Gogol Bordello, el MultiKontraCulti punk gitano

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La música de Gogol Bordello es, en efecto, música de artistas que –como el tísico de la quinta de San Pedro Alejandrino– aran en el mar y siembran en el viento.

Por: Domingo José Bolívar Peralta

 La música se mueve, viaja con las personas, se impregna de cada vivencia particular. En estos tiempos de “globalización” y desarraigo, son los artistas pata de perro (no los “políticos”) quienes mejor perciben los problemas que aquejan a los conglomerados humanos, son quienes captan con más agudeza la contradicción humana. Me estoy refiriendo a artistas, no a meros entretenedores.

No por nada homenajean a Nikolai Gogol, quien recomendó a los escritores que si la pretensión es ser universal, se debía empezar por describir la aldea propia (¿o lo dijo Tolstoi?). Dicen que estamos en la era de la “aldea global”, ¿no? Sin embargo, estos músicos saben que no se trata de tragar sin antes haber masticado. Rechazan la “monoculturalidad”. Sus ramas son fuertes, sus frutos deliciosos, porque la esencia les viene de sus raíces. Uniformizar la “aldea global” es cosa de vendedores de uniformes, del “Gran Hermano”; si triunfaran los uniformadores, moriría el Arte, aun cuando el mundo fuese feliz y perfecto sólo en la portada (y Andrei Tarkovski, al verlo, se reventaría los ojos como Edipo).

Gogol Bordello, en su música, en su sentir –un ser y estar de emigrantes– acude a las fuentes de la tradición popular, a la diversidad de los pueblos y a la enfermedad del mundo de la que habla el mentado Tarkovski; revuelve en su caldero gitano todos esos ingredientes con altas dosis de punk, y nos sirve una música de potente magia, en la que es posible reconocer cada sonido, degustarlo, porque es una pócima de alta alquimia, no un masacote ingenuo de buenas intenciones pero falto de destreza.

La música de Gogol Bordello es, en efecto, música de artistas que –como el tísico de la quinta de San Pedro Alejandrino– aran en el mar y siembran en el viento y, no obstante, porque son manos expertas en causas perdidas, echan raíces en los oídos y fructifican en la mente de quienes no sintonizan el efímero dial de la moda, de la que dicen “no incomoda”. Gogol Bordello es para los que sí se incomodan, y ¡qué carajos, si los cómodos hacen su labor de oxígeno! Es inevitable.

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