Festiorquestas II: Rateros ‘honrados’ se robaron la millonaria taquilla

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Celia Cruz, la irrepetible invitada especial al primer concurso, actuó con el acompañamiento de la orquesta de Pacho Galán. 1991, el año del misterioso ‘taquillazo’. 

Por Rafael Sarmiento Coley

En el Carnaval de 1991, durante los días 11 y 12 de febrero, se celebró el Festival número 22 en el coliseo cubierto ‘Humberto Perea’. En esas calendas se dividía la contienda para que en una jornada actuaran las orquestas y combos, y al día siguiente los conjuntos de acordeón.

La junta organizadora del Carnaval concedió el manejo del Festival de 1991 a los señores Martín Alejandro Orozco Sánchez, a quien, en Piedras de Moler, su pueblo natal, a orillas de la Ciénaga Grande del Magdalena, apodaban ‘Martincito’, y él cuando ya se hizo famoso como hombre de radio se apropió de un nombre más sonoro y de buen impacto fonético por lo cortico y sencillo: ‘Ley Martin’. También en el equipo organizador fueron incluidos: José Domingo Restrepo Escolar, Cecilia Rosa Buendía y Lidis Amalia Rodríguez Hernández (esposa de Ley Martín).

Ese Festival de 1991 sería el último que se hacía en el coliseo cubierto Humberto Perea. Fue un evento que atrajo la mayor cantidad de público por la presencia de grupos que tenían temas en los primeros lugares del hit parade, que a la larga, con plena justificación, se hicieron a los Congos de Oro en las distintas categorías. En la categoría de orquestas ganaron Los Inéditos; en la categoría de combos, Nándo Pérez; grupo salsero, Niche; en conjuntos de acordeón, El Binomio de Oro, que estaba en su mejor momento liderado por sus creadores el acordeonista Israel ‘Pollo Isra’ Romero y Rafael Orozco.

En la categoría de grupo revelación el ganador fue Joseíto Martínez. Y el Super Congo (establecido a partir de ese año para aquella agrupación que se sobrara de lotes por calidad interpretativa, voces, presentación y coreografía en el escenario) fue para los Hermanos Rosario que por primera vez venían al Carnaval de Barranquilla.

Fue ‘un ratero honrado’

Había tanto entusiasmo por ese Festival, que la junta del Carnaval autorizó la impresión récord de 20 mil boletas, para un escenario que a duras penas tenía capacidad para 16 mil.

En todo caso, la boletería se vendió. No sobró una sola boleta para guardar de recuerdo. ¡Qué lástima! Porque sería una reliquia por lo ocurrido en aquel Festival histórico, tanto en lo artístico como en los insólito de la desaparición de la taquilla.

Las 20 mil boletas producían una taquilla de $47.275.100 pesos, más unas 8 mil boletas que se adicionaron porque había mucha gente afuera que reclamaba a gritos su derecho a ver el espectáculo. Por esas circunstancias la junta del Carnaval autorizó el sobrecupo para un total de $51.229.500 pesos.

Lo misterioso fue que las dos talegas en donde estaban los cincuenta y un millones de pesos desaparecieron como por arte de magia. Uno de los miembros de la junta del Carnaval hizo un comentario en tono humorístico, parodiando ‘La custodia de Badillo’ del maestro Rafael Escalona: “Seguro que se trata de un ratero honrado…ya verán que la plata aparece”.

En efecto, a las pocas horas aparecieron $24 millones, que Ley Martin entregó a la junta directiva del Carnaval. Confesó que él era el primer sorprendido, por cuanto él había estado en los camerinos poniendo orden en la presentación de los grupos concursantes, para evitar baches que, inevitablemente, alteraban los ánimos del público.

