El cóndor de los Andes que nació en el Aviario de Barú

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Ahora el cóndor bebé de un mes y medio intenta agitar sus alas, viendo las alas enormes de su padre que lo abanica y le abre la boca para darle de comer. Pero aún no puede volar. Tanto el macho como la hembra expulsan la carne que ya han comido desde su estómago y lo depositan en su boca.

Por: Gustavo Tatis Guerra

Pero aún no puede volar. Tanto el macho como la hembra expulsan la carne que ya han comido desde su estómago y lo depositan en su boca.

“A los cóndores le damos diariamente una mezcla de carne de vaca, huesos, hígado e intestinos”, dice Martín Pescador Vieira Obregón. “Mezclan todo lo que han comido en su buche y le dan de comer al pichón de cóndor. Se turnan. El macho entra a la cueva. Y luego la madre. En otro instante, son los dos los que están alimentándolo”, cuenta Martín.

La escena ocurre en silencio. Los cóndores están sumidos en un silencio casi absoluto, solo bajo el concierto de los pájaros y la levedad de las hojas que caen. A los viajeros y visitantes, que llegan al Aviario de Barú y pasan frente a la cueva donde están los cóndores, se les pide más silencio del que rodea a los cóndores. Y los cóndores son mudos, no emiten ningún sonido porque tienen atrofiada la siringe. El cóndor macho es grandísimo, de color negro y plumas blancas en el cuello y en las alas. Su cabeza es de un rojo oscuro que cambia de color según su estado anímico.

El bebé es el primer cóndor de los Andes que nace en cautiverio en el Caribe, muy cerca del mar, en el Aviario en Barú. Es de padres cóndores chilenos que cruzan los horizontes de la Cordillera de los Andes, desde la Tierra del Fuego en Argentina, hasta el occidente de Venezuela.

A Colombia llegaron tres parejas de cóndores, enviados desde Chile por la Unión de Ornitólogos de ese país y con el apoyo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia.

Una pareja de cóndores para el Parque Jaime Duque, en Bogotá; otra pareja para Medellín; y otra pareja para el Aviario Nacional de Colombia, en Barú. La única pareja que se ha reproducido en cautiverio es la que llegó al Caribe. La cría nació el 30 de abril.

vida de cóndores

El cóndor, ave voladora más grande y longeva del planeta, es un símbolo en todo el continente, está en nuestro escudo como una presencia reverencial e ineludible, es un patrimonio natural y cultural y una especie amenazada, que revolotea en las pinturas, en las novelas y en las canciones. Fue un ave sagrada para los incas que la creían inmortal. También sentían que solo los cóndores traían noticias y presagios de grandes alturas.

El cóndor intenta dar sus primeros vuelos a sus seis meses. Y a sus nueve meses acompaña en el vuelo a sus padres. Y, al año y medio, ya tiene la libertad de disputar la presa. El cóndor es carroñero. Puede llegar a los 75 años en cautiverio, según expertos.

Se alimenta de animales muertos o enfermos. Y al devorarlos empieza por las partes blandas del cadáver del animal, por los ojos, la lengua, los testículos, la ubre, el ano, etc. Pero con su pico y su gancho va destrozando el resto del cadáver.

Los cóndores son monógamos. Escogen a su pareja y se pasan toda la vida con ella, pero si alguno de los dos muere, solo así, el cóndor solitario puede buscar otra pareja. Tanto para el macho como la hembra.

Alimentar al bebé cóndor

No es fácil alimentar a un bebé cóndor, ha explicado Andrés Merizalde, director técnico y científico del Aviario Nacional. El acontecimiento de su nacimiento es una prodigiosa noticia para repoblar de cóndores a un país como Colombia, que solo cuenta con cien de estas aves. Después de que el pequeño cóndor se críe, el objetivo es devolverlo a su hábitat natural.

Cada mañana, el equipo que acompaña a Andrés Merizalde tiene la reserva alimenticia de los cóndores padres, para que estos, a su vez, alimenten a su bebé.

Una mirada de fuego

En este instante, el macho con sus alas desplegadas en lo alto de una roca, casi abrazando a su hembra. Como si fuera un cortejo. Sus ojos rojos son un aro de fuego frente a los ojos cafés de la hembra. Su pupila no está acostumbrada a las orillas sino a las alturas. Sobre ella pasan lejanías solitarias, alturas de más de 6 mil quinientos metros, soledades rocosas y montañosas.

