El sacerdote que se me mueve entre La Chinita y el Centro Comercial Buenavista

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Desde hace un par de años mi atención viene subiendo en los discursos del Padre Alejandro Galvis. Lo dice alguien como yo, que se alejó mucho tiempo de las eucaristías.

Por Jairo Castañeda

Admiro la sencillez del Padre Alejandro Galvis al describir las situaciones, y la creatividad con la que reflexiona los episodios bíblicos. Personas como él hacen que uno vuelva a interesarse en la Religión y en Dios.

Le pedí conversar para ahondar en sus habilidades comunicativas y recursos narrativos sobresalientes durante la homilía. Él me dice que más que asignarse ese elogio a sí mismo, se lo atribuye a Dios.

 

¿Hace cuánto empezó su camino en la orden católica?

Yo arranqué más o menos en el año 95, mi familia acababa de llegar a Barranquilla y me acerqué a un grupo de oración de renovación carismática. A ese grupo fui porque no tenía amigos, ya que estaba recién llegado a la ciudad, vivíamos en la 80 con 45; y la gente por allí no salía a jugar como en el pueblo de donde yo vine: San Gil, Santander. Tenía 13 años en esa época, me invitaron al grupo de la iglesia Torcoroma, me impresionó ver la música que tocaban y me quedé porque me gustó una niñita. 

¿En qué año inició el seminario?

Terminé mi colegio en el año 99 e ingresé a una orden religiosa de franciscanos. Me fui a Medellín a hacer mi preparación y luego profesé como religioso en los terciarios capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores. Allí estuve 3 años y decidí retirarme, pensé que la vida religiosa no era, tal vez, en ese momento lo que yo buscaba; luego empecé a trabajar con el Icbf en protección de menores. Allí fui conociendo más sobre el clero diocesano en Atlántico y fui a estudiar filosofía en la UPB de Medellin. Regreso a terminar mis estudios en el seminario Juan 23 hasta que me ordenaron sacerdote en el 2016. 

¿Y cómo fue la reacción del entorno familiar y amigos cuando comunicó su vocación ya en firme?

Varias cosas. Mi familia: a mi hermano le dio igual, mi hermana me apoyó porque en los grupos de oración siempre estuvo allí y fue algo muy positivo. Mi mamá dijo “yo te apoyo”, aunque no entendía el alcance de la decisión que estaba tomando; sobre todo, lidiar con que ya no iba a vivir en la casa. Pero al que más duro le dio fue a mi papá, me dejó de hablar por 6 meses, ni siquiera me pasaba al teléfono, luego empezó a darse cuenta de lo que yo hacía y de la determinación. Ahora soy el hijo del que más habla, del que más se enorgullece y siembre habla de “mi hijo el sacerdote”. Mis amigos me apoyaron, tuve que interrumpir un noviazgo que tenía, lo cual fue un poco difícil, a pesar de todo eso he tratado de seguir adelante.

¿Por qué su homilía es tan atractiva para los feligreses? ¿Cómo diseña esos discursos?

Primero es que se transmite una experiencia de vida, es decir algo que ha transformado mi existencia, mi manera del mundo, de lo impactante que ha sido para mi encontrarme con Cristo y es ahí donde sale la fuerza, la emoción, la alegría de hacer lo que hago. Yo tengo que confesar que lo que más me agrada del sacerdocio es predicar, poder dirigirme a las personas, siempre espero ese momento con emoción. Estoy seguro que detrás de todo esto está la gracia de Cristo. Yo presto mi boca, mis ganas de hacerlo y sé que Cristo va haciendo la obra en cada uno de los que llegan allí. Porque en cada homilía Dios tiene una palabra especial para cada persona (¡qué va!, ni siquiera me doy cuenta de eso, Dios mismo hace la obra). Luego están los años de experiencia, hablando delante de las personas, eso te va dando experticia y soltura. También en el seminario se aprende sobre cómo dirigirse a personas. Es la emoción de compartir algo que en mi vida es fundamental: encontrarme con Cristo. 

¿En plena homilía está pendiente de las caras de las personas? ¿sabe en qué momento el discurso les está llegando? 

En la eucaristía que celebro en el centro comercial Buenavista 2, todos los domingos a las 10:30am, percibo una gran atención y receptividad de la gente. Cuando estoy predicando, todos los ojos están fijos en lo que digo. Eso me llama la atención, sobre todo por la parte física del lugar. El 1er piso se llena pero también hay gente en el 2do y 3ero, así que me siento en un auditorio o en un teatro griego, me causa emoción pero percibo que la gente está tan atenta que estamos conectados, eso me produce mucha alegría.