A partir de ese momento empezó el viacrucis de los responsables de organizar el Festival de Orquestas y Conjuntos de 1991. Se abrió investigación, hubo detenidos y luego liberados al no tener los jueces pruebas contundentes para enviar a La Modelo a los responsables de la fuga de casi 30 millones de pesos. Plata que jamás apareció y el litigio trascendió las fronteras de la justicia local (jueces de primera instancia y Tribunal Superior, hasta subir a la Corte Suprema de Justicia).

La plata nunca apareció. Varios de los responsables de la organización del Festival de Orquestas fueron a parar con sus huesos a la guandoca por muy poco tiempo, porque sus buenos abogados alegaban la inexistencia ‘de pruebas fácticas’. Como dice la canción de Escalona: Se la llevaron/ se la llevaron/ se la llevaron/ ya se perdió (bis) Lo que pasa es que la tiene un ratero honrado/ Lo que ocurre es que un honrado se la robó.

¡Insólito, pero cierto! Fue el año de la misteriosa desaparición de las talegas millonarias de la taquilla.

Un Festival con enorme expectativa

El maestro Billo Frómeta con el periodista barranquillero Jaime Rueda, un fiel fanático de la agrupación.

Ya con mayoría de edad y asistencia garantizada de antemano, el XXII Festival tenía lo atractivo del duelo musical de las dos orquestas mejor formadas en Colombia, Pacho Galán vs. Lucho Bermúdez. Algo parecido a lo que ocurría con las venezolanas orquestas Billo’s Caracas Boys, dirigida por el talentoso músico dominicano radicado en Venezuela, José María Frómeta; y Los Melódicos, con la batuta del joven Renato Capriles, perteneciente a una de las familias más adineradas no solo de Venezuela, sino de Latinoamérica.

Ese año, para lavarse las manos como Poncio Pilatos, el jurado de turno determinó declarar fuera de concurso a las orquestas Pacho Galán, la de Lucho Bermúdez y los Hermanos Martelo.

La orquesta ganadora fue Los Melódicos de Renato Capriles, que se metió al bolsillo al jurado y al numeroso público con el estreno del tema de Esthercita Forero ‘La Guacherna’, con arreglos impecables del talentoso compositor y director de orquestas, el soledeño Francisco ‘Pacho’ Galán Blanco, y la cotizada e insuperable voz del caraqueño Cheo García, denominado como ‘el guarachero de América’. Es digno de recordar que Cheo fue siempre el cantante estelar de la Billo’s, al lado de boleristas que iban y venían (Felipe Pirela, José Luis Rodríguez ‘El Puma’, Rafa Galindo, entre otros).

Renato Capriles tenía la espinita en la garganta que no lo dejaba dormir: el triunfo de su enemigo musical y natural José María Frómeta. Por eso hizo hasta lo imposible para contar en su banda con el estelar cantante Cheo García. Al final Cheo sería contratado por unos fabulosos honorarios para actuar por pocos meses con Los Melódicos. De resto su mentor fue el maestro Billo Frómeta, agrupación en la cual estuvo hasta el día de su muerte.

Renato Capriles, director propietario de la orquesta Los Melódicos de Venezuela.

El Festiorquesta de 1991 fue el del desquite de Los Melódicos frente a su archirrival Billo’s Caracas Boys, que se había alzado con el Congo de Oro en el primer evento de 1969, año en el cual debutaron en este concurso (en la categoría de conjuntos de acordeón), los célebres Corraleros de Majagual, toda una institución de música sabanera con acordeonistas de la talla de Alfredo Gutiérrez y Calixto Ochoa.

Sin tener culpa alguna, Esthercita fue la piedra angular de la disputa entre Billo’s y Los Melódicos por ganarse el Congo de Oro. La insigne compositora le dio canciones a Billo’s y también a Renato. Ambos ganaron con sus obras.

