Duque y la JEP: queremos que el proceso tenga garantías

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“Y estamos a seis artículos de lograrlo”, dijo Duque este viernes en La Paz, Cesar. Barceló, presidente de la Corte Suprema, a quien Uribe le tiene ojeriza, se va por haber cumplido su ciclo. 

Por Chachareros/AFP/EFE/eltiempo.com

“Estamos a seis artículos de una ley de 159 (artículos) para lograr ese acuerdo sobre una justicia que debe tener garantías para todos”, afirmó este viernes el presidente Iván Duque, durante su visita al Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) en La Paz, departamento del Cesar.

El magistrado José Luis Barceló (izquierda), saliente presidente de la Corte Suprema de Justicia, a quien Uribe intentó de mil manera llevarlo al escenario de los dimes y diretes. No pudo.

El Mandatario, al hacer una primera intervención en la denominada carpa azul, donde escuchó aspectos importantes del proceso de reincorporación en esa zona, recordó que, desde el inicio, su administración ha sido coherente con lo que el país quiere ver, que “es la construcción de la paz con legalidad, con seguridad, protegiendo los derechos de los ciudadanos”.

Señaló, a continuación, que las objeciones hechas por él a los seis artículos del proyecto de ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP) deben ser debatidas en el Congreso con “tranquilidad”, para que “miremos a ver cómo los podemos mejorar”.

Enfatizó que tales objeciones “no tocan, no afectan nada, de lo que se puede considerar por parte de los excombatientes como algo que los pusiera en inseguridad”.

Y recalcó, “nada de lo que hay ahí los pone en inseguridad”.

“Lo que nosotros buscamos es que en el Congreso de la República se dé esto y construyamos, porque estamos a seis artículos de lograrlo, una justicia especial que le dé garantías a todo un país”, añadió el jefe del Estado.

“Eso, también, creo que debe dar tranquilidad”, puntualizó el Presidente Duque.

Se va el contradictor de Uribe

¿A quién le está haciendo el mandado esta presunta exguerrillera?

“Yo no sé qué voy a hacer el lunes. Llevo 25 años llegando a las seis de la mañana a la Corte Suprema de Justicia”. Esa fue una de las frases que hace una semana el magistrado José Luis Barceló Camacho les dijo a sus compañeros, en una despedida protocolaria que le hicieron en la Sala Plena en el Palacio de Justicia.

Este viernes, después de ocho años como magistrado de la Sala Penal, José Luis Barceló dejará el despacho que ocupa desde el 2011. Un periodo en el que se destacó como una de las figuras más influyentes en la Corte, así como en uno de los más controvertidos por el uribismo.

Detrás de su tono afable y aspecto bonachón se esconde un hombre que no teme llevar las investigaciones hasta las últimas consecuencias. Inició su carrera en la Rama Judicial impulsado por Ricardo Medina Moyano, uno de los 11 magistrados que murieron en la retoma del Palacio de Justicia y quien le dio a Barceló su primer trabajo como notificador del juzgado 15 de Bogotá.

Casi 40 años después de ser escribiente, asistente de la Fiscalía, secretario de juzgado, juez de instrucción criminal, abogado asesor de la Procuraduría y magistrado auxiliar, finalmente fue elegido magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. En ese despacho estuvo al frente de varios casos claves.

La pregunta que salta a la vista es ¿y por qué hablan ahora?

Con su ponencia se revocó la absolución que el Tribunal Superior de Bogotá había dictado en favor de Alberto Santofimio Botero por el magnicidio de Luis Carlos Galán. La Corte ratificó la condena de 24 años de prisión dictada en primera instancia.  

En el 2015 Barceló fue el ponente de la condena contra los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacio, así como la del exsecretario Alberto Velásquez, por el escándalo de la ‘Yidispolítica’. Ya desde ese momento se empezó a ganar la animadversión de varios sectores del uribismo. Paradójicamente, esos procesos estuvieron precedidos por la condena disciplinaria que contra los mismos ex altos funcionarios del expresidente Álvaro Uribe dictó el exprocurador Alejandro Ordóñez, actual embajador del gobierno Duque en la OEA. 

A pesar de su fama de ‘Anti Uribe’, ese mismo año Barceló apoyó la absolución del coronel Alfonso Plazas Vega considerando que no había pruebas que demostraran su culpabilidad en las desapariciones del Palacio de Justicia. Plazas se salvó de la condena de 30 años que le habían impuesto por ese caso y hoy es una de las figuras del Centro Democrático.

