Caín y Abel

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Con realismo y esperanza los cartageneros hemos acogido al general Henry Sanabria, nuevo comandante de la Policía Metropolitana.

 

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo Torres

Sabemos de su lucidez al hacernos ver la confianza comunitaria como su plataforma de presencia y acompañamiento y la decisión institucional de afrontar tres grandes desafíos: los homicidios, los hurtos y las pandillas. El general quiere hacer, de calles y plazas, no solo el espacio seguro para todos, sino también el lugar de encuentro donde la vida viene celebrada y respetada sin temor a perderla.

No está pensando en levantar barreras para que los “indignos” queden excluidos, pero sí deberá enfrentar, y lo vamos a acompañar en ello, esas tendencias oscuras de ciudad que consideran que hay una “basura” que se debe sacar para que no contamine. Una “basura” no reciclable, ni en San Diego ni en Ternera, donde se llega no para la rehabilitación, sino para “castigar a los malos y defender a los buenos”. Sin calor de hogar y la seguridad de un trabajo, el destino siempre será triste.

La ciudad, por los últimos acontecimientos que conocemos, ha retornado a la parábola del pecado social, a la figura mítica, de ayer y de hoy, el drama pasado y, hoy presente, de Caín, el criminal que desprecia la vida y de Abel, el hombre bueno que agradando a Dios es odiado por su hermano.

Henry Sanabria, nuevo comandante de la Policía Metropolitana de Cartagena

El relato de Caín y Abel es el reflejo de nuestras relaciones interpersonales y de las raíces profundas de lo que sucede en Cartagena.

En nuestra tradición Abel es presentado como el modelo del hombre justo y Caín del hombre perverso. Abel se dedica a su trabajo como pastor, vive con su rebaño recorriendo siempre nuevos caminos, es nómada. Caín es agricultor y por tanto sedentario. Abel vive a la intemperie y en continua búsqueda.

Caín, “sentado en la silla”, guarda sus provisiones. Abel es siempre abierto y tiene la gran capacidad de dejarse sorprender por todo lo que se encuentra a su entorno. Caín vive siempre bajo la propia protección que le da el sentirse seguro. “El diálogo entre ellos parece imposible”. Esta es la gran tragedia de los orígenes que hoy no deja de reproducirse en esta ciudad tan querida para todos. “Y dijo el Señor: ¿Por qué andas irritado y por qué se ha abatido tu rostro?”. Gen. 4, 6.

Qué bueno que en Cartagena podamos revisarnos todos y comprender que esta saga es en síntesis la ruptura de la unidad fraterna, el germen de nuestra deshumanización, la destrucción de la armonía en la convivencia y es, tristemente, la frustración de un proyecto.

Hago un llamado a la Cartageneidad, a los que creemos que, en esta ciudad, todos cabemos de manera decente para que acompañemos al general y nos acompañemos todos. Su buen criterio es el de la seguridad humana, propuesta que debe bajar a todos los ámbitos de la Civitas.

Padre Rafael Castillo Torres:*Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena.

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