Era tal la rivalidad, que meses antes del Festiorquesta de los Carnavales de 1991 el travieso Renato Capriles conquistó al brillante cantante de guarachas Cheo García, con un multimillonario contrato por un año para que grabara con Los Melódicos varios álbumes, en especial el de fin de año 1991, que incluyó, para reafirmar la rivalidad de Billo’s y Melódicos, el tema de Esthercita Forero ‘La Guacherna’. De tal manera que la primera versión de ese tema lo grabaron Los Melódicos con la voz de Cheo García. Años después lo grabarían Milly y Jocelyn, cantantes estelares del grupo Los Vecinos, de Nueva York, agrupación que también encontró el camino a la fama en el Festiorquesta barranquillero.

Un semillero de artistas

Celia Cruz, una de las insuperables voces femeninas de la música caribeña, fue la primera rutilante estrella en el Festival de Orquesta de 1969.

Fue tal el prestigio que adquirió el Festival de Orquestas y Conjuntos del Carnaval de Barranquilla, que muchas agrupaciones y luminarias ya consolidadas venían de manera exclusiva a participar en este evento. Algo que tuvo su mejor antecedente desde el primer Festival oficial de 1969, con la figura estelar, la inmortal Celia Cruz, quien actuó con el respaldo musical de la orquesta del maestro Pacho Galán.

Eran los tiempos en que el Carnaval se enriquecía con numerosas casetas y bailes en barrios muy rumberos, como El Recreo, Los Andes, Las Palmas, Simón Bolívar, Olaya, que hicieron bailes célebres como ‘A pleno sol’, ‘La puya loca’, ‘Espérame entre palmeras’ ‘El tremendo guandú’, y ‘Mi quiosquito’ de Víctor Reyes.

Los caseteros de mayor prestigio eran, en esos años, el célebre Rafael ‘Capi’ Visbal Rosales, con su ‘Saporrita’; Gregorio Cruz con su famosa ‘Matecaña’, que tuvo siempre como animador al recursivo Sadi Rojas; Alberto Arteta con su caseta ‘La Torta’; José Matías Primo, quien comenzó como socio de Víctor Reyes y luego se independizó para montar la ‘Tremenda’; varios de los hermanos Char, con el liderazgo de Farid, tenían su caseta ‘La Piragua’.

Y el hotel del Prado, que hasta la fecha ha mantenido su exquisita programación carnestoléndica.

Wilfrido Vargas y sus Beduinos se ganaron el corazón desde la primera vez que vinieron, con otro grupo también del roster de Wilfrido, Belkis Concepción y las Chicas del Can.

Uno de los mayores logros del Festiorquesta es haberle servido de plataforma de lanzamiento a varias figuras nacionales y extranjeras que tocaron el cielo con las manos al conquistar el corazón del pueblo barranquillero que llenaba las casetas y el Festival de Orquestas y Conjuntos.

Es el caso de Joe Arroyo, quien comenzó en Barranquilla con los hermanos Boiga. Actuaban en estaderos de poca monta y en el famoso ‘Escorpión’, en el hotel Prado Mar.

La primera vez que participó en el Festival de Orquesta lo hizo acompañado de la agrupación de Zoila Nieto. Eran los peores momentos de Joe, demacrado y esclavo de la droga. El público no tuvo que ver con el estado decrépito por su adicción a los alucinógenos. Lo quiso desde aquel primer momento y lo convirtió en un ídolo, en un artista mítico.

Lo mismo ocurrió con la agrupación de Víctor ‘El Nene’ del Real y sus Traviesos, Joseíto Martínez, Juan Piña con el formidable acompañamiento de su hermano Carlos con el clarinete y saxofón y con el joven pianista barranquillero Álvaro Cabarcas, el popular ‘Pelusa’, quien del Festival de Orquesta saltó a la fama mundial como pianista y arreglista del Grupo Niche, en su época de esplendor con el trombonista venezolano César Monge, mejor conocido como ‘Albóndiga’.

