potencias extranjeras; ni la integridad del territorio nacional porque nos lo han cercenado múltiples veces; ni el orden nacional porque, incluso, ha contribuido con el desorden de la guerra. Ninguna seguridad provee a los colombianos, ni ninguna paz surge de sus armas.

Suerte similar para la policía. No ha podido institucionalizar y preservar la armonía ciudadana que también es mandato constitucional. Peor aún, ha sido criminal cuando ha ondeado banderas políticas; cuando se alió, durante la Violencia, con los conservadores para masacrar liberales del común. Tan criminal como cuando los altos mandos del ejército se aliaron con paramilitares para masacrar campesinos inermes.

Instituciones creadas constitucionalmente para la independencia de todos los colombianos, independencia con dignidad y paz, pero sólo actúan para la represión, para perpetuar una brutal guerra fratricida.

Dos instituciones incapaces de prevenir o neutralizar la inseguridad, la extorsión, los asesinatos, la corrupción, el robo, los atracos, la violación de niños, etc., etc., … Pagan el error histórico de servir exclusivamente a nuestra élite momificada y en contra de los colombianos excluidos. Élite cuya codicia produce miseria, desigualdad y exclusión; cuya inmoralidad engendra corrupción, guerras y masacres. Por sus mentiras, miembros menores del ejército y de la policía mueren inútilmente asesinados. Élite estancada en el siglo XIX, usa y abusa de la fuerza bruta para defender sus privilegios. Élite guerrerista que manipula altos mandos militares para construir sus infames guerras y los emparenta con ejércitos privados para perpetrar masacres. Los incita a luchar contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión a base de tiros, de muertos, de falsos positivos, de terrorismo. Y el terrorismo, venga de donde viniere, “es un desprecio por la vida y un crimen contra la humanidad”, según el Papa Juan Pablo II.

Instituciones importantes y necesarias para cohesionar el país. Desafortunadamente están en paz con la inmensa minoría y en deuda con la inmensa mayoría. Queda la esperanza de ver sus conciencias sanas liberándose de las élites, modernizándose histórica y humanamente. Verlas conjurando confrontaciones en vez de alzar cabezas asesinadas como trofeo de batallas improductivas. Ojalá, practicando el supremo arte de la guerra que, según Sun Tzu, consiste en vencer a cualquier enemigo sin ir a ningún combate. En fin de cuentas, las armas deberían servir para que prospere la grandeza humana de un país, no los privilegios mezquinos de una élite voraz.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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