‘La Rebelión’ del salón burrero: un derecho y un deber  al goce incluyente y al respeto a la diversidad

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Todavía retumba en Barrio Abajo el mensaje de rumba y respeto.

Considerando esencial que los derechos humanos

 sean protegidos por un régimen de Derecho,

a fin de que el hombre no se vea compelido

al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión-.

Fragmento del preámbulo de la declaración universal de los derechos humanos.

Por Óscar López Lobo

La rebeldía como derecho universal intrínseco del ser humano, reconocido por la Naciones Unidas, siempre ha sido uno de los ingredientes esenciales desde los albores de las carnestolendas para la creación de Marimondas, Congos, Son de Negros, Garabatos, Monocucos, letanías y cientos de disfraces, comparsas y danzas que cada año refuerzan las piezas del museo danzante de lo tradicional; mezclándose con la irreverencia de ‘quilleros’ que interpretan a personajes y temas controversiales que afectan la dura realidad colombiana.

Pero faltaba algo. Aunque esa rebeldía tradicional se mantiene, se ha producido una paulatina desaparición de uno de los espacios típicos para la convergencia de los carnavaleros como ‘Los salones burreros’, que por el crecimiento de las ofertas para el goce de las grandes fiestas privadas y las restrictivas normas de un polémico código policial, han afectado su permanencia cuando en el pasado pululaban como el cadillo de nuestros montes.

Surgió un debate esquinero entre amistades de distintas profesiones y ocupaciones que comparten un interesante prontuario promoviendo diversos espacios culturales autogestionados para la divulgación de manifestaciones artísticas congregados en las organizaciones: Casa Morón, Fundación Matronas y Ultraloide, alimentando un circuito cultural alternativo que se fortalece en la ciudad.

Concluyeron, escuchando al Joe Arroyo, que a Barranquilla y al Carnaval le faltaba sentir aún más ese clásico musical libertario y reivindicativo ‘La Rebelión’, para romper la dictadura de la monotonía y la represión omnisciente sobre temas sociales que afectan y resquebrajan las libertades civiles de esta sociedad Caribe. Y sí, qué mejor espacio que un salón burrero, además alternativo con enfoque de género e incluyente.

“Nosotras, como Fundación Matronas, llevamos un trabajo en enfoque de género e igualdad en derechos apelando a la inclusión social porque percibimos cómo el sistema y parte de la sociedad vulneran derechos fundamentales a distintos grupos de la sociedad, como personas discapacitadas, mujeres rurales, Lgbti y un largo etcétera. Veníamos realizando varias fiestas temáticas con el objetivo de dejar alguna enseñanza; recientemente hicimos el ‘Caribe Femfest’ cuyo contenido era feminista, en este caso con La Rebelión nos enfocamos en la ciudad, patrimonio e identidad e incluso construimos un código de ética entre las organizaciones presentes y pensamos que para la fiesta era ideal ya que la gente se ceñiría a esa ética que plasmamos porque son valores como respetar la inclusión, la diversidad sexual y no acosar a las mujeres que están solas”, explica Lorena Bautista.

Viernes de Carnaval

La noche se sentía densa por la humedad típica del Caribe por momentos quebrada por ráfagas de brisas que despeinaban y provocaban prudentes suspiros al levantar faldas. ‘La Loca’ le llaman los veteranos barranquilleros a la temporada actual que desde finales del año anterior azota con los famosos vientos alisios del norte que se recargan con fuerza en las costas marinas agitadas como un frenesí de baile carnavalero.

Era viernes de Carnaval. La ciudad bullía de gozo, cerca de 300 mil turistas internacionales que calcularon las autoridades distritales se mezclaban con los nacionales en todos los puntos cardinales agasajados por los locales quienes en sus casas, calles, en eventos privados y públicos les sugerían a dónde ir para adentrarse en la expresión cultural más importante de Colombia.

Además cumplía 15 años de haber sido reconocida por las Naciones Unidas a través de la Unesco, organismo especializado en promover la comunicación entre naciones a través de la cultura, ciencia y tecnología contribuyendo a un ambiente de paz, con el merecido rótulo de Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Abhijit Mohod, budista de nacionalidad India pero radicado en Portugal, llegó a Barranquilla para su segundo carnaval tres años después de su primera experiencia con un sombrero vueltiao colorido que lucía con orgullo, llegó al Barrio Abajo del Río buscando el salón burrero ‘La Rebelión’. Ahí en un patio enorme al fondo de una casa blanca típica ‘barrio abajera’, en la calle 47 con carrera 46, al lado de la entrada principal de la vivienda lo separaba del goce pagano bacano una puerta roja que vibraba con la estridencia sonora del picó ‘El Guajiro’, y sus cuatro décadas de sonar la diversidad musical del Caribe.

Al abrirse la caja de una pandora gozona en medio de un callejón con paredes pintadas de blanco empezaban a aparecer mensajes coloridos pegados a ambos lados: ‘#CaribeCeroAcoso’, ‘Cógela Suave’, ‘El carnaval del pueblo’, ‘Abajo el patriarcado’, acompañados de frases típicas como: ‘Se armó el bololó’ y ‘¡Ay Chuchi!’.

Al finalizar el recorrido un poco oscuro aparecía la luz en los pinceles de Pipe Vélez, quien utilizaba los rostros de los asistentes para plasmar fluorescentes maquillajes a escasos diez metros de la pista de baile en arena en medio de palmeras y matorrales que seguían meciéndose en un patio donde pareciera ser el punto de encuentro de todos los vientos perdidos.

