Las heridas no prescriben

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Hoy como nunca antes, toda la Iglesia, debe acompañar al papa Francisco en su esfuerzo porque se haga justicia con los menores, adolescentes y personas vulnerables víctimas de abusos en el seno de la Iglesia.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

También se hace necesario acompañarlo en su firme determinación por subsanar, desde la misma raíz, un mal que nos avergüenza y exige la más profunda conversión. Nos preocupa el daño irreversible que hace a todos el abominable crimen de la pederastia, patología grave y tristemente extendida al punto que, algunos, quieren justificarla, explicarla y hasta legalizar. No obstante, en esta Iglesia, santa y pecadora, hay todo un contingente de buenos sacerdotes y consagrados, fieles a Jesús y a la Iglesia, que son la inmensa gran mayoría, y que diariamente están entregando sus vidas y sufren el martirio.

Este enorme grupo de buenos pastores queremos ser dignos de esta hora, reconociendo el pecado, sintiendo vergüenza y haciendo un camino de sanación tan profundo como profundas son las heridas que no prescriben.

La credibilidad y confianza de la Iglesia están cuestionadas porque además del dolor se siente la impotencia en las víctimas, en sus familiares y en toda la comunidad. De ahí el carácter y la determinación del papa a la hora de asumir el reto: “Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles. Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de la Iglesia”.

El su reciente motu proprio, Ustedes son la luz del mundo, el papa Francisco da su respuesta al mal de los abusos sexuales en la Iglesia. ¿Qué nos exige? Una información de fácil acceso; apoyo pastoral a las víctimas y sus familias; puntualidad y minuciosidad en las investigaciones; protección para los denunciantes y participación activa de los laicos. Como quien dice, los depredadores a la justicia sin importar su rango en la Iglesia y empecemos todos, ya, un camino de sanación espiritual. Con estas exigencias debemos abrir el foro: ¿Somos conscientes de que la única manera que tenemos para responder a este mal es vivirlo como una tarea que nos involucra y compete a todos como Pueblo de Dios? ¿Estamos en condición de reconocer, como Iglesia, nuestros pecados y de abrirnos a un camino penitencial capaz de renovarnos desde dentro y en profundidad? ¿Estamos dispuestos a seguir el camino de la verdad sin importarnos a donde esta nos pueda llevar? Agradezco a todos los lectores que deseen hacerme llegar sus respuestas, comentarios y observaciones al correo: ramaca41@hotmail.com. Gracias.

Padre Rafael Castillo Torres:*Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena.

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