El peor peligro

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Se autoproclaman demócratas, pero se alteran cuando el New York Times les descubre posibles falsos positivos.

Por Jorge Guebely

El peligro no es que los duros de la extrema derecha teman la verdad, sino que se metamorfoseen en cínicos puros, antesala de las dictaduras. Que sin importarles la opinión pública arrecien el descaro, fomenten el odio, anulen a cuanto reclamante de justicia social exista y renueven clandestinamente los viejos falsos positivos. Que acaben con la vida de muchos seres humanos y, sin embargo, por esos excesos, se autoproclamen como auténticos guardianes de la Patria. Que conviertan el cinismo en política de Estado porque los cínicos, parodiando a Oscar Wilde, conocen el precio de todas las cosas, menos el valor de la vida.

Como cualquier infractor público, al sentirse develado, los cínicos acuden a las mentiras pomposas con intenciones dolosas. Pero los crímenes de la extrema derecha colombiana ya están develados. La conocen los líderes sociales porque las sufren y las víctimas del Estado porque aún las padecen, también los periodistas con talante humano porque sienten herida su sensibilidad y la opinión pública nacional e internacional porque las observa con perplejidad. Más de medio país conoce sus verdades, menos la justicia colombiana que, por temor o podredumbre, se ha convertido en una ninfa cegatona. Justicia que imita al marido engañado: todo el mundo lo sabe, menos él. O, por lo menos, finge no saberlo. Abundan jueces bandidos y cómplices.

Cinismo que consiste en pregonar públicamente verdades fastuosas para ocultar execrables realidades. Pregonan la paz, pero torpedean la JEP, exigen combates al ejército, premian a militares cuestionados, persiguen a los que previenen los nuevos falsos positivos y se oponen a las conversaciones con los grupos políticos alzados en armas.

Detestan los grupos armados, pero los usan para justificar los crímenes de líderes sociales. Exigen verdades del conflicto, pero ocultan las propias: las de hacendados y parapolíticos, las de multinacionales y religiosos… Se autoproclaman demócratas, pero se alteran cuando el New York Times les descubre posibles falsos positivos. Dicen gobernar para todos, pero sólo favorecen a las élites. Llaman “delincuentes” a los antiguos jefes de las Farc, pero “doctor” a Andrés Felipe Arias, que es un condenado jurídicamente. Supremos del cinismo político, demócratas que odian la democracia, pacifistas que aman la guerra, populares que menosprecian los pueblos. Cinismo, ésa otra fuerza brutal que aterroriza al mundo y socava al ser humano, según Máximo Gorki.

Pero el peor peligro: el que incautos ciudadanos asimilemos el cinismo oficial y terminemos votando por los peores cínicos en las próximas elecciones.

jguebelyo@gmail.com

Nota: Extrañaríamos mucho la voz de Daniel Coronell.

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Jorge Guebely

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