Barceló fue presidente encargado de la Corte en el 2016 y lo eligieron presidente titular el 25 de enero del 2018, cuando la imagen del alto tribunal se vio duramente empañada por el escándalo del ‘cartel de la toga’, por el que hoy están investigados exmagistrados como Leonidas Bustos, Gustavo Malo y Francisco Ricaurte.

En el 2016, cuando la Corte enfrentaba una crisis por sus divisiones internas y, ante las fragmentaciones, los magistrados no se ponían de acuerdo para llenar sus vacantes, sus compañeros aseguran que Barceló fue uno de los que logró que el alto tribunal llegara a consensos para elegir a 7 de sus magistrados. Esas elecciones eran claves para poder tener las 23 sillas llenas y elegir al nuevo Fiscal General. 

En ese momento, aseguran fuentes de la Corte, Barceló les dijo a sus compañeros que tenían la obligación de cumplirle al país, por lo que fue clave en la construcción de acuerdos para que cada sector de la corporación asegurara la elección de candidatos de su preferencia.

Los dos protagonistas: a la izquierda Barceló, saliente presidente de la Corte Suprema. A la derecha el expresidente y senador derechista Álvaro Uribe Vélez.

El magistrado se va de la Corte este viernes en tiempos de nuevo turbulentos. Desde hace semanas ese tribunal se encuentra dividido y no ha llegado a consensos para elegir a un nuevo presidente que reemplace a Barceló en la cabeza de la corporación. De hecho, hay fuentes que aseguran que la elección solo se desenredará cuando Barceló se vaya de la Corte, como en su momento pasó con Leonidas Bustos, porque su figura había terminado por generar divisiones en el tribunal. 

 Uribe lo que le tiene es miedo a Barceló

Todo parece indicar, según allegados al tejemaneje de las Altas Cortes, “que el problema de Uribe al lanzar tantos trinos groseros contra Barceló es que, en el fondo de su ‘corazoncito’, le teme al prístino magistrado, que no ha dejado abierto resquicio alguno por donde puedan sacarle un solo trapito al sol. Lo que no ocurre con Uribe”.

En conclusión de abogados que se mueven como pez en el agua en el Palacio de Justicia, Uribe ha sopesado la entereza, frialdad e idoneidad de Barceló.  Y Uribe, orgulloso como el que más, siente más ira contra el saliente presidente de la Corte porque no ha encontrado manera de sacarlo de quicio. No se ha dejado llevar al terreno cochino de los mutuos insultos, que es donde Uribe es un as para demoler a sus contradictores y dejarlos tendidos en la arena. Solo así Uribe se siente Uribe. Un monstruo político, como lo fue en su época Laureano Gómez, de quien sus biógrafos de cabecera aseguran que, después de masacrar a su contendor con sus catilinarias en el Senado, se iba a su oficina privada a celebrar como cualquier muchachito buscapleito, dándo brinquitos para festejar la ‘gran faena’ que acaba de llevar a cabo airosamente, sin importarle en lo más mínimo que el 90 por ciento de su debate demoledor eran meras calumnias que él se inventaba. Si alguno de los miembros de su sanedrín (exactamente como el que tiene Uribe), le decía que tal o cual acusación contra el rival que acababa de derribar no había como probarlo como cierto, su respuesta era lo más cínico que político alguno utiliza como arma política: “calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”.

Y es allí en donde está el meollo de las rabietas de Uribe contra todo lo que hace o deje de hacer el hasta este viernes presidente de la Corte Suprema de Justicia.

El uribismo ha buscado miles de maneras de debilitar el proceso de paz que dejó en marcha Juan Manuel Santos. Y para ello ataca por todos los flancos, con tan mala suerte que tacó burro, porque en esta ocasión se encontró con unos magistrados sólidos, con una solidaridad de cuerpo infranqueable. 

Desde el año pasado, Barceló empezó a sonar más entre los colombianos por dos razones. La primera, porque abrió el primer proceso penal que se ha iniciado contra el expresidente Álvaro Uribe en la Corte Suprema. Y la segunda, porque hay serios cuestionamientos del Centro Democrático sobre varios detalles de ese y otros procesos que tocan al expresidente y senador. 

