Los que bailan sin tacones

292

Somos los hombres los que desde hace siglos bailamos sin tacones, sin incomodarnos ante nuestro movimiento.

Por John William Archbold

Tengo la plena convicción de que estamos viviendo lo que en unos años será catalogado como la “cuarta ola” del feminismo.

Los medios de comunicación y especialmente las redes sociales han llevado la reflexión en torno al género y sus dinámicas a una dimensión que va mucho más allá de los conceptos revolucionarios que hicieron convulsionar la academia en los años noventa del siglo pasado.

Este debate, aunque es sumamente fructífero, nos ha producido ciertas limitaciones, especialmente en el campo de la crítica literaria. En estos tiempos parece casi imposible revisar una obra escrita por una mujer sin tratar de rastrear en ella un sesgo feminista. Esta tendencia por supuesto limita las oportunidades de debate, lo que hace imprescindible cultivar un equilibrio que permita no dejar de lado otras recreaciones y análisis que puedan emerger.

Probablemente esta es la más importante de todas las reflexiones que pude extraer de la lectura de Bailarás sin tacones (2018), el libro de cuentos de la escritora barranquillera Claudia Lama, y ganador del primer lugar del Portafolio de estímulos para el desarrollo artístico y cultural del distrito de Barranquilla.

Esta obra se compone de 10 relatos cortos que fácilmente pueden leerse de una sentada, confeccionados en un lenguaje austero, accesible y equilibrado, aunque no por ello desprovisto de un efectismo que corre más por cuenta de las ideas y relaciones establecidas que por los recursos de composición.

Las historias tienen un patrón común claramente identificable: todos los relatos están protagonizados por mujeres que atraviesan crisis viscerales, con mayor o menor afectación en su vida diaria. Muchas de ellas son madres, la mayoría aún son, o fueron esposas; sólo un par se escapan de ese perfil. La presencia masculina se manifiesta tangencialmente, desde la distancia, con la apariencia de un accesorio incidental, sin importar si se trata de un esposo perfecto o un novio imaginario, de un hijo que se baña en una piscina o que come demasiado, de un jefe abusivo, de un padre suicida, de un hermano detestable, de una simple sombra que pasa desapercibida en medio de los celos, e incluso una mujer con una actitud dominante. Lo curioso es que, a pesar de las profundas introspecciones que se liberan a partir del trance que cada una de ellas experimenta, aunque la mayoría de ellas identifica con claridad el epicentro de su propia desidia, ninguna de ellas logra trascenderse, son incapaces de librarse de sus propios condicionamientos y ataduras. Una y otra vez, cada relato se convierte en un inesperado giro de 360 grados.

Como mencionábamos anteriormente, la fugaz presencia masculina en la mayor parte de las tramas hace fácil pensar que los hombres presentes tienen un carácter secundario, pero cuando analizamos con profundidad, nos damos cuenta que estos, desde su discreta existencia, son las razones integrales por las que estas mujeres se mantienen en su posición. Lo curioso es que, mientras ellas se enfrentan a una confrontación existencial con ellas mismas, estos permanecen silenciosos, distraídos, observando el mundo con ingenuidad. Esa parsimonia es la responsable de que ninguna de ellas pueda darle un vuelco a sus vidas, de que no encuentren un par político al cual enfrentarse. Estos hombres, aunque probablemente padecen desde su propio estadio, no parecen capaces de cuestionarse y llegar a un debate interior que alcance las mismas dimensiones que ellas han logrado.

La perspectiva que recrea Lama parece coincidir con lo planteado en las posiciones de varios teóricos de los estudios de género. Ya en los años ochenta, Angela Davis advertía que la lucha del feminismo era insuficiente sin la incorporación consciente de los hombres, entendiendo que esta era una de las categorías de clase sobre las cuales se ejercía control totalitario. Unos años después la socióloga francesa Anne Marie Devereux fue mucho más allá, planteando la conciencia de género en los hombres como una necesidad para el progreso del feminismo. Desde su punto de vista los hombres son producidos socialmente para ocupar una posición de privilegio, y el que estos no reflexionaran sobre la legitimidad de ese estado impedía que el feminismo trascendiera su fase de lucha para convertirse en un acto de reflexión.

Warren Farell, precursor de los estudios de varones y masculinidades trató de probar en su libro El mito del poder masculino (1993) que los hombres estaban también sometidos a las categorizaciones y orden del género, que habían sufrido sus consecuencias a lo largo de toda la historia, y lo seguían haciendo en su vida diaria, lo que hacía imperativo que los hombres entendieran las implicaciones que los imaginarios de género tenían sobre ellos mismos para poder suscitar un verdadero alcance.

Lama parece coincidir con el planteamiento de estos teóricos, ya que, ante la falta de acción y conciencia de todos estos hombres, las protagonistas de sus cuentos no encuentran un medio para suscitar un debate, para propiciar una respuesta consistente y útil para las demandas que tienen sobre sí mismas. Estas recreaciones son un testimonio de que el hombre es un integrante indispensable en el debate en torno al género, un interlocutor ineludible en la reflexión y construcción de las mujeres ante las demandas de la feminidad. Los hombres, que parecen relegados en el discurso de Lama, en realidad son los verdaderos focos de atención. Mencionarlos con tanta distancia no es un intento de ignorarlos, por el contrario, es el medio con el que consigue hacer énfasis en su propia ausencia.

Esa ironía es anunciada desde el título del libro, somos los hombres los que desde hace siglos bailamos sin tacones, sin incomodarnos ante nuestro movimiento, sin la molestia de los artificios, sin cuestionarnos nuestro tamaño y sin la exigencia de lucir más elegantes o estilizados. Disfrutamos de la fiesta sin darnos cuenta que, tal vez, no lo hacemos tanto. Estos cuentos en definitiva no son una apuesta feminista tradicional que trata de resaltar la resiliencia de las mujeres, sino un cuestionamiento ante las corrientes feministas que han optado por excluir a los hombres de la disertación, cuando deberían ser uno de los más urgentes focos de atención.

Compartir.

Acerca del Autor

Chachareros

Chachareros es una invitación a que todos nos envíen sus artículos. La Cháchara los recibe con gusto

Los comentarios están cerrados