Preavisados

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La ignorancia no nos salva de nuestra vieja e inhumana política.

Por Jorge Guebely

Es necesario saber que la energía que mueve al país no surge de las carencias vitales de los colombianos, su derecho natural a evolucionar material y culturalmente hacia el ser humano. Surge de la pandillera mecánica electoral que no conduce al desarrollo económico, ni al bienestar de la gente, ni a la paz, ni a la lucha contra los corruptos, ni a ningún fin dignificante. Miseria de la política. Conduce patológicamente al éxito electoral. Democracia enferma, convulsiva y delincuencial. Democracia de y para las élites.

Votar en las próximas elecciones y saber antes que, hoy, el poder ejecutivo no reside en el presidente Duque. Reside en Guillermo Botero, Ministro de Defensa; Alberto Carrasquilla, el de Hacienda, Humberto Martínez, el Ex-fiscal que fungía como Ministro de Justicia y acaba de renunciar quizás para aspirar a las elecciones de 2022. El verdadero poder de un gobierno, todos en torno a Uribe que es Senador y funge como Ministro del Interior. Poder visiblemente oculto.

Urgencia de extremismo es el ideal de toda extrema. Sueño del uribismo, sólo aspira a concentrar poder para ejercerlo absolutamente. Y por concentrar, conflictúa con todas las derechas del espectro político nacional: desde el extremoso Cambio Radical, atravesando la gama de liberales, hasta concluir en el centro. Y, por supuesto, con todas las izquierdas. Únicamente tendería puente con la casa Char de Barranquilla que simplemente es de extremo charismo.

Menosprecia la “mermelada”; esa poderosa, maleable y mañosa fuerza de la democracia colombiana. Tan dañina como el poder concentrado. Poderosa fuerza que ha puesto en ridículo al presidente Duque, lo ha convertido en el mejor fracasado del primer año de gobierno, en un inepto con voz. Precio que paga por la torpeza de concentrar poder público.

Inútil ignorar que, para recomponer este fracaso, la extrema derecha espera ganar las próximas elecciones. Ganar alcaldías y gobernaciones, fortalecerse desde la periferia al centro, para gobernar con menos obstáculos. Ganar para imponer, por las buenas o las malas, principios y programas ultra-tradicionales, todos para favorecer privilegios de las élites. Para repartir limosnas y promesas al resto de los colombianos. Para ambientar todas las reformas, desde la constitucional hasta la pensional.

Los pobres y los paupérrimos de Colombia están preavisados, incluyendo la veleidosa y decreciente clase media. Nada nuevo se debe esperar de las viejas ideas políticas, de los extremismos políticos; excepto, el mismo, vergonzoso e inequitativo Estado; pues las extremas carecen de cerebro y corazón para algo menos inhumano.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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