Obregón premonitorio

Silvana Obregón, que está al frente de esta aventura fantástica del Aviario Nacional en siete hectáreas en Barú, está recordando ahora el momento en que su padre respondía una llamada telefónica, mientras dibujaba a mano alzada con un bolígrafo, un cóndor. Le desesperaba hablar por teléfono, no le gustaba, así que mientras hablaba, pintaba. Y, al terminar la conversación, culminó el cóndor pero, a los pocos segundos, arrugó con su mano al cóndor dibujado y lo arrojó a la basura.

Silvana lo salvó de la basura y lo guardó, lo reparó y vio que era un dibujo perfecto de algo premonitorio: ese dibujo hoy es la imagen del Aviario Nacional. Pero las premoniciones acompañan a Obregón: en otro papel dibujó a una pareja de cóndores con su pequeño bebé, escena que tanto Silvana y su hermano Rodrigo consideran que fue un augurio de la reproducción de la pareja de cóndores en Barú.

No es casual que un artista como Alejandro Obregón consagrara su existencia, fecunda y maravillosa, pintando y amando a los cóndores y la fauna y la flora del Caribe y los Andes, y tuviera un nieto como Martín Pescador Vieira Obregón, que ahora protege a los cóndores, los ayuda a nacer y cuida de que no se extingan. Martín Pescador, junto a sus padres Rafael Vieira y Silvana Obregón, es la metáfora en carne viva de lo que su abuelo pintaba: es un guardián de la fauna y flora de todo el país. Guardián de peces y pájaros.

La libertad del cielo

Por ser el primer cóndor de los Andes nacido en el Caribe, los especialistas han sugerido que se libere en la Sierra Nevada de Santa Marta. “No se ha precisado la fecha. Es probable que sea en año y medio o dos años”, dice Martín Pescador.

“Deseamos liberarlo en ceremonia con la presencia de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada: los Koguis, los Arhuacos y los Iwas, quienes serían protectores del cóndor, por su hábitat y por su espacio espiritual. Pero sabemos que el lugar donde se libera a un cóndor no es el lugar donde se queda a vivir, porque ellos viajan hasta 600 kilómetros por día. Así que no es de extrañar que pasado mañana estén en el otro extremo del país. Por eso se pensó también en el Páramo del Almorzadero o el Parque Nacional Natural El Cocuy”, precisa Martín.

Por su parte, el mamo Kogui busca en su mapa espiritual el tiempo estratégico en que puedan confluir las energías celestes y ancestrales de los cuatro puntos cardinales de toda la nación colombiana, para que el cóndor se sienta bajo su propio cielo.

Le cuento a Martín que un día, en la casa de su abuelo, el maestro Obregón, le escuché decir al artista que “el viento nace debajo de las alas de los cóndores”. Lo apunté en el reverso de una página. Curiosamente él estaba pintando vientos desgarrados en acrílicos azules y rojos, leía poemas sobre vientos y esperaba que Raúl Gómez Jattin le escribiera un poema sobre vientos. Ignoraba que el cóndor cuando se siente envejecido elige el pico más alto, la soledad más deslumbrante y saliente de la montaña y se deja caer a pique para caer en el fondo de las quebradas. Su descenso es como un regreso a los orígenes, al vientre materno, a la raíz de sus ancestros. Pero ahora, al cóndor bebé de Barú le espera un cielo inmenso, ardiente, rayado por la lluvia de junio, que vislumbra desde la oscuridad de su cueva. Una cueva enorme de piedras gigantescas que han construido para él y sus padres.

Epílogo

Nunca en mi vida había visto a un cóndor y a una águila arpía. El milagro ha sido posible gracias a Silvana, en esta travesía de domingo a este reino fantástico del Aviario Nacional de Colombia, en Barú, donde Alejandro Obregón hubiera visto en carne viva las criaturas de sus pinturas. Martín Pescador nos comparte imágenes y videos del cóndor bebé con sus padres, para que también ustedes puedan sentir su aleteo.

El cuello enrojecido del cóndor macho se vuelve amarillo de repente. Qué sensaciones tendrá esa enorme criatura que se alimenta de cadáveres que vislumbra desde los cielos. La escena de los tres cóndores es lo más parecido a un instante de la tribu humana.

Al salir junto a mi familia, luego de haber permanecido sentados en silencio, viendo a los cóndores, el viento desprende una pluma de pavo real que relumbra en el sol del invierno. En las pupilas del cóndor pasa la sombra del cielo.

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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