Desde luego fue un gana-gana tanto por la constelación de músicos que vinieron a Barranquilla a consagrarse, como para el propio Carnaval, que adquirió fama internacional y el Congo de Oro se convirtió en el galardón más codiciado para las agrupaciones nacionales y extranjeras de música bailable.

Es el caso de Los Graduados, un desconocido grupo antioqueño que trajo como cantante al ‘Loco’ Gustavo Quintero, quien se embolsilló al público barranquillero con los pegajosos temas ‘Juanito preguntón’ y ‘Encontraron a Don Goyo/muertecito en el arroyo’.

Lo más insólito del intangible valor agregado del Festival con su magia de servir de trampolín para que músicos desconocidos alcanzaran el estrellato fue cuando coronó con el Congo de Oro a un maracucho hasta entonces desconocido, que se metió al público en el corazón con el tema ‘Festival vallenato’, de la autoría del fonsequero Geño Mendoza. Es un tema que insulta y niega las condiciones artísticas del único barranquillero que ha ganado un Festival Vallenato, Alberto Pacheco. Se nos antoja que, por ignorancia, el compositor dice en su canto que es un imposible que un barranquillero desconocido le hubiese ganado a consagrados juglares del vallenato como Luis Enrique Martínez, Chema Ramos, Toño Salas. Lo que ignoraba Mendoza era que aquel músico barranquillero se formó en la escuela musical del maestro Ángel María Camacho Cano (nacido en Arenal en 1991 y fallecido en Barranquilla en 1993), un maestro musical que grabó con los más cotizados estudios en México y Estados Unidos, y en Barranquilla, donde trascendió la mayor parte de su vida musical, fue toda una institución académica. Al lado suyo se forjó ‘el desconocido’ ganador del Festival Vallenato, quien, además, fue el primer acordeonista que acompañó al trío Bovea y sus Vallenatos, que dejó de grabar con solo dos guitarras y guacharaca, para darle mayor cuerpo a su repertorio, y agregó a Alberto Pacheco. Más tarde saldría Pacheco y entraría ‘Colacho’ Mendoza.

El público barranquillero le perdonó tal insulto a Mendoza, y aplaudió con frenesí al maracucho Nelson Henriquez, nacido en Maracaibo el 27 de enero de 1947 y fue bautizado con el nombre de pila como Nelson Antonio Osorio Henriquez, fallecido en Miami el 3 de marzo de 2014, con su nombre artístico (Nelson Henriquez), una lujosa lápida.

La sacaron del estadio

Tal como lo dijo el alcalde Alex Char, el de 2019 ha sido uno de los mejores carnavales de todos los tiempos. Por la cantidad enorme de visitantes del país y el exterior. Por el buen comportamiento del público anfitrión. Por la disciplina del pueblo barranquillero. Por la ocupación hotelera que alcanzó la cifra astronómica de ocupación de casi un 90 por ciento, y por la cantidad colosal de plata que generó esta fiesta, la más alegre y popular de Colombia.

Porque es difícil que en cualquier otra ciudad colombiana se puedan brindar fabulosos espectáculos gratuitos en forma simultáneas. Por primera vez en la historia del Carnaval barranquillero hubo ‘baile a la calle’ sin pagar un peso por gozarse a los mejores grupos musicales que vinieron a enriquecer estas fiestas con su talento.

Ciertamente fue un éxito para todos. Y como siempre, desde cuando nació  y de manera formal hace 50 años, el Festival sigue sirviendo de plataforma de lanzamiento para grupos que tienen un potencial y encuentran aquí el catalizador ideal para su triunfo total.

Por citar unos pocos, Los Vecinos con Milly Quezada y Jocelyn; Cuco Baloy que no creía que en el Caribe se hiciera una fiesta tan grande; el boricua Roberto Angleró, con su ‘Trulla moderna’; Wilfrido Vargas y sus Beduinos, un conjunto que animaba las noches desteñidas en un hotel mediano y aquí encontró en el aire espeso de Barranquilla la magia brutal para alcanzar la gloria, lo mismo que ocurrió con varios de sus cantantes de aquella primera vez, como es el caso de Eddy Herrera, que luego se abrió y montó tolda aparte.