En febrero, Barceló archivó una denuncia que Uribe había presentado contra el senador Iván Cepeda por supuesta manipulación de testigos. Tras la investigación, determinó que la historia podía ser la contraria: que el que estaba posiblemente manipulando testimonios era el senador Uribe.

Con interceptaciones a quienes hacían parte del círculo cercano de Uribe, como el polémico abogado Diego Cadena, el magistrado Barceló les abrió un proceso preliminar al expresidente y al congresista Álvaro Hernán Prada, por el que finalmente los llamó a indagatoria, considerando que habrían intentado manipular el testimonio de Juan Guillermo Monsalve. Este es un exparamilitar que en el pasado declaró sobre supuestos vínculos de Álvaro y Santiago Uribe con las autodefensas de Antioquia.

Uribe tiene una espinita en el corazón

Según miembros del sanedrín del Centro Democrático, su máximo líder, el expresidente y actual senador de la República ha trinado más que nunca. En sus trinos acusa al magistrado José Luis Barceló Camacho, sobresaliente presidente de la Corte Suprema de Justicia, quien se reconoce que siempre se mantuvo en sus cabales, sin caer en el juego de los trinos groseros e insultantes de Álvaro Uribe Vélez.

El expresidente Uribe aseguró que Barceló y otros miembros de la Sala Penal estaban adelantando un proceso político en su contra y ha denunciado la supuesta falta de garantías para su defensa.
En el trámite de ese proceso han aparecido varias dudas que, para muchos, no han sido suficientemente aclaradas por Barceló. Así, el año pasado hubo escándalo cuando se conoció que las interceptaciones ordenadas a la línea del expresidente se originaron, supuestamente, por un error cometido con la línea telefónica. 

El episodio sigue siendo polémico. Cuando la defensa del expresidente interrogó formalmente al despacho de Barceló sobre cómo llegó su número al expediente, la Corte respondió que supuestamente en otro proceso se ordenó interceptar al excongresista chocoano Nilton Córdoba y que por error el teléfono que se debía chuzar terminó siendo el de Uribe.

Sobre esa interceptación el magistrado Barceló dijo en su momento que “nunca hubo nada ilegal ni ningún error”. Según dijo, la interceptación se ordenó el 7 de marzo porque el teléfono aparecía en el expediente desde el 2016 como si fuera el de Córdoba, y se canceló el 22 de marzo cuando miembros de la Policía Judicial le informaron que la línea escuchada no tenía que ver con el caso del excongresista. Córdoba ha negado que él hubiera entregado ese teléfono como suyo. 

Ese hecho llevó a que la Comisión de Acusaciones iniciara una investigación contra Barceló el año pasado para determinar si se cometieron delitos, proceso que le correspondió por reparto al representante del Centro Democrático Gabriel Santos.

Aunque a finales del año pasado Barceló ya no era el magistrado que llevaba el proceso de Uribe por supuesta manipulación de testigos, pues el expediente pasó a manos de la nueva Sala de Instrucción Especial por la ley de doble instancia, la controversia con el uribismo continuó.

En diciembre el expresidente Uribe publicó en su Twitter que supuestamente Barceló había afirmado que mientras él no estuviera en la cárcel no habría reforma a la justicia.

En ese momento desde la cuenta de la Corte, como presidente del alto tribunal, Barceló aseguró que esa información se trataba de otra falsa noticia en una campaña de desprestigio contra la Corte Suprema. “Con respeto invito al senador a creer más en las instituciones que en falsos aduladores”, dijo en el trino.

Ahora, se va de la Corte pero lo siguen persiguiendo las polémicas. Una de las más recientes fue el salto de dos de sus magistrados auxiliares a la JEP, cuestionada por la senadora del Centro Democrático Paloma Valencia.

Los dos son abogados con amplia experiencia en investigación, pero la senadora asegura que sus designaciones no son solo cuestión de mérito.

“Me preocupa mucho que sigamos en el carrusel de que los magistrados pasen de una corte a otra porque eso impide la diferenciación de las cortes. Además, se trata de magistrados complejos porque ambos estuvieron vinculados en procesos contra el expresidente Álvaro Uribe y saltan del despacho del magistrado Barceló al del magistrado de la JEP Rodolfo Arango, excandidato del Polo, que tendría en sus manos definir la extradición de Jesús Santrich. Además, ya hay rumores de que el propio Barceló quiere llegar a la JEP y de que mandó a sus auxiliares por delante”, dijo la política del Cauca.