El centro comercial no invita tanto al recogimiento, como sí lo haría un espacio sagrado (parroquia), porque acá está el tránsito de la gente, el comercio; pero eso resulta siendo un aliciente, ya que la gente, a pesar de todo, se concentra, a mí me causa mucha emoción.

Ahorita comentaba que le gusta predicar, ¿se refiere a que no solo es dentro de la misa sino fuera de ella también?

Sí y que bueno que me lo dices, porque hay que hacer diferenciaciones. Cuando uno habla de Omilía se refiere al contexto del sacramento de la eucaristía, sin embargo en mi servicio sacerdotal siempre tengo que desarrollar muy frecuentemente charlas en otros espacios: grupos de oración, incluso colegios que quieran tratar un tema específico. Entonces soy un multi-escenario, donde tengo que estar hablando siempre con la misma alegría, emoción de hacer lo que me gusta hacer; 2do que le estoy haciendo un bien a las personas porque todas las respuestas quedan resueltas a la luz del misterio de Cristo. Eso le da sentido a la vida de las personas, nunca pasa de moda y es tan atractivo. 

Usted menciona frecuentemente al Papa Francisco, ¿qué es lo que más ha aprendido de él?

Tengo que confesar que de los ministerios pontificios contemporáneos, tal vez no sea el del Papa Francisco el que más más me ha impactado, tal vez me impactó más Benedicto XVI, por el tema de la teología. Cada Papa tiene algo muy especial, por ejemplo el papa Juan Pablo II era muy orientado a los medios, hasta de espalda salían bien las fotos de ese hombre; Benedicto no, porque él tenía la carita más complicada. Ahora el magisterio del papa Francisco es otra cosa totalmente distinta, él va logrando una conexión con los dramas más comunes, usa un lenguaje tan sencillo y humilde pero a la vez muy impactante e inclusivo. Lo que más me ha impactado en él es la misericordia, y abandonar esas posturas tan rígidas de estar siempre censurando la vida de la gente. Esta expresión ha sido clave en su ministerio pontificio: Misericordia. Desde ese punto de vista de sentirnos misericordiados, que fue un término que él inventó, nos permite sabiéndonos perdonados y aprendiendo a perdonar a los demás. Acoger a los demás, crear lazos de unión que parecían que antes no había caminos para acercarse a allá. Si uno analiza el tema de las conversación interreligiosas y ecuménicas, hace poco se dio una reunión con adventistas y mormones, esto es un hito en la historia de la iglesia. Hay un cantante argentino, Víctor Heredia, que dice que a veces somos como islas perdidas y el Papa ha tendido puentes entre ellos, entendiendo que primero hay que hacerse amigos de los hombres para luego hacerlos amigos de Dios. Esto se constituye en el eje de cómo yo percibo a los demás como hermanos.

¿Qué otras figuras mundiales han servido de inspiración para su crecimiento?

Es difícil decantarme por alguna figura, soy un amante del ser humano, del ingenio, ciencia, artes, música. Desde los 13 años de edad, mi instrumento principal es la guitarra, mi mamá es pintora y de allí heredé eso. En artes admiro a Hans Zimmer, que realizó la banda sonora de Interestellar, de Christopher Nolan. Si me preguntas por otras vidas que le han aportado tanto a la mía, no puedo dudar en decir que son los santos de la iglesia y son un ejercito, cada uno me ha aportado algo. Francisco de Asís ha sido influyente hasta para nuestros hermanos musulmanes, el querer y amar la sencillez, la pobreza y la humildad. Valorar cada momento como un regalo de Dios. De San Juan Bosco, la esperanza por la juventud, hoy que decimos que están echados a perder, eso es un sofisma, los jóvenes son el futuro de la sociedad y vale la pena, o más bien “vale el gusto”, de enseñar, acercarse, escucharlos, aportarles. Santa Teresa de Calcuta era capaz de ver a Cristo en el rostro de los pobres e incluso en aquel hermano que, por sus enfermedades, olía a feo ¡Porque la pobreza tiene olor! Y así te puedo mencionar un montón que la gente no conoce. Y en ellos hay una riqueza que a nosotros los sacerdotes nos hace falta proponer más a los fieles, entrar en esas vidas que nos aportan tanto.

