“El Día del Periodista es cuando más se trabaja”

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No es tan cierto que este sea “el oficio más hermoso del mundo” según célebre frase del excelso reportero y escritor Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura. 

Por Rafael Sarmiento Coley

El 9 de febrero de hace medio siglo, el consagrado periodista y escritor Álvaro Cepeda Samudio, viendo que la sala de redacción del matutino Diario del Caribe, del cual él era director, quedaba solitaria y en silencio, gritó desde la puerta de su oficina a los reporteros que bajaban en fila india para ir a la misa del sacerdote Stanley Matutis en la iglesia de San Roque, “oigan vagos de mierda, recuerden que el Día del Periodista es cuando más se trabaja”.

Mabel Morales Ramos es una de las más consagradas y acatadas periodistas barranquilleras.

En efecto, rara vez transcurre un 9 de febrero sin que uno o varios sucesos trascendentales obliguen a toda la tropa de periodistas y fotógrafos a quitarse el smoking y correr detrás de las noticias. Eso ha sido siempre así.

“Es el día que más se trabaja, aunque, para qué mentirlo, uno lo hace con entusiasmo”, según el más veterano de los periodistas barranquilleros Benedicto Júpiter Molinares.

En la misa celebrada en la iglesia de San Roque este domingo estuvieron reinas del Carnaval Carolina Segebre (reina del Carnaval de Barranquilla) y Carolina Suarez (Reina del Atlántico), Rey Momo y reporteros con su capuchón o disfraz de marimonda.

Así es. Este es un oficio que se hace con pasión y vocación, aunque tiene sus riesgos inocultables, por lo que no es del todo cierto que “este es el oficio más hermoso del mundo”, según célebre frase del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

Porque las memorias de este oficio están llenas de mártires que han encontrado la muerte por decir la verdad. Y es que, como decía el Libertador Simón Bolívar, “una palabra en un periódico hace más daño que la espada”. Por eso él viajaba siempre con una pequeña imprenta en el anca de su caballo.

Morir por la verdad

Los historiadores del periodismo barranquillero aseguran que el primer periodista que murió en Colombia por decir la verdad fue Pedro Pastor Consuegra, tal como se lee en su lápida.

Igual suerte tuvieron Carlos Castillo Monterrosa, ágil y brillante cronista que trabajó en los principales medios de comunicación de Colombia (empezó en Diario del Caribe, se fue a Cromos, pasó a El Tiempo y retornó a Barranquilla). Fue víctima de una pequeña mafia sanguinaria que había trasladado a la capital atlanticense un estúpido duelo entre dos familias guajiras. Por cierto, que tanto los autores materiales como intelectuales, aunque nunca fueron llevados ante un juez, murieron descuartizados entre sí por sus propios enemigos.

Luego Barranquilla se estremecería con el vil homicidio del periodista Carlos Lajud Catalán. Muerte atribuida a un clan criminal con ciertos nexos a las autoridades municipales de turno. Nunca nadie fue juzgado por dicho crimen. Lo único cierto es que Lajud Catalán murió por cumplir de manera sagrada con su vocación de denunciar las tropelías y corruptelas en ciertos estamentos de la administración municipal de esa época.

Una pistola en la nariz

Uno de los periodistas barranquilleros más amenazados fue el difunto José Cervantes Angulo, quien murió de muerte natural luego de un trasplante de corazón que le hicieron en una clínica de Medellín. En efecto, el corazón de Cervantes Angulo se averió seriamente después de que un clan marimbero que desde La Guajira se vino, en mala hora, a instalar en Barranquilla, lo amenazara de manera continua porque se atrevió a contar, en un diario local y en una novela que se agotó en un santiamén, toda la verdad acerca de los delincuentes que seguían exportando marihuana desde las costas colombianas hacia Estados Unidos.

Uno de los momentos más dramáticos que sufrió en vida Cervantes Angulo fue cuando una noche tenebrosa dos camionetas ‘Ranger’ impidieron que su viejo Ford siguiera andando. Un pistolero saltó a tierra y le puso la punta de una pistola en una de las fosas nasales. “Es para que sientas el olor de la bala que te vamos a clavar en la cabeza, zapo hijueputa”, el malandro lo golpeó fuertemente con la cacha de su arma, regresó a la camioneta, y se fueron.

Yenis Ramirez, Milena Trujillo, Nira Figueroa de Sarmiento y Yomaira Sandoval.

Uno de los mejores reporteros gráficos de Barranquilla, Jairo Buitrago Oliva, recuerda que en dos ocasiones le salvó la vida a un redactor con quien él solía trabajar. “La primera vez fue cuando publicamos una crónica sobre las radiografías pulmonares que en esos tiempos exigían las empresas para enganchar a un trabajador. Era para constatar si estaba bien de los pulmones, y estaba libre de tuberculosis. Descubrimos que en una hilera de ‘laboratorios’ de radiografías hacían el simulacro de hacerle el examen a los incautos y entregaban una radiografía vieja. Cuando la crónica salió publicada en Diario del Caribe, fueron a buscar al periodista al periódico, puñales y hasta revólveres en mano. Como pude llamé al colega a la casa y le dije que se perdiera del periódico por lo menos tres días”.

