Genios en pañales

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¿Quiénes son los creativos publicistas y mercadotecnistas que se cranearon adelantarnos como país, como nación, en un brinco evolutivo muy, muy reciente y repentino?

Por Domingo J. Bolívar

Supongo que hijuecutivos de Bavaria (o en todo caso, SABMiller y AB InBev), llegaron un día a la Happy house office (o algo así se llamaría el sitio donde pasan buena parte de la jornada laboral cazando ideas los creativos) diciendo «¡Pónganse a trabajar, haraganes! Les tenemos quehacer». Entonces les explicaron que necesitaban una campaña que atrajera al público juvenil (asegurarse una nueva generación de bebedores), fresca y agresiva (a los hijuecutivos les gusta mucho usar el epíteto agresivo, tanto como el güevón), y a la vez acorde a las políticas de revisionismo histórico[1] planteadas por el gobierno nacional. Otra vez, supongo, los creativos, al salir los hijuecutivos, se pegaron la tremenda empapada en un diluvio de ideas que duraría alrededor de 14 minutos, y «¡Marica, lo tenemos!» ya estaba contorneada la presente campaña publicitaria que Bavaria (o en todo caso, SABMiller y AB InBev), hace a su Cerveza Águila.

En primer lugar me referiré al revisionismo histórico que se está realizando, el cual va a la vez ligado a cierto solipsismo generacional insertado en la actitud de muchos jóvenes que creen que antes de Messi y Cristiano Ronaldo no había fútbol (los solipsistas generacionales de mi edad tienen a Maradona).

Consignado en el libro ‘100 años de fútbol en Colombia’[2], del periodista deportivo Alberto Galvis Ramírez, en la página 50 encontramos: “El 25 de abril de 1949 comenzó el segundo torneo profesional [de fútbol en Colombia]”, y en el siguiente párrafo, misma página, podemos leer: “Con este certamen, y gracias al rompimiento entre la Adefútbol y la Dimayor, comenzó la “piratería” que se denominó El Dorado, durante la cual se violaron todo tipo de reglamentaciones internacionales, por cuanto los clubes colombianos se limitaron a invertir altas cantidades de dinero para atraer a los mejores jugadores de varios países”. Es así que, durante este periodo del fútbol colombiano, tuvimos en nuestras canchas a figuras internacionales como el maravilloso tridente argentino que jugó para Millonarios: Adolfo “el Maestro” Pedernera, Néstor Raúl “Pipo” Rossi y Alfredo Di Stéfano (“la saeta rubia”). Baste decir que este Millonarios era reconocido como “el ballet azul” y estaba a la altura de los más poderosos equipos de fútbol del mundo, tanto así que le ganó al mismo Real Madrid (no era aún el de Cristiano Ronaldo pero ya éste era un estelar club de fútbol) en España, ganando un torneo internacional. De esa época también jugaron en Colombia, por mencionar a algunos, la estrella del fútbol peruano Valeriano López (Deportivo Cali), el brasilero César Heleno de Freitas (en Junior), los uruguayos campeones mundiales de 1950 Schubert Gambetta y Eusebio Tejera (Cúcuta Deportivo). El campeonato de fútbol en Colombia estaba plagado de jugadores venidos hasta de países europeos tan exóticos como Hungría y Lituania, además de ingleses.

Así que hace más de medio siglo ya tuvimos una “liga” en la que jugaban rutilantes estrellas internacionales. Pero no sólo eso, en aquellas calendas (como diría el Maestro Chelo de Castro) también teníamos estrellas nacionales jugando en nuestro campeonato de fútbol. Recuérdense los nombres de Francisco “Cobo” Zuluaga (único colombiano titular en “el ballet azul”), Gabriel Ochoa Uribe, Efraín “Caimán” Sánchez (primero en jugar en una liga profesional de otro país)…

Ojalá no nos salgan estos muchachones expertos en lavado de cerebros y “gestión emocional”, es decir, en manipulación mediática y consumismo, con que “El Dorado” es un mito, tal como, dicen algunos, es la “Masacre de las bananeras”.