Esa supuesta intención de Barceló de ir a la JEP no tiene, que se sepa, ninguna confirmación. Pero el hecho puede ser un claro indicio de que aunque se va de la Corte, Barceló sigue estando en el radar del uribismo.

Pero, ¿quién es Barceló?

Muchos costeños que se mueven en los escenarios políticos y judiciales estaban convencidos de que este Barceló de los mismos que abundan en Soledad. No faltó quien se aventajara a narrar la historia del muchachito que, para poder estudiar, tenía que salir a vender las butifarras que su papá y su mamita fabricaban por las noches.

Nada de eso es cierto. Hijo de padre español, José Barceló, y de madre boyacense, Lilia Camacho, Barceló creció en un hogar con tres hermanos. En su familia, siguiendo la tradición española, nunca faltaban el vino y el aceite de oliva.

Nacido en Bogotá hace 60 años, creció en una finca en Cajicá porque a su padre siempre le ha gustado el campo. En esa época, cuando su padre viajaba hasta Bogotá para atender asuntos laborales, se comunicaba con doña Lilia y su familia a través de palomas mensajeras.

Con el paso de los años la familia Barceló Camacho volvió a la capital del país y se instalaron en una casa en Chapinero. Tras terminar el colegio y su bachillerato en La Salle, José Luis entro a la Armada, pero poco tiempo después, aburrido, se retiró. Después estudió en una universidad militar, la Nueva Granada, debido a que era la única que tenía inscripciones abiertas para la carrera de derecho.

Como abogado y con varias especializaciones en derecho procesal y penal, en la Rama Judicial Barceló hizo una carrera a pulso. También tiene una experiencia de más de 20 años en la docencia.

Por las figuras religiosas que el magistrado tiene en su despacho sus compañeros reconocen a Barceló como un hombre religioso, creyente, pero que no toma decisiones con la camándula en mano.

Alguien le pisó el cordón del zapato del presidente Duque, no tuvo molestia en agacharse para ajustar el cordel y seguir su periplo este viernes en el Cesar.

Sus compañeros más cercanos lo describen como un magistrado comprometido. Ese compromiso, aseguran, es el que lo hace llegar todos los días “casi que a abrir el Palacio de Justicia”.  También dicen que es un defensor de las instituciones, por lo que nunca de su boca se escuchará un comentario negativo sobre la Corte Suprema, sin que eso signifique que se hiciera el de la vista gorda con los casos de corrupción que han azotado al alto tribunal.

De hecho Barceló junto con otros dos magistrados de la Sala Penal, fue uno de los primeros en pedirle a Gustavo Malo que se apartara de su cargo cuando se conocieron declaraciones y pruebas que lo relacionaron con el ‘cartel de la toga’.

Aunque se caracteriza por ser un hombre de buen humor y sus compañeros lo reconocen como “mamagallista”, también aseguran que siempre ha sido franco y dice lo que piensa. “En las Sala Plenas animaba el debate y daba sus opiniones con firmeza, pero nunca desacreditaba el trabajo de los demás ni se metía con la autonomía de los otros magistrados”, asegura uno de sus compañeros.

Agregan que es hombre de poca vida social y que tampoco se le ve en restaurantes. De su padre, que tiene más de 90 años y a quien le dedica buena parte de su tiempo libre, aprendió el gusto por la cocina.

Entre los escoltas y quienes se encargan del aseo en la Corte Suprema  se reconoce a Barceló como un magistrado “muy humano”, que siempre buscaba ayudarlos cuando tenían problemas.

“Muchas veces a las señoras del aseo se les acababa el contrato con las empresas que trabajaban, así que iban donde Barceló para que metiera la cucharada por ellas y las ayudara. Se preocupaba mucho por la gente”, asegura una fuente del alto tribunal.

Quienes conocen a Barceló aseguran que, pese a las controversias que ha mantenido con el expresidente Álvaro Uribe, el magistrado no tiene ningún tipo de malquerencia. Mientras el uribismo insiste en que Barceló sostiene una persecución política en su contra, el magistrado ha dicho que todas las decisiones que se han tomado están apegadas a la ley. “Pese a todo lo que han dicho en su contra, quienes lo conocemos podemos decir que Barceló sabe que el odio desgasta al que lo posee” asegura uno de los magistrados de la Corte.

 

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Chachareros

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