Y San Agustín es fundamental sobre el cambio de hábitos, porque pasó de una vida alocada a algo más centrado.

Tanto él como Francisco de Asís, cuando estaban pequeñitos, jamás jugaron a la misa. Francisco también era el alma de todas las fiestas de Asís, en todas las rumbas estaba, y San Agustín no se quedaba atrás. Ambos confiesan de una manera tan sincera como fue el proceso de su conversión, de cómo Dios pudo entrar a sus vidas y cambiarlos, nos las presentan con toda la vivacidad.

¿Cómo es la vivencia de su parroquia actual? en “La chinita”, imagino que es un sector con historias de aprendizaje cada día, de transformación y demás, ¿qué ha logrado ver?

La parroquia La presentación del señor, casi llegando al puente Pumarejo, está en un barrio con sus particularidades. Históricamente si escuchan la palabra “La Chinita” se impresionan mucho porque hay antecedentes de violencia y otras cosas un poco complejas. Debo confesar que yo allí fui con temores y prejuicios, pero Dios me ha dado una grata sorpresa. Llevo allí 3 años y he sido muy feliz. Encontré una comunidad excelente, receptiva a cualquier iniciativa, amable. He tenido buenas relaciones inclusive con los hermanos protestantes y Testigos de Jehová. El mayor testimonio que un cristiano puede dar empieza por la amabilidad y el respeto; cosas sencillas: saludar, preguntar, escuchar, en estar presente, porque mucho de lo que ha pasado con estos hermanos que viven en situación de pobreza ha sido por la marginación. He notado que el 99%, sino más, son personas muy buenas, increíbles; tal vez habrá unos pocos que vuelven el ambiente peligroso, incluso hay que entender por qué hacen lo que hacen. He estado aprendiendo de las cosas sencillas que ellos viven, de las que ellos se alegran, entré en contacto con la champeta que era un ritmo que no apreciaba yo mucho, verlos cómo la bailan, el fútbol en la calle. Funciona como un pueblo, una provincia dentro de una ciudad. No he tenido una dificultad de seguridad, ni siquiera he presenciado un atraco en el barrio, eso indica que las cosas han cambiando bastante.

Le ha convenido al barrio la fama de Teófilo Gutierrez

Estas figuras son como una esperanza para los chicos que desean alcanzar grandes cosas en su vida. Me preocupa los chicos que pierden el tiempo en la calle, a veces andando con amistades que no aportan o adultos que los involucran en tráfico. Ahí es donde está el trabajo, no solamente desde la Iglesia sino la política, hay que mirar para allá y darse cuenta que necesitan de inversión.

Hace unas semanas usted dijo que la parábola del hijo pródigo era una de sus dos favoritas, ¿cuál es la otra favorita y por qué?

Qué buena pregunta, a mé me parece tan importante el hecho en que Dios nos ve con ojos de misericordia y ternura. Sería bueno imaginar cómo fue la mirada de Jesús, nunca fue enjuiciadora. Debió ser algo que impactaba y enamoraba, hasta tal punto que llegó a hacer que Mateo se parara de la mesa de los impuestos, a Pedro que dejara tirada la red e irse detrás de él, era algo magnético que convocaba, que incluía, jamás excluía. Esta del hijo de prodigo, que prefiero llamarla “el Padre Misericordioso”, indica que Dios a pesar de nuestra historia, de los desaciertos, siempre nos mira con ojos de perdón y misericordia. Algo que no aplicamos por el matoneo que nos hacemos y no perdonamos ninguna. Es atractivo imaginarse cómo el padre recibe con tanto cariño al hijo que vuelve. 

La otra también tiene que ver con la misericordia, está en los sinópticos y habla acerca del perdón. Para Dios hay una condición que no se puede perder de vista, Jesús decía: “mi padre los va a perdonar siempre y cuando ustedes perdonen a los demás”. Era una deuda impagable, al Rey le debían, tenía que vivir dos veces para pagar y el personaje suplicaba para que se lo perdonaran. El Rey solo le exige que viva con la misma misericordia; luego pasa algo paradójico, y aparece un amigo que le debe algo que se podía compensar con dos jornales de trabajo y ¿qué hace este hombre? lo coge por el cuello y lo mete en la cárcel. Me sorprende escuchar gente que dice: “Padre yo no tengo fuerzas para perdonar el daño que me han hecho”, por tratarse de heridas fuertes, infidelidades, yo simplemente le digo a la gente: piensa en cómo Dios te mira a ti, siempre nos perdona. ¿Cómo tu no vas a hacer el intento de comprender a esa persona que te ha ofendido? y arranca el ejercicio de “Dios me ha perdonado, yo también voy a perdonar”.  