Ahora, si bien actualmente tenemos figuras del fútbol colombiano como Teófilo Gutiérrez jugando en el campeonato nacional, no es menos cierto que la mayor parte de lo más granado del fútbol colombiano está sobresaliendo en otros países, en ligas muy importantes como la española, la inglesa, la italiana, la alemana, aparte de las que en América son grandes referentes como la argentina, la brasilera, la mexicana. Es evidente, el irrefutable presente, que la mayoría de nuestras estrellas juegan en otras ligas en diversos lugares del mundo y que la cuota de estrellas extranjeras no es tan alta como lo fue en otras épocas, ya no digamos “El Dorado” sino aquellos tiempos más recientes: las décadas de los años 80 y 90 del anterior siglo, cuando los grandes narcotraficantes invirtieron grandes sumas de dinero en equipos como (otra vez) Millonarios, Nacional, América… América tuvo en su nómina astros cuyo fulgor aún nos ilumina la memoria como el arquero Julio César Falcioni y el delantero Ricardo Gareca, ambos argentinos, y el atacante Roberto “el mago de El Pilar” Cabañas, paraguayo. De Millonarios podemos mencionar al ariete Juan Gilberto “el Búfalo” Funes o al guardameta Sergio Goycochea, también argentinos. De las estrellas colombianas sólo mencionaré a Willington Ortiz (el viejo Willi), Carlos “el Pibe” Valderrama y Albeiro “el Palomo” Usurriaga. Jugaron en una liga donde corría el dinero, en la época en que América fue tres veces consecutivas subcampeón de la Copa Libertadores de América y Nacional por fin consigue este título para Colombia por primera vez, mientras que los seleccionados de fútbol nacional iniciaban un ascenso en el concierto internacional.

Pero como dije antes, suposiciones, a los susodichos creativos los hijuecutivos de Bavaria (o en todo caso, SABMiller y AB InBev) les habrían indicado que debían acordar la campaña publicitaria aguilera a la campaña de revisionismo histórico perpetrada desde el partido de gobierno. De tal manera que del mismo modo en que “el apoyo de los padres fundadores de los Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial” (y lo dice con su jeta de marrano y movimientos de títere que no dice nada sobre la situación de Haití ni le ofrece ayuda humanitaria a ese pueblo libertario, nación que contribuyó con las luchas en pos de independizarnos del Imperio Español) y que para dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica se haya nombrado a un negacionista de “El Conflicto”, sólo ahora el campeonato de fútbol profesional colombiano ha estado pletórico de estrellas que resplandecen desde nuestras canchas a todo el balón deportivo.

En segundo término me referiré al agravio a la memoria de Joe Arroyo. Metidos en el saco del brinco evolutivo, Colombia avanza pisoteando su pasado. En lo futbolístico hacen borrón y cuenta nueva y en lo musical “a rey muerto, rey puesto”. La consonancia con lo gubernamental está en que “Él es el mejor presidente que ha tenido Colombia, duélale a quien le duela”. Tal vez los mejores presidentes que haya podido tener Colombia son aquellos que nunca pudieron serlo, por las razones que el actual revisionismo histórico tapiará. De la baraja de expresidentes, el promedio anda “volando bajo”. Pero si nos sumergimos en los hechos del pasado, alguno habrá mejor que el “gran colombiano”.