 

Las voces que animaban las casetas

Otro filón valioso del Festiorquesta es que ha servido para que locutores del patio demuestren sus condiciones de polifacetas para fajarse con éxito en todos los campos. Tal es el caso del difunto Jacob Guerra C., Abel González Chávez, Tomás Emilio Alba, ‘El Ciego’ Navarro, Pepe Molina, Lucho Arias, ‘El Cañonero’ Ventura Díaz Mejía, Gustavo Castillo García, Efraín Peñate Rodríguez, Andy Pérez, Luis Altamiranda, Tito ‘Sensación Mejía, Sibet Santana, entre otros.

También en este medio siglo del Festival prestigiosos compositores y directores de orquestas en uso de buen retiro, periodistas del entretenimiento, quienes han sido seleccionados como jurados, han tenido su prueba de fuego.

Es que no es fácil, cuando hay de por medio tantos intereses. La vez que Lisandro Meza le ganó a Jorge Oñate con el tema ‘Las tapas’, fue un enorme escándalo. Oñate alegaba que era imposible que le dieran el Congo a Lisandro con un tema tan vulgar.

‘Gages’ del oficio

En otra ocasión, el jurado, integrado por periodistas de farándula con reconocida trayectoria, ante el frenesí del público por los tres temas del Binomio de Oro, y la presentación de Diomedes Díaz un tanto fría, por unanimidad otorgó el Congo de Oro a Rafael Orozco e Israel Romero. ¡Para qué fue eso! Una turba enardecida se fue contra el jurado con sillas y latas de cerveza. Los cinco miembros del jurado debieron ser rescatados por la policía y meterlos en una furgoneta a prueba de fusiles de largo alcance. Uno de los jurados tuvo que disfrazarse con una peluca que le prestó su esposa y un traje de una joven del equipo logístico. Don Roberto Esper Rebaje, el dinámico y genial empresario que fue uno de los pioneros en traer artistas de la talla de Daniel Santos, Celia Cruz, Bienvenido Granda y la Sonora Matancera completa, que era amigo del jurado de la peluca y la falda de mujer, le dijo a manera de consuelo, “hombe mijos, no te amargues por esa algarabía de los diomedistas, esos son gases del oficio, mijos”.

Desde luego que artistas del patio también se consagraron en el Festival del Carnaval barranquillero, como son los casos de Joe Arroyo, Gabriel ‘Rumba’ Romero, el Grupo Raíces, el Afrocombo de Pete Vicentine con su cantante estelar Jaqui Cariazo, Zoila Nieto, Los Tupamaros, Los Inéditos, Aníbal Velásquez, Noel Petro con sus locuras, Jairo Paternina y su combo, Napoleón Mercado con los Rivales de Colombia.

Sin embargo, hubo una estrella contratada por ‘el Capi’ Visbal en Santo Domingo, Fernandito Villalona, de quien el Capi decía con boca llena y el pecho henchido de emoción,“es el Diomedes Díaz de República Dominicana”, tal como lo hizo cuando trajo por primera vez a Cuco Valoy y la botó de jonrón, porque le tenía una letra jocosa para una canción que él decía: “será un tremendo hit, mejor dicho un jonrón, si Cuco me le pone la música”. Y así fue. Todavía suena: “Qué es lo que tiene/el Carnaval de Curramba/tanto le gusta a la nena/ como le gusta a la mama”.

En cambio, con el ‘Diomedes Díaz’ dominicano se llevó el chasco de su vida, porque en Barranquilla Fernandito Villalona se mantenía pasado de droga y no daba pies con bola en la tarima. El Capi tenía que echárselo al hombro y bajarlo de la tarima para meterlo en una cama que tenía en una furgoneta que lo llevaba al hotel.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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