Árbol de levas, de Paul Brito, novela biográfica del Caribe colombiano

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«…Es preciso regar los vástagos y sobrevivir a la melancolía, dar nuevos frutos con el ánimo invencible de alimentar otras manos hambrientas de historias y nostalgias».

Por  Maitalea Fe

La biografía en la literatura puede tener el sello de cualquier género literario. Las conversaciones comunes del drama, la opinión concisa del ensayo, la esencia narrativa de la novela, la plurisignificación de la poesía. Así, la biografía puede postularse como una obra literaria en la que se recreen los eventos transcurridos en la vida del protagonista y la de su familia y otros personajes. Tal postulación no tiene que darse de forma estricta, en otras palabras, la narración puede aludir a hechos ficcionales, entendiendo estos como exaltación poética de la realidad.

En las últimas décadas, en Colombia se ha generado un destacado número de literatura biográfica. Muchos escritores han dirigido la mirada hacia su propia historia y a la de su familia como núcleo temático de una obra, mostrando así que la literatura es ante todo un reflejo de la realidad, es un arte que se nutre de lo verosímil, de lo cotidiano. Héctor Abad Faciolince con “El olvido que seremos” (2006), Piedad Bonnet con “Lo que no tiene nombre” (2012), Ricardo Silva y su “Historia oficial del amor” (2016), por mencionar solo algunos.

En el caso de Paul Brito, cabe resaltar que este autor siempre ha sido cercano a la escritura de la realidad, como lo hizo en su libro “El proletariado de los dioses” (2016), la cual es signo de una fuerte inmersión personal en la que presenta crónicas sobre sus padres; porque hablar de relatos verdaderos es su fuerte, no en vano esta obra ganó el Premio Distrital de Crónica. Y en cuanto al estilo de sus novelas, estas son seccionadas a manera de relatos que hacen parte de un mismo eje como ya lo había hecho en el libro “La muerte del obrero” (2014).

Uno de sus textos autobiográficos es el cuento “El venado”, el cual aparece en su libro de relatos “Los intrusos” (2008), el cual se constituye como uno de sus primeros textos de narrativa biográfica mostrando un perfil del padre que no se menciona en esta, y que finaliza precisamente con la imagen de un venado ‘erguido como un árbol en mitad del desierto’. Ese árbol, ese signo asociado con la genealogía es el preámbulo de su segunda novela, Árbol de Levas (2018, ganadora de Portafolio de Estímulos de la Alcaldía de Barranquilla),  utiliza el mismo esquema: contar hechos reales con los que se enrama una novela. La subdivisión en cuentos o capítulos, como se mencionó, es otra de las particularidades de la estructura de su texto: El juego con el tiempo, es decir, la presentación de los eventos de forma no cronológica.

En este libro, Árbol de Levas (2018), Paul se denomina así mismo como ‘Pe’, un niñito estudioso que detesta el alemán, un observador de la anatomía de los lobitos de monte, un adolescente enamorado que renuncia a su colección de avioncitos, un muchacho que adora el refugio axilar de una madre que lo apoya cuando se entera que sin haber terminado la universidad va a tener su primer hijo. Pe, un hombre joven que se va a España con la intención de conocer la tierra de su padre —conocido como El Canario —, de percibir los olores y sabores que con su canto este describía recordando su infancia y embelleciendo la de su hijo…

Paul Brito se hace pequeño frente a los acontecimientos simples y a la vez trascendentales de su familia: La madre es hogareña, colombiana; una maestra que lo ayuda a tejer la personalidad de niño lector y que en sus últimos años padece Parkinson; el padre, un célebre cazatalentos de fútbol en Colombia que le brinda diversas historias de deportistas singulares al igual que le enseñaba su amistad con los caninos que había en la casa; y la abuela, una mujer devoradora de mangos de la que no consigue despedirse cuando parte a Europa, por el temor de no volver a verla.

Todos tres han partido, dejando el roce del vacío en el corazón de Pe. Además, hay otros integrantes que hacen parte de ese árbol de levas, ese eje rotatorio que mueve sincronizadamente su vida: una hermana de crianza, Rosaura, le enseña el misterio de la risa; y una nana que da a luz a su primer ahijado, que también lleva su nombre. Los padres y los abuelos se constituyen como las raíces de la vida, y cuando estas se pierden entre la vejez espesa de la tierra, igual sucede con el alzado de centro de la leva, y es preciso regar los vástagos y sobrevivir a la melancolía, dar nuevos frutos con el ánimo invencible de alimentar otras manos hambrientas de historias y nostalgias.

Contar historias es contar la vida.

Contar historias es contar la vida.

Como conclusión, es preciso decir que esta Árbol de Levas de Paul Brito se yergue como una de las columnas de la novela biográfica del Caribe colombiano, gracias a la autonomía con la que recrea su pequeño universo, a la fuerte relación significante – significado, o título – contenido que posee, y, además, gracias a la proclamación de la vida misma como una aventura digna de ser contada.

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