Joe Arroyo creó su propio aire musical. El “Joe son” o “joesón” (corríjame quien sepa), en el que el Caribe, con todo su ancestral sincretismo indígena, europeo y africano, cupo entero, como cabe el sonido de sus olas en una caracola. Joe Arroyo, como hombre de carne, huesos, sangre, materia gris, tejidos y órganos, dejó de ser materia animada concentrada en el ser que fue Álvaro José Arroyo; sin embargo, no ha muerto el músico, el artista; sigue muy actual, vigente, ese personaje conocido como Joe Arroyo, porque su música aún se baila, se escucha y canta, se sabrosea en el club y en la tienda de la esquina, y se estudia con rigor académico. Porque la voz del Joe de ‘Fruko y sus tesos’ y la plena libertad creativa del Joe de ‘La Verdad’ son más que entretenimiento hueco y frívolo; hay en él todo el peso de la “historia negra caballero” y de nuestro indescifrable derrotero como gente del Caribe. Por todo esto es un irrespeto que los creativos al servicio de Bavaria (o en todo caso, SABMiller y AB InBev) nos embutan, como a pavo que se quiere matar para el sancocho de año nuevo, el trago de Águila pasado que es “evolucionarnos” a J Balvin. Ha de haber ahí un recíproco negocio de mercadeo, publicidad de doble vía, para que el insulso reguetonero inflado por “el negocio, socio” de la industria musical venda más, y la ahora igual a tantas y desde hace años no igual a sí misma cerveza aparezca en las manos libres de gafas marca Gucci, mentones, cabellos, automóviles Alfa Romeo, nalgas siliconadas o fieramente ejercitadas, fajos de dólares, solapas de chaquetas Adidas o sacos Versace, dorados bling blings, marimondeos con los dedos o botellas de champaña o whisky sólo para magnates. Porque bueno, la mayoría de la gente que sagradamente se perrea el reguetón no son magnates, así que está bien que un ídolo reguetonero les avale que tomen Águila en la disco “hasta el piso” (y de paso quede por el piso el valioso legado musical de Joe Arroyo, arrumado en el pasado, como cosa vieja, en desuso). ¿En qué puede superar J Balvin a Joe Arroyo? No en las letras de sus canciones, no en el sonido de su música, no en su propia creatividad… ¿En farandulería? Sí. ¿En parafernalia para sus presentaciones en vivo? Sí, pero esa parafernalia es pura imagen sin contenido, cascarón y nada más; nada que ver con lo que en materia de grandes montajes ha hecho… ¿por qué no?, sí, mencionaré a Pink Floyd y listo. Esa parafernalia de J Balvin no vale nada ante la simple presentación en el escenario de Joe Arroyo ataviado con sus trajes de reminiscencias afrocaribes, cual sumo sacerdote de la diversa unicidad del Caribe, tótem que medía el tiempo con su clave. No, jóvenes creativos, J Balvin no tiene ese místico comercio del hombre con lo poético que hace enmudecer a la bocona Fama. La fama de J Balvin no deja de ser aún algo muy inferior y transitorio, comparada con la notoriedad de Joe Arroyo.

Por último, el principio: ¿este país ha evolucionado, nuestra nación ha evolucionado? No. La misma campaña publicitaria demuestra que seguimos siendo una patria boba que, desconociendo su pasado, está condenada a repetirlo, o a involucionar, como sería el caso al sugerir que J Balvin es el “ícono” que mandará al olvido a Joe Arroyo.

Muchachones creativos, publicistas, mercadotecnistas e hijuecutivos, dejen de mirarse el ombligo creyendo que ése es el ombligo del mundo.

Fuentes de consulta:

La propia memoria.

100 años de fútbol en Colombia. Alberto Galvis Ramírez. Editorial Planeta Colombiana S.A.S., primera edición, junio de 2008.

Historia del deporte en Colombia en el Siglo XX. Salvador Nazzar Nazzar. Primera edición, octubre de 2008.

https://www.elespectador.com/entretenimiento/agenda/musica/letras-tiempo-del-joe-son-articulo-645335, “recuperado” (APA. OA. SABROSO) el 20 de marzo de 2.019.

[1] ¿Esto es revisionismo histórico: https://es.wikipedia.org/wiki/Revisionismo_histórico_(negacionismo)

[2] Editorial Planeta Colombiana S.A.S., primera edición, junio de 2008.

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