Me hace llorar esa parábola, porque me siento como ese hijo pródigo por ciertos errores que cometí y fui bien recibido por la familia. Menos mal que no tuve el hermano furioso.

Me ha pasado una cosa y lo debo confesar a todo el que me escucha, yo en la misa predicando también me he puesto a llorar como un niño y es difícil porque me ve mucha gente y no sé como parar. Una vez me pasó un Domingo de Ramos acá en Buenavista, al imaginarme a ese padre tierno que espera a su hijo mirando por la ventana.

Trato de involucrar la imaginación en las homilías, hay un evangelio que ayuda mucho en esto y es el de Marcos, ya que él recoge los últimos pasos de San Pedro en Roma. El evangelio de Marcos tiene una vivacidad que parece que te pusiera en medio del relato y se presta para que uno imagine a Jesús en diversos escenarios, ejemplo: montado en una barca y predicando, debía tener un tono de voz robusto para predicar en un campo abierto en aquel lago que parecía un mar. En su anatomía debía ser un hombre imponente, por eso en aquellos cuadros en los que aparece con rasgos femininos, me choca un poco. 

Y con el episodio de la mujer adúltera, mi hermana plantea que Jesús no quiso mirar la escena para no confrontar a los presentes con sus ojos.

Lo interesante de acercarse a la palabra de Dios es que en la multiplicidad del Espíritu Santo, uno lo puede enfocar de muchas maneras, así que es válido esto que cuentas. Yo en este episodio creo que Jesús les hace frente, según los Santos (grandes teólogos de la Iglesia) dicen que Jesús escribía en el suelo los nombres de los que estaban y los pecados cometidos; luego con la frase de: “si están libres de pecado, que tiren la primera piedra”. Jesús los conocía. Dicen por ahí jocosamente que el único que podía hacerles un juicio porque no tenía pecados era el mismo Jesús o María Santísima, eso dice la gente. Lo que me impresiona es que en cada una de esas piedras había un juicio, ignorando la propia vida de la muchacha, y ver cómo ella experimenta la misericordia de Dios.

¿Tiene testimonios de transformación, de personas que hayan llegado en medio de un caos y algún mensaje suyo logró transformarles?

Cada persona viene con un drama, todos tienen dificultades. Esa idea de felicidad sin problemas, no existe. Las personas que vienen a la eucaristía normalmente me piden mi teléfono y los escucho en algún espacio, conecto mucho con los jóvenes. Por algo soy Capellán del Parrish. Muchos vienen por temas afectivos, matrimoniales, vicios que adquieren (alcohol), relaciones a muy temprana edad, y como se le ha puesto un tabú sienten que no pueden hablar con nadie naturalmente, trato que se convierte en un espacio de apertura para que no se sientan censurados ni juzgados. Son muchos procesos y he encontrado gente que no encuentra salida para su vida más que el suicidio y me impresiona porque soy un enamorado de la vida. Lo importante es escuchar, ni siquiera los consejos que les das, ya con eso está solucionado la mitad del problema. Toman esas decisiones porque están solos y no encuentran el sentido de su existencia, desde ese punto de vista, los cambios no han sido tales que aparezcan diciéndome: “ya todo se solucionó”, sino más bien da pie para entablar una amistad y luego me dicen “padre ya he avanzado, estoy conversando con mi esposo esto, decidí que voy a luchar por mi matrimonio”; los chicos te dicen: “esta semana la luché”. Son procesos de conversión y ahí voy acompañando, esto además fortalece mi vida sacerdotal porque un sacerdote no se hace sólo; sino que que se construye con el afecto de los demás. A final de cuentas les digo: oren por mí, yo necesito reforzarme para responderle al señor. Cuenten con mi oración pero yo también con las de ustedes.

Un par de clips de la entrevista:

 

 

 

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Acerca del Autor

Jairo Alonso Castañeda

Ingeniero industrial, Consultor Organizacional, Orador y Chacharero. Con los años percibió que cada oportunidad de mejora en Procesos de vida, o laborales, tiene una causa emocional por ser ahondada. A inicios del 2017 patentó la herramienta de "Lo Que Llevas". Allí, con imágenes y reflexiones, comparte una atmósfera lúdica (virtual o presencial) para que todos extraigan bienestar de su Equipaje Emocional.

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