¿Embuchan y no desembuchan ?

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El día se debate entre la vida y la muerte, mientras el sol engrandece su manto dorado. Son las seis de la tarde.

Por: Oscar Flórez Támara

Un color anaranjado se incrusta en mis ojos con el último aleteo de los rayos solares. Mi padre recoge los corotos que tiene guindado en una pita hecha de cepa de plátano. Todos están secos. No hay rastro de humedad en ellos, me dice.

“Nada es nada y en nada se convierte, todo el que trabaja con suerte, siempre se lo lleva la muerte”. ¿A qué viene eso viejo? Le pregunto. Estaba pensando: tantas cosas que he visto en esta vida. Gente que cree que nació para vivir todo el tiempo y no se detienen a pensar que la vida tiene su propio fin. Gente que embucha y no desembucha. Que todo lo devoran. Que comen y comen y no son capaces de dejar para otro.

Pienso en silencio. Eso de que embuchan y no desembuchan es un término genuino y extravagante. Me hace reír. Me encanta esa forma inofensiva conque describe a esa clase de personas. No las ofende. La nobleza del campesino es infinita y extraña. Poco comprensible por el citadino. Sin embargo, reacciono y me expreso en voz alta: no se preocupe viejo al creer que esa clase de personas tienen una gran suerte, lo que acontece es que su voracidad no los deja disfrutar de las cosas elementales de la vida, ellos tienen su puerta de escape, algo en la vida los atormenta.

Me hace recordar, lo de embuchan y no desembuchan a los agujeros negros, que nada escapa a ellos, como si todo se lo tragaran. Poco sé de los agujeros negros, pero en lo que puedo discernir son masas trituradoras que engullen a otros astros. Son fenómenos tan complejos como la complejidad del ser humano. Percibo que es como una puerta trasera, es decir, que pueden dar salida a lo que se tragan, que al fin y al cabo no se quedan con nada. Y es allí, entiendo yo, aunque la persona “tenga suerte siempre se lo lleva la muerte”, esa es la puerta trasera de todos. La muerte modera, equilibra, pone de tú a tú por ser imparcial y trata de mantener la armonía como naturaleza sencilla.No sé de qué me hablas hijo.

Ese lenguaje enredado de agujeros negros son una pendejada, una tontería que a mi nada me dice. Mira, tu eres un imberbe que nada sabes todavía. Apenas estás naciendo y ya te crees un viejo con mucha sabiduría. Háblame en cristiano para poder entenderte, porque así lo que haces es enredarme.

Yo no estoy en desacuerdo con usted. Al contrario, lo que estoy es haciendo una similitud de los últimos adelantos científicos con lo de “embuchan y no desembuchan”. Esa capacidad de decir tanto en tan pocas palabras. De describir conductas tan precisas de personas que lo consumen todo y no dan nada. A mí me fascina ese lenguaje sencillo que siempre utiliza. ¿Cómo aprendió hacer esa clase de comparaciones, de símil, con esa facilidad asombrosa que deslumbra? ¿Qué grado de estudios realizó?

Antes se nos enseñaba desde muy niño era a trabajar. Yo me iba con mi padre ayudarle en las cosas del campo. A sembrar yuca, ñame, maíz y a limpiar la tierra. Incluso, me enseñó a cortar palma dulce con que se hacen las casas de bahareques y caña guadua. Yo en la escuela estuve apenas dos años. En una escuelita que tenía la seño Nena. Debía tener como entre ocho o diez años, porque a los doce me metí en la banda de músico para ayudar económicamente a mi mamá cuando mi papá se fue de la casa. Leía un diccionario pequeñito que una vez me regaló un señor en Corozal cuando fuimos a tocar un matrimonio y él le llamó mucho la atención la forma como tocaba los platillos a pesar de ser tan niño, lo mismo que traía periódicos viejos de los diferentes pueblos donde íbamos a tocar. Eso fueron todos mis estudios.

Cada día me causa admiración la agilidad mental como une las palabras. Las comparaciones precisas. Une y desune los extremos, una especie de dialéctica entre lo singular y lo plural, entre lo positivo y lo negativo, lo que teje y desteje se acerca al día que se inicia y la noche lejana, como si el día devorara la noche y la noche vomitara el día. Algo que afirma y algo que niega. Eso de “embucha y no desembucha” es precioso. Lo de imberbe es la tapa de la olla. Veo que supo exprimir el diccionario hasta sacarle el mayor jugo posible. Se nota que lo disfrutaba saboreando los significados de las palabras. Pero me extraña que no quiera aceptar lo de los Agujeros Negros.

Mi padre me miró de reojo. Se echó a reír y nos despedimos.

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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