Buitrago Oliva recuerda que a ese mismo periodista lo fueron a buscar al diario un carromulero y su hijo, luego de que “nosotros publicamos una crónica en donde el periodista describió con gran maestría lo que le contó el personaje de marras, a quien apodaban ‘Boca’ebaba’. El periodista le preguntó ‘¿Por qué te dicen Boca’ebaba’, un apodo tan feo?”

El personaje, que se dedicaba a tapar huecos en las calles de  Barranquilla , le describió que se le habían caído los dientes por una enfermedad que sufrió. Fue a donde un tegua mecánico dental, quien le hizo una chapa que le quedó muy apretada. Entonces él, cuando iba a recoger la arena para tapar un hueco, se quitaba su dentadura postiza y la colocaba justo en una tupida mata de hierbas, con tan mala suerte que la misma mula que tiraba de su carruaje, por irse a comer el pasto, se tragó el mazo de pasto de un solo bocado, con la chapa y todo.

En el ámbito nacional, por estas épocas siempre se recuerda el triste final de la periodista Diana Turbay, hija del expresidente de la República Julio César Turbay Ayala. Diana fue asesinada cuando viajaba a encontrarse con uno de los capos del Cartel de Medellín, con quien había convenido para hacerle un reportaje. Fue asesinada a mansalva, de la manera más cobarde.

Igual suerte corrió el periodista y humorista Jaime Garzón, muerto a bala por confesas ordenes del jefe máximo de las Autodefensa Unidas de Colombia (AUC), el desaparecido Carlos Castaño.

Un oficio de retos

Según la experimentada periodista barranquillera Mabel Morales “hoy en día el ejercicio del Periodismo implica retos que van desde la necesidad de aplicarse a fondo para ayudar a construir la verdad, hasta hacerle frente al hecho de que se impone la Post Verdad, pasando por la amenaza que representa la inmediatez de las Redes Sociales”.

Mabel Morales, quien dirige una exitosa empresa familiar de comunicaciones, agrega que “la falta de rigor en el ejercicio de la profesión está llevando a caer en la irresponsabilidad y por eso, a la publicación de falsedades. De igual forma a quienes acumulamos experiencia, aun viniendo de la formación académica, no es obligación migrar a plataformas digitales”.

Evert Mejía, un periodista que a sus 21 años se le mide a temas intrincados como el del reparto burocrático de la política local. Hizo sus prácticas en lachachara.co y ahora está en lasillavacia.co

Evert Mejía, joven periodista egresado de la Universidad del Norte, hizo sus prácticas en www.lachachara.co y ahora está en el portal colega lasillavacía.co, asegura que “es una profesión de mucho cuidado, en especial cuando uno está comenzando”.

Mejía confiesa que las fuentes que prefiere cubrir son las culturales y educativas. Sin embargo, “yo me le mido a todo. Cuando toca, toca. En estos momentos adelanto un trabajo relacionado con la política en esta sección del país”.

Él, como muchos otros colegas, no pudo ir a la misa de los periodistas en la iglesia de San Roque, por estar trabajando en el tema que le encomendó se jefa inmediata, la consagrada colega Laura Ardila.

A sus 21 años, Ever Mejía ya sabe que este es un oficio en el cual es necesario caminar con mucho cuidado, como si recorriera un camino minado. Eso ha sido siempre así.

“Lo que yo no sabía era que en Colombia había dos días del periodista”, dice Mejía. En efecto, el Día tradicional del periodista es el 9 de febrero, en homenaje póstumo a Manuel del Socorro Rodríguez, cubano nacido en la provincia de Bayamo, escribano al servicio del virreinato de la Nueva Granada, quien fue trasladado a Bogotá. Un 9 de febrero se produjo un terrible terremoto que Manuel del Socorro alcanzó a registrar con pelos y señales en su gaceta Papel Periódico Santa Fe de Bogotá.

Sin embargo, el periodista y catedrático Carlos Ramos Maldonado, en su paso por el Capitolio como representante a la Cámara por el Atlántico, presentó un proyecto que se convirtió en la Ley número 1016 de 2006, que señala, entre muchos otros aspectos, que “Cada año se celebrará el 4 de agosto el Día del Periodista y Comunicador”, en homenaje al colombiano Antonio Nariño, quien en su semanario Bagatela publicó los Derechos Universales del Hombre.

Y, a nivel mundial, hay otro Día del Periodista: el 8 de septiembre, porque en esa fecha, en el año 1943, el periodista checo, Julius Fucik,  fue torturado y finalmente asesinado por los salvajes miembros de un comando de la criminal Gestapo del régimen nazi.

 

 

 

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