“No sabía nada de los salones burreros. Me encantó el lugar, el concepto, había un guía que hablaba en inglés y me explicó la historia. La decoración con símbolos del Carnaval me impresionó y los mensajes rebeldes que dieron un estilo fresco y único. Me hicieron sentir como uno más de la casa a pesar de no hablar bien español”, dice Abhijit.

En la tarima, al fondo del patio y al lado de un enorme almendro del que colgaban lazos de colores que se cruzaban sobre las cabezas del público como telarañas que en vez de arañas sostenían condones dentro de cajitas con información sobre su uso responsable, sonaron durante el fin de semana los Dj’s Sisa, con su recorrido musical afrocaribe; Negro Colectro, con quien conforma el dúo ‘Tropickup’, entre percusión y consolas subiendo la temperatura de la fiesta.

Isabel Sánchez, de ‘Ultraloide’, cuenta que “con nuestra experiencia como plataforma de impulso para artistas independientes nos unimos a esta iniciativa para generar un espacio libre de violencia, discriminación y opresión. Donde nos permitimos ser un punto de encuentro de personas diversas y al mismo tiempo sensibilizar al público sobre estos temas en medio del goce en un espacio como el salón burrero y por fuera del mainstream carnavalero”.

Sábado rebelde

‘¡Más Suero y menos Mermelada!’, veía el indio Mohod en un cartel amarrado entre dos cañas de azúcar y al frente ‘¡Ni una menos, ni una más, Vivas nos queremos!’, que obligaba a los europeos, estadounidenses, asiáticos y al público colombiano a detenerse, preguntar y reflexionar sobre las empanadas ‘prohibidas’, las mermeladas de la corrupción y la violencia contra la mujer que entre los años 2017 y 2018, de acuerdo al debate en el Congreso de la República el primero de noviembre del año anterior sobre feminicidios, liderado por las senadoras Aída Avella y Victoria Sandino, revelaron que 1724 mujeres fueron asesinadas, cifra que viene en aumento desde el año 2015. En lo que va del año en el Atlántico, trece mujeres fueron asesinadas.

En medio de la salsa brava, la terapia africana, la champeta criolla y el amplio espectro musical del carnaval que invitaba a los danzantes a sentir, compartir y soñar con que el espíritu del goce pacífico se impregnara en la sociedad durante los restantes 361 días del año, Alberto Aponte, Vigía de Patrimonio y estudiante de Arquitectura quien fue uno de los puentes informativos con los turistas extranjeros, rescató el concepto de La Rebelión:

“Ojalá que todas las fiestas y salones burreros tuvieran este tipo de iniciativas con temáticas, mensajes que también tengan en cuenta la fuerza cultural de la ciudad. De respeto entre nosotros, con el medio ambiente, imagínate una fiesta ecológica que invite al cuidado de los espacios con las basuras, para que no queden sucios y que los mensajes sobre el acoso contra las mujeres, el respeto por las minorías sexuales se esparzan en todas las fiestas. Sería de gran ayuda para que la sociedad sea cada vez más consciente”. 

Domingo burrero

“Esto es increíble, hermoso, tanta gente bailando y feliz”, decía Sara Armanis una espigada mujer marroquí, musulmana, nacionalizada holandesa de 25 años, 1.80 de estatura, con su cabello rizado alborotado como la pollera que le habían prestado y que aprendía a entrelazar con sus largos dedos como lo hacen las cumbiamberas. Sus ojos, enormes como cristales pardos, parecieran empañarse ante la emoción evidente que expresaban al sentir la oferta musical cuyo cuerpo no dejaba de mover.

Los otros maestros de ceremonia durante las noches de La Rebelión fueron: de Cali, Miss Champús; de Medellín, Rulaz Plazco; de Bogotá, Vinileros del Trópico; y la artillería local a cargo de Madame Vacile, Dj Sensei y una de las más esperadas sorpresas ‘El K-Po’ reconocido por azotar desde el picó El Solista durante más de 20 años los barrios de la Costa Caribe. “Parce, primera vez que vengo a Barranquilla a unos carnavales y para rematar a presentar mi propuesta musical en un Salón Burrero. Es impresionante la energía de la gente, la historia, la cultura y el concepto de la fiesta. Jamás lo olvidaré”, cuenta Rulaz Plazco visiblemente emocionado al culminar su presentación.

De acuerdo con Camilo Morón, otro de los organizadores, pudieron contabilizar más de mil asistentes en las tres noches ‘burreras’. El lleno era total, vecinos de todas las edades acudían al salón rebelde del barrio para mezclarse con los foráneos que se aglomeraban en la entrada en una fila organizada e ingresaban sedientos de fiesta y cultura representada en dos enormes grafitis realizados por los muralistas Ángela González, con su negra sonriente que miraba de frente a la ‘Mona lisa’ calavérica del reconocido artista Carlos García ‘Revólver’, diagonal a un ‘No le pegue a la Negra’ que brillaba en la oscuridad cuando las luces del escenario se apagaban para abrir las bitácoras sonoras que llevaron al público del salón a gozarse los carnavales sin dejar de reflexionar ni seguir la única orden indiscutible de la noche: ‘Vacílatela con respeto’, otro de los mensajes de La Rebelión.

Jaime Abell Banfi, un infaltable a las fiestas donde el respeto a la diversidad y la cultura son protagonistas.

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